La producción de OMG es una parte del amplio campo de investigación
que abarca la biotecnología. Estos campos aplicados a los cultivos, fueron creados para reducir los costos de producción ya sea por su resistencia a las plagas y enfermedades, o para elevar la calidad del producto porque mejoran la apariencia, el contenido nutricional o las características de procesamiento o almacenamiento del cultivo.
Aunque la investigación sobre cultivos genéticamente modificados se inició hace ya unos decenios, hace poco que éstos alcanzaron la etapa
de distribución. A comienzos de los 90, China se convirtió en el primer país que introdujo un OGM comercial. Era una variedad de tabaco resistente a virus. En 1994 una variedad de tomate de maduración tardía - Flavr-Savr TM - fue el primer cultivo genéticamente modificado, producido y consumido en un país industrializado. En los últimos años, estos cultivos se han introducido en los campos de producción y se producen tanto en países desarrollados como en desarrollo.
El ejemplo más conocido de un cultivo transgénico que reduce el empleo de insumos es quizás el Bt, un gen proveniente de una bacteria que existe naturalmente en le suelo, Bacillus thuringiensis, que induce a las plantas a producir una proteína tóxica para varias plagas comunes de insectos. Los cultivos que poseen este gen están muy difundidos y abarcan, principalmente, varios cultivares de maíz y algodón. Está probado que este gen puede aumentar los rendimientos y reducir la necesidad
de utilizar productos químicos para controlar plagas.
El gen que otorga resistencia a los herbicidas con glifosato fue utilizado por Monsanto para desarrollar variedades de algodón, soja y maíz resistentes a este, con buena aceptación por parte de los productores.
Muchos cultivos transgénicos de primera generación han demostrado que reducen los costos de producción. La investigación ahora se concentra en transgénicos de segunda generación que
tendrán mejores cualidades nutricionales y/o industriales. Las variedades con mayor nivel nutricional resultarán valiosas en los países en desarrollo y los países industrializados también serán atractivos porque permiten reducir el consumo de grasas, proteínas y almidones poco saludables.
Si bien no hay pruebas, los opositores a la ingeniería genética, rama de la biotecnología que se ocupa de los transgénicos, se han concentrado en resaltar la amenaza que los OGM representan
para la salud humana. Preocupa que el consumo de estos alimentos lleve a un aumento de las enfermedades resistentes a los antibióticos de amplio espectro.
Otra de las preocupaciones es la resistencia a los herbicidas, siendo el riesgo principal el que los genes de la resistencia pudieran pasar de los cultivos transgénicos a otras especies silvestres o cultivadas y producir supermalezas que resistan los métodos tradicionales de control. Las
repercusiones de los OGM en las personas, los animales y el medio ambiente son difíciles de predecir, por lo cual es importante evaluar los riesgos antes de aprobar el lanzamiento de un organismo genéticamente modificado. Las decisiones acerca de su futuro deben basarse en datos científicamente convalidados, y no seguir ponderando excesivamente sus beneficios o restando importancia a los posibles riegos.
Como resultado de los avances de la biotecnología, el proceso mediante el cual el hombre modifica los organismos, ha cambiado para siempre. Por ello el desarrollo de nuevos cultivares, la obtención de metabolitos en farmacología o desde el punto de vista económico no se puede dejar de lado, pero el proceso conocido como ingeniería genética en el cual los genes que confieren características útiles son transmitidos de uno a otro organismo, un tema para debatir y que constituye un gran desafío.
Fuente: INTA