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Después de la Biotecnología: Nada volverá a ser como era

Juan Enríquez es investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller de la universidad estadounidense de Harvard. En este artículo, destaca que la posibilidad que tiene el hombre de leer los códigos genéticos modificará de forma veloz la economía de los países. "La Argentina es una sociedad que obtuvo tres premios Nobel. Por lo tanto, no hay por qué pensar que ustedes no podrán subirse al tren", dice.

La velocidad de los cambios se ha incrementado abruptamente en los últimos años. En este momento, tenemos el control del desarrollo del futuro. El hito en el avance científico que posibilitó todo esto ha sido el descubrimiento del código genético. Para graficarlo, permitanmé relatarles un chiste que está circulando en el mundo académico. Cuentan que cuando le informaron a Dios que el hombre había descifrado el genoma, respondió: "¡Malditos hackers!".

Hoy podemos modificar todas las reglas de la vida, por lo que debemos actuar con toda la responsabilidad que nos exige nuestra condición de seres humanos. Hemos descubierto grandes cosas y nos hemos dado cuenta de que los seres humanos no somos tan especiales. Un ratón de laboratorio comparte más del 90% de sus genes con nosotros.

Nuestro mapa genético consta de unos 3 millones de "letras". El de la flor de loto, por caso, tiene 16 millones.

Pero lo que sí marca la diferencia es la habilidad que tenemos los humanos de procesar la información, de usarla. En este sentido hemos recorrido un largo camino. Desde el alfabeto, pasando por la era digital hasta llegar a la época biológica, inaugurada en 1995 con el código genético. Este es el nuevo idioma para el mundo.

Todo ha cambiado a gran velocidad. El ámbito económico se ha modificado radicalmente. Hoy tenemos una economía distinta que puede cambiar en cinco años, y no en cinco décadas como estábamos acostumbrados.

La gobernabilidad también ha cambiado. Basta recordar que las tres cuartas partes de las banderas no existían hace cincuenta años.

Uno se pregunta ¿por dónde pasará la competitividad en los años que vienen? Hay dos cuestiones previas para entender dónde estamos hoy.

La primera es que la quinta parte del crecimiento económico que está ocurriendo en Estados Unidos proviene de un área que no existía hace diez años: la informática. Y que no se basa en los activos físicos. Su capital más valioso es la generación y procesamiento de la información. Por eso es que si las naciones no se adaptan a estos cambios, podrán seguir siendo soberanas, pero cada vez más chicas.

La segunda cuestión que estamos viendo es que ahora que pasó la ola de la Internet, la siguiente ola está relacionada con el uso de la información genética, del uso de la información de la vida.

Uno de los escenarios más claros donde se visualiza este impacto es en la agricultura, con la biotecnología. Pero dentro de cinco años, la medicina que hoy practicamos a nuestros hijos les parecerá algo similar al vudú. No sólo vivirán más, sino mejor.

¿Cómo está impactando este nuevo escenario tecnológico en la economía? Lo que hay que entender es que la tecnología está empujando a las economías. Por lo tanto, los recursos y las mentes más brillantes deben enfocarse hacia la ciencia y el manejo de su desarrollo.

No todos tienen que ser físicos, pero hay que apoyar a los físicos. Una sociedad que no domine el lenguaje digital, no llegará lejos. De cada 20 empresas que se lanzan con una patente en Estados Unidos, sólo una tiene éxito. Pero la clave es que ese empresario que fracasó, se levante para intentarlo de otro modo.

Varios de los empresarios norteamericanos más importantes tienen en su historial firmas quebradas. Esta tolerancia a decir "esto no funcionó, va de nuevo ", es una de las características esenciales para triunfar en la economía moderna.

Por otro lado, los jóvenes la están incorporando como algo natural. Yo tengo dos hijos: Diana y Nicolás. El otro día, ella llegó y me dijo: "Hoy en el laboratorio saqué el ADN de una cebolla". ¡Y tiene 8 años! Hacer esto, que hace 10 años hubiese representado una tesis doctoral, da una idea de cómo cambia el mundo.

Los genios de la Internet son muchachos de 17 a 25 años. Y los genios de la biotecnología provienen también de la informática, donde han aprendido a desarrollar la habilidad de codificar cosas. Y esa habilidad les será muy útil, porque habrá un enlace entre el código digital y el cogido genético.

De hecho ya está pasando. IBM, la compañía más grande de computadoras, tiene como nuevo proyecto de computadora personal no una big blue, sino blue gen (gen azul). Porque los problemas de computación más complejos están relacionados con la posibilidad de predecir y estructurar los genomas. Y está cerca la aparición de los biochips, donde la computadora más eficiente del mundo sea una molécula de ADN: ya que procesa, usa, estructura información de una manera inimaginable, mayor que la computadora más grande.

Creo que está cerca la época en que el cómputo se hará biológico y que generará nuevas cuestiones. Para el 2015 es probable que una computadora personal tenga la capacidad mental de un ser humano. Y que para el 2050 tenga la de todos los cerebros que haya en el planeta. Es un aceleramiento en la capacidad de los instrumentos que tenemos, similar a lo que pasó en la Revolución Industrial.

¿Qué oportunidad tiene la Argentina de subirse al tren? Tiene las mismas posibilidades que cualquier país. Si uno revisa la historia se encuentra con que casi todas las naciones, en algún momento, han llegado a ser un poder dominante.

Una de las cosas que hace la economía moderna es que en el lapso de 30 años, una nación puede pasar de ser extremadamente pobre a extremadamente rica. Un ejemplo es Taiwán, que fue la provincia más pobre de China. Hoy el taiwanés promedio es bastante más rico que el argentino promedio.

La Argentina es una sociedad que obtuvo tres premios Nobel. Por lo tanto, no hay por qué pensar que ustedes no podrán subirse a este tren.

¿Dónde hay que poner el acento para lograrlo? Lo único que hoy cuenta son los cerebros. Un programa de ajuste es extremadamente caro en la medida en que la gente ya no tiene con qué aguantar. Lo que sucede en esos casos, es que el individuo le responde al funcionario: "Bueno, cuando termine usted de ajustar, hablemos". Y real o virtualmente se va a trabajar a otro lado. Por eso, una de las cosas que está haciendo muy bien Estados Unidos es atraer cerebros.

La Argentina ha demostrado tener la habilidad para exportar productos agrícolas sin subsidios. Esto es muy poco usual en el mundo. Por lo tanto, deben usar estos conocimientos para generar empresas en la rama agrícola.

Hagan un inventario de recursos humanos tanto aquí como en el exterior e incentiven a que esos recursos sigan haciendo lo que mejor saben hacer. Hay que lograr recrear un lugar que atraiga gente talentosa. Yo usaría a la biotecnología para dar un salto cualitativo.

Una última reflexión: vine por primera vez a este país hace nueve años, y es mucho lo que hizo. No hay razón para que no despegue. Pero eso sí, a las mejores mentes hay que ponerlas a trabajar.

Fuente: Clarín Rural

 

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