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Transgénicos y su política comercial

La producción argentina, de 63 millones de toneladas, representa sólo el 2,5% de la producción mundial, pero su saldo exportable de 50 millones de toneladas representa un 20% del comercio mundial. La Argentina, hoy cuenta con 29 millones de hectáreas de área cultivada, 6 millones de hectáreas dedicadas a pasturas y más de 26 millones de hectáreas de pastizales naturales y montes bajos improductivos sobre los cuales lentamente avanza la implantación de cultivos.

De modo tal que la potencialidad argentina tiene una base sustancialmente mayor que la actual. Los granos de los cultivos oleaginosos tienen la particularidad de ser fuente de dos alimentos: grasa y proteína. La producción mundial de semillas oleaginosas es de 325 millones de toneladas.  Pesa enormemente en el comercio internacional y es formadora de precios. La semilla oleaginosa más eficiente como productora de proteínas es la soja, ya que el 80% del grano es harina proteica. Hay sólo cuatro grandes productores en el mundo: EE.UU., con 71 millones de toneladas; Brasil, 340 millones; la Argentina, 20 millones y China, 14 millones de toneladas.

Estamos frente a una industria que, de continuar adoptando las nuevas tecnologías como lo ha hecho hasta hoy, tiene la posibilidad frente a los EE.UU. de liderar el mercado mundial de alimentos y ser la base de una integración industrial vertical.

¿Cómo se evalúa el impacto de estos productos en la Argentina? Hay todo un proceso de bioseguridad nacional, que comienza con el trabajo de la Comisión nacional de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA), que es un organismo asesor del secretario de Agricultura y que forma parte de ese sistema de bioseguridad. Su objetivo puntual es analizar los potenciales impactos de los organismos genéticamente modificados (OGM) sobre el medio ambiente. En concreto, es parte del proceso de autorización y puesta en el mercado de materiales vegetales y animales que hayan pasado por las manos de la ingeniería genética.

El proceso de regulación cuenta con tres etapas. La primera es la evaluación del impacto sobre el medio ambiente, de la que se ocupa puntualmente la CONABIA. Su tarea es entonces hacer, desde una concepción multidisciplinaria, el análisis de riesgo correspondiente. Una segunda etapa es la evaluación de inocuidad alimentaria para consumo humano y animal, que es responsabilidad del SENASA. Y la tercera etapa es la evaluación del potencial impacto sobre los mercados de exportación, en especial debido al marcado perfil agro exportador que tiene el país. Los debates que existen en el comercio mundial por el tema de los transgénicos hicieron que, en el año '96, se pensara en la realización de una evaluación comercial previa a la puesta en el mercado de la producción. Este último paso lo realiza la Dirección Nacional de Mercados Agroalimentarios, dependiente de la Secretaría de Agricultura. A diferencia de lo que sucede en otros países, la Argentina pone en el mercado productos que ya han sido autorizados en la Unión Europea, que es su comprador más importante.

¿Qué es lo que se evalúa? Desde el desarrollo del producto en investigación hasta la liberación a campo y la etapa precomercial. Se lo hace caso por caso y paso a paso, porque se evalúa cada evento de transformación. Y además no se lo hace de manera genérica, porque se requiere la autorización de terceros países para cada cuestión en particular. Sobre el debate general alrededor de los transgénicos, Carmen Vicien, quien fuera Directora de la CONABIA, afirma: "Lo que veo es que no ha habido decisión en la aprobación de determinados productos en la Unión Europea. Hay distintos motivos, algunos justificados y otros no. Las medidas adoptadas no las considero exclusivamente para-arancelarias; hay un tema de información al consumidor muy fuerte en Europa. Depende de por qué se etiqueta a un producto. Si algo no es sano, directamente no debe estar en el mercado. Puede pensarse en etiquetar para informar al público, pero yo estoy a favor de un sistema como el canadiense, que es un etiquetado voluntario".

Los productos genéticamente modificados existentes en el país son la soja con tolerancia a glifosato (un herbicida total que se usa para matar todos las malezas alrededor del cultivo), maíces con tolerancia a otros glufosinato de amonio y también a insectos, y algodón con resistencia a insectos. Muchos pueden preguntarse si estos cultivos, al estar presentes en alimentos cotidianos, pueden afectar a la gente al consumirlos. En la CONABIA explican que en muchos de los productos directamente no están presentes, por caso, los aceites. En ellos no quedan proteínas derivadas de los cultivos modificados genéticamente. Igualmente los recaudos que se toman son amplios. Por ejemplo, en la Argentina se come la chala del maíz en los tamales, tan famosos en el norte del país. La evaluación no se hace sólo en el grano de maíz, sino en toda la planta.

Las dudas se centran más bien en cuál será el impacto de mediano plazo de estos alimentos derivados de OGMs. Los expertos en temas alimentarios tienen la palabra. Vicien modera un poco el tono del debate: "Estos productos deben ser regulados, como debe ser regulado todo lo que comemos. Ni más ni menos. En este caso aplicamos el principio precautorio: si no hay certeza científica ni información suficiente es conveniente parar. Entonces se pide al que hizo la presentación que amplíe la información. El problema es cuando se fuerza a la ciencia para decirle que sí o que no a un producto".

a CONABIA siguió este principio en dos casos, lo que terminó deteniendo a esos productos porque había más dudas que certezas (la evaluación de riesgo daba resultado negativo). La biotecnología es una tecnología más a desarrollar para mejorar las perspectivas del productor, aseguran en la CONABIA.

Oportunidades para Argentina

En los últimos años del siglo pasado se aceleraron dos tendencias fundamentales para el futuro del comercio de países productores de alimentos que, si no se tienen en cuenta adecuadamente, pueden tener un efecto negativo sobre las tan necesarias exportaciones.

Las cifras de comercio exterior de la Argentina demuestran que cerca del 60 por ciento del total de divisas que ingresan por este rubro se deben a exportaciones de origen agropecuario, tanto sea por productos primarios (38 por ciento) como procesados (62 por ciento). Las cifras revelan que, pese de los esfuerzos y apoyos a otras ramas industriales, por su competitividad natural el sector de alimentos y bebidas es, y seguirá siendo, el gran motor de la economía argentina.

Según Gonzalo Estefanell, representante en la Argentina del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura,  "Argentina es un  país que depende de sus exportaciones agropecuarias, más del 60 por ciento de nuestros ingresos provienen de este origen. Estamos por lo tanto, compitiendo con otros países exportadores. Estos países exportadores son los que ya hoy tienen plantas transgénicas y compiten con ellas por los mercados mundiales. La tecnología, es una herramienta genuina de competitividad. Queda claro que es una herramienta clave para poder competir".

Desde un punto de vista comercial, Argentina entró en la era de los OGM con la liberación al mercado de la semilla de soja transgénica. (Round Up Ready) que presenta resistencia al herbicida Round Up, lo que permite al productor bajar entre un 15 y un 20 por ciento de sus costos respecto de las semillas hermanas no transgénicas. También se introdujo, entre otros cultivos, el maíz Bt, con el gen Bacillus Thuringensis que le permite defensas naturales contra insectos.

Estos adelantos tuvieron buena acogida por parte de los productores, básicamente, porque implican una significativa reducción de sus costos de producción, sin afectar el precio de venta del producto, un dato no menor si se considera que tuvo lugar en medio de la crisis de precios de los granos como commodities. Esta es la principal explicación para el alto porcentaje de áreas sembradas con transgénicos en el país, el segundo en superficie total cultivada con transgénicos después de Estados Unidos.

Pero el hecho de que la renta agrícola tenga un componente mayor en las exportaciones antes que en el consumo del mercado interno explica también porqué los productos de agrotecnología carecen de fácil aceptación entre los consumidores ya que producen un impacto directo sobre éstos.

Extraído del artículo titulado "Biotecnología en Argentina: Usos y beneficios"

Fuente: Por Qué Biotecnología - ASA
 

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