Por Carlos Marín Moreno
La apreciación anterior corresponde a Anthony Deane, analista de Weather Wise Argentina, que pronostica un invierno crudo, pero corto, con una cadena de heladas no demasiado larga, con mayor frecuencia en julio y en principios de agosto.
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El escenario descripto podría dar lugar a un buen arranque y a un desarrollo radical vigoroso de los cultivos de cosecha fina en la región triguera Norte, aunque luego pueden sobrevenir complicaciones durante la floración y fructificación, por escasez de humedad. Ese comportamiento, empero, contribuiría a obtener una buena calidad de grano por cosechar.
En la zona triguera sur, en cambio, la distribución de las lluvias a lo largo del ciclo del cultivo podría acercarse más al patrón histórico, según Deane.
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La escasez de lluvias primaverales también podría complicar el inicio de las siembras del maíz, ante lo cual puede ser necesario que los agricultores deban recurrir a materiales de ciclo intermedio y corto. Los productores de soja también podrían ser afectados por el desarrollo de La Niña: recibirían lluvias puntuales, generalmente por debajo de las necesidades de los cultivos. No obstante, Deane considera que hay muy buena humedad inicial en los perfiles de muchas zonas, y ese factor puede amortiguar en parte de la escasez hídrica futura: "La próxima cosecha va a vivir de El Niño que se está yendo", asegura.
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Mientras tanto, los agricultores de EE.UU. están asistiendo a una "orgía climática" según el analista. Llueve regularmente todas las semanas en casi todas las zonas productivas, lo que permite esperar una cosecha récord de maíz y de soja. La única amenaza climática en ese país es la temporada de huracanes, fenómenos que se pueden transformar en tormentas al entrar al continente y descargar lluvias copiosas en cortos períodos, con la potencialidad de provocar inundaciones.
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