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Agricultura - Cultivos - Trigo
2010-06-30
El fósforo prende la mecha del rinde.
Ensayos del INTA mostraron que este nutriente es central para asegurar el desarrollo del cultivo de trigo.

El cultivo de trigo responde significativamente en sus rendimientos por el agregado de fósforo (P). Una vez más, así lo comprobó el equipo de especialistas del Proyecto Regional Agrícola del INTA Pergamino-General Villegas, tras realizar ensayos en el Norte de Buenos Aires.
Los rendimientos del cultivo variaron en un amplio rango, pero alcanzaron un máximo, durante 2009, en localidades de la región fertilizadas con fósforo.

“La fertilización es el principal componente del costo de producción del cultivo”, recordó Gustavo Ferraris, del INTA Pergamino. “Un manejo eficiente basado en un diagnóstico preciso puede mejorar la competitividad del cultivo, convirtiendo a la secuencia trigo/soja de segunda en una opción rentable, a la vez que permite hacer un adecuado aporte de residuos de cosecha durables y bien distribuidos al suelo”, agregó.

Dada la amplitud y diversidad de ambientes del Norte bonaerense, la metodología correcta para abordar esta problemática es la conformación de redes de experimentos”, contó Ferraris.
El especialista explicó que en esa red se evaluaron dos formas de localización del fertilizante. “La aplicación en banda y en cobertura total incrementaron los rendimientos en 740 y 600 kg/ha, respectivamente. La tendencia de rendimientos entre ambas variantes no se apartó de la relación 1:1. Aún en un cultivo de invierno bajo restricción de precipitaciones, la aplicación de fósforo al voleo incrementó los rendimientos”.

En cinco de nueve ensayos la respuesta fue “significativa”. Como promedio, el máximo rendimiento se alcanzó con la dosis de 20 kg P/ha, siendo las eficiencias observadas de 33,7; 21,1 y 11,7 kilos de trigo por cada kilo de fósforo, para la dosis de 10, 20 y 30 kilos de fósforo por hectárea, respectivamente.

Se determinó una relación de alto ajuste entre respuesta a la fertilización y nivel inicial de fósforo en suelo. De acuerdo con esta relación, se esperan, por fertilizar, incrementos de rendimiento mayores a 10% si el nivel inicial es menor de 12 ppm, y de 5 a 10% si la disponibilidad es menor de 16 ppm.

Según si el fósforo inicial es medio (11-16 ppm) o bajo (menos de 11), son diferentes la dosis óptima económica y también la respuesta esperable, que alcanza a 200 kg/ha en el primer caso, y 800 kg/ha en el segundo.

Según los técnicos del INTA, la carencia de este elemento afecta en mayor medida el crecimiento que la fotosíntesis. Las plantas con deficiencias de fósforo presentan menor expansión y área foliar y un menor número de hojas.

En contraste, los contenidos de proteína y clorofila por unidad de área foliar no son muy afectados por deficiencias de P. El mayor efecto sobre el crecimiento foliar que sobre el contenido de clorofila explica los colores verdes más oscuros observados en plantas deficientes en fósforo.

Junto con otros, queda claro que éste es un elemento primordial para la producción de gramíneas invernales. La actualización de herramientas de diagnóstico y la evaluación permanente de nuevas alternativas tecnológicas es un aspecto relevante con el fin de sostener elevados niveles de rendimiento a través del tiempo.

 fuentes
INTA Pergamino.
 
 
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