. El Valor
bruto de la producción agropecuaria estimado para el año 1999 fue de 20.100 millones de pesos. El consumo intermedio para generar este valor es de 8.000 millones de pesos, de los cuales 4.050 millones de pesos se invirtieron en la producción de cultivos agrícolas, siendo el 74% de ese monto el gasto directo para la producción de cereales y oleaginosas, exclusivamente.Esta cifra se expone, día a día, a una mala jugada del clima y/o de los precios de los commodities que a su vez
dependen, en gran parte, de factores meteorológicos de otros países líderes en la producción agrícola.
Cuando ambas variables (precios y rendimientos) confluyen en el mismo momento provocando una caída del valor de la producción, se producen fuertes procesos de descapitalización en las empresas agrícolas. Uno de los caminos que adopta el productor para bajar estos riesgos, es diversificar la producción. En los campos mixtos (agrícolas, ganaderos), la ganadería ejerce un efecto estabilizador
en las cuentas, y en los campos exclusivamente agrícolas, la siembra de diferentes cultivos en diferentes campañas cumple este rol.
Otro de los caminos posibles es adoptar la protección financiera de los seguros agropecuarios y de los mercados a término de futuros y opciones.
Sin embargo, en nuestro país, ambos mercados son poco frecuentados por los productores agropecuarios. Las primas totales colocadas en el sector agrícola en el período julio 98 a julio 99 fueron de aproximadamente 70
millones de pesos, con una declinación importante en el último año, cuya cifra no está aún cerrada por balance. Dichas primas cubren, casi exclusivamente, costos directos contra granizo, para una superficie no mayor a 2,5 millones de hectáreas, de los 25 millones de hectáreas cultivadas en promedio en los últimos años.
Actualmente han surgido una serie de nuevos productos con coberturas más amplias, a través de seguros de multirriesgo climático, que garantizan rendimientos al productor,
recuperos de créditos comerciales de proveedores de insumos y recuperos de créditos financieros, como el reciente seguro adoptado por el Banco de la Nación para la cosecha. Estos son aún de desarrollo incipiente y deberán transitar un camino nada fácil según lo revela la experiencia acumulada por las compañías que actúan en este ramo.
La importancia del sector agropecuario en la economía nacional y los impactos que generan los malos resultados en las economías regionales, convierten la
existencia de seguros más amplios, en cuanto a montos y fenómenos cubiertos, en un objetivo tanto de los productores, como del Estado Nacional y de los gobiernos provinciales.
En tanto, para las compañías aseguradoras y reaseguradoras, cuya inserción en el seguro agropecuario ha sido hasta ahora marginal con contadas excepciones, la generación de algunas reglas para acotar el riesgo sistémico, le permitiría explorar este mercado con un fuerte potencial en el volumen de negocios.
El
contexto macroeconómico de estos últimos años muestra una estructura productiva agropecuaria tomadora de precios, que convencida finalmente de que las ventajas comparativas no son suficientes, está inmersa en una serie de cambios, donde los pilares son: la incorporación de tecnologías nuevas, el aumento de la inversión por hectárea y las mayores necesidades financieras.
Acompañando a este sector, surgen nuevos jugadores que visualizan oportunidades en el negocio agropecuario y que se
insertan como socios activos en el objetivo de aumentar la competitividad y en pos de mayores ganancias.
En síntesis, la dinámica actual no es la misma, el sector financiero oficial que debe brindar una magnitud mayor de financiamiento y que antes podía pasar a pérdidas las moras del sector agropecuario, ya no puede actuar con esta irresponsabilidad. En consecuencia, debe salir a buscar coberturas de riesgo de las cuales antes se despreocupaba. Esto último, junto con el aumento del capital
en juego y la existencia de tecnologías tanto productivas como gerenciales tienden a disminuir el riesgo y consecuentemente hacen vislumbrar una inevitable tendencia al aumento del mercado del seguro agropecuario.
En consecuencia, partiendo del interés común de los diversos agentes económicos de desarrollar los seguros agrícolas, el objetivo principal del presente trabajo es indagar y presentar una potencial solución que, en el marco de las alternativas posibles, parece la más adecuada y
viable en el corto plazo.
Esta alternativa, consiste en un Sistema Integrado de Seguros Agrícolas Multirriesgo (SISAM) que por su diseño podría levantar las restricciones actuales existentes de la oferta y de la demanda de seguros agrícolas para cereales y oleaginosas.
Con esta finalidad, en el Punto 1, se identifican las restricciones que actúan como freno al desarrollo de los seguros agropecuarios.
En el Punto 2, se presenta el diseño del SISAM y la viabilidad técnica, comercial y
política. En esta propuesta se califican y cuantifican las responsabilidades públicas y privadas en la cobertura de riesgos agrícolas, como asimismo las consecuencias en la prima técnica pura de los cereales y oleaginosas del SISAM en relación con el seguro tradicional.
I. Actuales Restricciones del Mercado. Las trabas al desarrollo que presentan los oferentes (compañías de seguros) y demandantes (productores agropecuarios) son de diversa naturaleza.
Las principales restricciones identificadas son:
Para los aseguradores:
a) El conocimiento incompleto e insuficiente del nivel de exposición al riesgo del monto asegurado.
b) Los seguros agrícolas cubren un rendimiento por hectárea referencial por zona. Esta variable tiene un espectro de valores entre productores, que dependen de las tecnologías productivas aplicadas, del estado de los suelos y de la administración general del proceso productivo de cada campo. Por lo tanto, un
productor puede presentar fuertes diferencias con los rendimientos promedios de la zona. Este es uno de los motivos por los cuales la cobertura a muchos productores les resulta insuficiente y a otros excesiva. Como contracara para las compañías de seguros, los excesos se traducen en términos de siniestros que les exigirían ajustes de tarifas más rápidas que las que el mercado acepta.
c) La información asimétrica del asegurado respecto al asegurador. El productor tiene una información mucho
más completa del objeto que asegura que las compañías. El control comercial de la antiselección en la colocación de seguros y el riesgo moral cobran particular envergadura en el sector agropecuario.
d) La falta de conocimiento acerca de los riesgos zonales de pérdidas, ocasionados por cada fenómeno climático, limita la generación de las coberturas contra fenómenos nombrados. De allí que la cobertura de granizo con antecedentes e historia tiene un peso decisivo en la colocación de primas, no
así la de otros fenómenos que carecen de estos antecedentes. En este sentido, la elaboración de mapas de riesgos climáticos con metodologías aceptables internacionalmente, por zona, por cultivo y por fenómeno, es uno de los fuertes desafíos que debe emprender el organismo encargado de riesgos agropecuarios del sector público, para que esta información se transfiera institucionalmente a los usuarios privados. Tal acción permitiría bajar costos y disminuir los márgenes de seguridad.
e) La
atomización geográfica de los productores agropecuarios que dificulta y encarece los peritajes. Esta es otra de las restricciones que se intentan superar canalizando el seguro a los operadores que nuclean, de una u otra forma, a un número importante de productores (acopiadores, cooperativas, proveedores de insumos, etcétera).
f) La superposición de diferentes factores meteorológicos de pérdidas y la posibilidad de riesgos sistémicos que implican pérdidas generalizadas en una amplia zona.
Por ej. sequía e inundaciones. Cuando la cartera de asegurados se concentra en una zona donde se verifica un fenómeno adverso o varios en forma secuencial de amplia afectación, puede llevar a quebrantos importantes. En consecuencia se impone una estrategia de dispersión geográfica y de cultivos, que comercialmente implica una buena planificación.
Para los Productores:
a) La heterogeneidad cultural y el hecho de asumir el costo del seguro como un gasto y no
como una inversión con probable recupero.
b) La concentración de las preocupaciones en los aspectos productivos, en desmedro del gerenciamiento de los aspectos comerciales y de la administración del riesgo.
c) La aversión a las gestiones y trámites a realizar en casos de siniestros y la desconfianza en que ellos se efectivicen.
d) El insuficiente nivel de cobertura de los seguros agrícolas hace poco atractiva la oferta (la probabilidad de no recuperar la inversión anual en los cultivos
para algunas zonas es nula).
II. La Propuesta: SISAM. La cobertura diseñada consiste en combinar un seguro index por área (SIA) y un seguro multirriesgo individual (SMI).
El SIA por departamento actúa cada vez que el rendimiento promedio del departamento verifique una caída extraordinaria.
El SMI actúa cuando el productor tiene una pérdida en alguno de sus lotes sembrados, sin la necesidad de que haya caído el área.
Se considera "caída extraordinaria", a las pérdidas
superiores a la variabilidad normal de los rendimientos promedios del departamento.
Por lo tanto, en el SISAM coexisten dos coberturas de riesgos bien diferenciados:
1. Seguro por Area tipo Index (SIA) de responsabilidad pública: que es asimilable a un seguro catastrófico, ya que la manifestación de las pérdidas en el rendimiento promedio de producción de un cultivo en un departamento, implica una afectación severa para la mayoría de los productores de dicho departamento.
2. Seguro
multirriesgo individual (SMI) de responsabilidad privada en el que se eliminan los riesgos catastróficos cubiertos por el SIA. La responsabilidad pública implica que el gobierno nacional y los gobiernos provinciales generen los SIA haciéndose cargo de los costos y tercerizando su comercialización y administración a las compañías de seguros del sector privado.Mediante esta vía, se logra disminuir del seguro privado (SMI), el riesgo menos frecuente, pero más intenso en cuanto a magnitud de
pérdidas.
El diseño del SIA prevé que todos los productores del departamento reciban la indemnización equivalente al porcentaje de pérdida, cada vez que el rinde cae por debajo del index del área. En consecuencia, para los productores que, además, hayan tomado un SMI, la indemnización recibida por el SIA, expresada en su equivalente en quintales de rendimiento se sumaría al rendimiento realmente obtenido, achicando de esta manera la diferencia con el rendimiento asegurado por el SMI y
disminuyendo de esta forma el monto de la indemnización correspondiente del SMI.
En el caso de que un productor tenga una caída de rendimientos sin que se verifique una caída del rinde del área o departamento por debajo del index, la responsabilidad es exclusivamente del seguro privado para los productores asegurados.
Cabe aclarar que el SIA indemniza a la totalidad de los productores, dado que es preferible que la mayor cantidad de los recursos públicos se canalicen hacia ellos y no se
desvíen en tareas administrativas y de peritajes para verificar y controlar pérdidas individuales.
La viabilidad política del SIA con recursos públicos existe desde el momento que es intención política la modificación de una Ley de emergencia agropecuaria nacional (N° 22.913) y leyes de emergencia provinciales, destinadas a coberturas de emergencias y desastres agropecuarios, con fondos específicos asignados por el presupuesto nacional y provinciales.
Estas leyes enfrentan serios
cuestionamientos y una de las vías pensadas del cambio, es ampliar la cobertura a través de los seguros agropecuarios con asignación presupuestaria. De hecho hay presentaciones en estado parlamentario en el Congreso de la Nación y en algunas legislaturas provinciales.
Cálculo de primas técnicas:
1- Seguro de Area: A partir de las series históricas de los cultivos de los últimos 30 años disponibles en la SAGPyA, referidas a superficie sembrada, producción y
rendimientos promedio por departamento o partido, se determinó el rendimiento normal o esperado por hectárea de cada cultivo en cada departamento. Previamente, se realizó un ajuste de la serie con una tendencia polinomial, con el objeto de aislar las variables tecnológicas. Basándose en el rendimiento esperado se calcularon los desvíos relativos negativos. Al promedio de los mismos se lo considera como la variabilidad normal o previsible y por lo tanto no es susceptible de ser garantizada.
Para que una caída de rendimientos sea considerada en el SIA, debe ser de una magnitud tal que supere 3 veces la variabilidad normal (Ver gráfico). Esta franquicia equivale a tomar una frecuencia de años catastróficos del 15% aproximadamente.
Condiciones para que el SIA indemnice: El rendimiento obtenido del departamento en un año debe ser inferior a la franquicia estipulada. Si ocurre esta intensidad de caída, significa que un alto porcentaje de la superficie del partido, generalmente más
del 60%, está por debajo del "rendimiento gatillo" o index. Entonces todos los productores inscriptos, independientemente de su rendimiento individual, cobran indemnización.
Indemnización: Porcentaje de pérdida respecto al rendimiento normal o esperado, valuado al costo directo más el costo de la cosecha, por el número de hectáreas sembradas.
2- Seguro Multirriesgo individual: Para el cálculo de primas técnicas puras del SMI, se requiere una correcta evaluación de los costos de
pérdida individuales. A tal efecto, se usó un modelo de simulación que permite, a partir de datos promedios, llegar a la dispersión individual. Esta simulación se realizó sobre la misma serie histórica anteriormente citada.
La función de distribución Beta utilizada en la simulación permitió incorporar la siguiente hipótesis de trabajo: para años con rendimientos promedios "normales", la distribución es homogénea (Figura A), pero ante niveles de rindes promedios departamentales
inferiores a los normales, la distribución de rindes por unidad de superficie se sesga hacia la izquierda, aumentando el número de hectáreas potenciales con rendimientos inferiores al rinde garantizado de, por ejemplo 1,4Tn (Figura B). Para las hectáreas inferiores al rinde garantizado, se calculó la prima pura que surge de la intensidad de pérdida que asigna la distribución.
Efecto del SISAM sobre las primas técnicas: Dado que el SIA, indemniza a todos los productores del partido, provoca
un aumento "artificial" de los rendimientos, que se traduce en un desplazamiento hacia la derecha de la distribución individual de rendimientos, en tantas Tn. como las equivalentes a la indemnización.
Este efecto hace que la probabilidad de que un lote caiga por debajo del rendimiento asegurado por el SMI, disminuya significativamente como se observa en el gráfico anterior. Para evaluar el impacto de la aplicación del SIA sobre la prima técnica del SMI se realizaron los cálculos
actuariales para el cultivo de trigo en tres partidos de la provincia. de Bs. As. con distintos niveles de riesgo: