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| 2009-06-12 |
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| Agua, la clave para la siembra del trigo. |
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| La entidad que nuclea a los proveedores de nutrientes para la agricultura mostró que la relación insumo producto es favorable al cereal, ya que mientras los nutrientes bajaron 39%, el grano subió 33 por ciento. |
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Todos los presentes en la sala de reuniones de Fertilizar Asociación Civil coincidieron en una cosa: la disponibilidad de agua es el factor que más influye sobre el área sembrada con trigo esta campaña.
Tanto Pablo Pussetto, de Profertil, como Jorge Bassi, de Petrobras, y los consultores Gustavo Oliverio y Fernando García coincidieron en que la ecuación económica del cultivo ha mejorado en la actualidad, así como la relación insumo-producto en lo que respecta al uso de tecnología. Pero que sin duda es la disponibilidad hídrica en el perfil lo que hoy condiciona la siembra del cereal.
Daniel Viga, un productor de la zona de Marcos Juárez, comentaba que el agua útil hasta los 150 cm de profundidad era de 60 mm, cuando necesitaría unos 150 mm como para largarse a sembrar un trigo de mediano rinde. Si contara con 200 mm, ahí ya la perspectiva de obtener altos rendimientos se incrementa sustancialmente.
"Nos quedan 20 días para poder sembrar los ciclos cortos", sentenció Viga con relación a su zona, lo que habla de lo comprometida que está la situación allí.
En tanto, en el sudoeste y sudeste bonaerenses, donde se reportaron lluvias en las últimas semanas lo caído alcanza para disparar la siembra y apostar a que la erraticidad climática juegue a favor del productor, con alguna lluvia adicional durante el invierno.
García mencionó que en Coronel Suárez habían unos 15 mm en el suelo antes de las lluvias, tras las cuales la reserva se elevó a unos 80/90 mm."Está mejor, pero limita el rendimiento potencial", explicó
Lo paradójico es que esta situación climática adversa se dé cuando el margen bruto del cultivo ha mejorado, según explicó Pussetto.
En su presentación, el ejecutivo de Profertil mostró que en lo que va del año el precio de los fertilizantes utilizados en trigo ha caído 39% en promedio, mientras que en el mismo lapso el valor del cereal ha mearrendamientos habrían caído desde niveles del orden de los 330 dólares por hectárea en la campaña pasada a 150 en la actual, para la zona del sudeste bonaerense.
En síntesis, hoy el cultivo estaría presentando un margen bruto por encima de los 250 dólares por hectárea, un nivel similar al que presentaba un año antes, en plena suba de los commodities agrícolas y los insumos.
Por el contrario, a lo largo del segundo semestre de 2008 y durante el primer bimestre del corriente año el margen -siempre hablando de campo propio- era cero o levemente negativo.
Tanto Bassi como Pussetto remarcaron que la relación entre el precio de los insumos y el del cereal se ha recompuesto y que se encuentra mejor, incluso, que el promedio "a pesar del desacople de los granos".
En lo que refiere al mercado de los fertilizantes, mencionaron que no hay una tendencia definida respecto de los valores, aunque coincidieron en que posiblemente se esté llegando a un valor de estabilización. Pussetto descartó que vaya a haber problemas de abastecimiento de urea este año.
Opinó asimismo que es factible que haya stocks remanentes en manos de los importadores, en el caso de las fertilizantes fosfatados.
Por su parte, Fernando García, director del Instituto del Fósforo y el Nitrógeno Cono Sur, presentó una hoja de ruta para orientar la decisión de fertilización en trigo. Sumariamente, es la siguiente:
1) Insertar al trigo en la rotación según la planificación prevista.
2) Evaluar el potencial de rendimiento del cultivo en cada lote y ambiente. Considerar perspectiva climática.
3) Realizar análisis de suelo para nitrógeno de nitratos y fósforo según método Bray. Además, determinar materia orgánica y azufre de sulfatos.
4) Evaluar la historia del lote, rindes y fertilizaciones de los últimos años.
5) Evaluar la cantidad y distribución de rastrojo en superficie.
6) Decidir la dosis de nitrógeno, fósforo y/o azufre a aplicar según la información local disponible. En este sentido, el análisis de la disponibilidad de nitrógeno a la siembra es una metodología ampliamente difundida.
Así, las expectativas de rinde 5.000 kg/ha en el sudeste de Buenos Aires implican una necesidad de 140/150 kg de N por hectárea, sumando el nitrógeno de nitratos en el suelo más el aportado por los fertilizantes.
En tanto, suelos con niveles de fósforo según Bray menores a 15 ppm generalmente presentan respuestas productivas y económicas a la aplicación del nutriente.
En suelos con prolongada historia agrícola, caídas importantes de materia orgánica respecto del valor original, alta frecuencia de soja, adecuada fertilización con nitrógeno y fósforo, pero bajos niveles de azufre de sulfato, frecuentemente presentan respuesta a la aplicación de azufre, explicó el ingeniero García. |
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