En los últimos quince años más de sesenta especies de plantas -incluyendo las
principales producciones agrícolas- han sido ya modificadas genéticamente mediante la aplicación de técnicas de biología molecular.
En el terreno de la agricultura, estas nuevas tecnologías se utilizaron para aumentar el rendimiento de las cosechas, confiriéndole a los vegetales resistencia a los herbicidas.
La ingeniería genética posibilita introducir esta protección modificando las características de las enzimas del cultivo que son específicamente afectadas por el
herbicida, tornándolas "insensibles" a su mecanismo de acción, o introduciendo reacciones de detoxificación que permiten a la planta inactivar al agroquímico. Los genes que confieren estas propiedades son obtenidos de microorganismos del suelo, o de especies vegetales que resisten naturalmente al producto en cuestión.
De esta manera se obtuvo una variedad de soja -soja RR-, que es resistente al glifosato, un herbicida de amplio espectro que se utiliza en el control de malezas.
La soja transgénica fue desarrollada en Estados Unidos y se cultiva en nuestro país desde 1996.
Cabe destacar que, con más de 6 millones de hectáreas sembradas, hoy la soja es la principal cosecha de exportación del país, aportando a la balanza comercial más de 3000 millones de dólares anuales.
Del total de nuestra soja exportada, el 90 por ciento es transgénica, y entre el 50 y el 60 por ciento de la superficie cultivada, es de esta variedad modificada genéticamente.
Intoxicando al enemigo
Debido a que los patógenos vegetales provocan enormes pérdidas en el rendimiento de las cosechas, el diseño de nuevas estrategias de resistencia fue uno de los primeros problemas que concitó la atención de los investigadores.
En esta línea de experimentación, los desarrollos más avanzados se refieren a insectos y virus.
Para lograr que un vegetal sea inmune a los insectos que lo atacan, se le
incorporó un gen proveniente de una bacteria del suelo denominada Bacillus thurigiensis.
Esta bacteria produce una endotoxina que resulta letal para el insecto, pero inocua para el hombre y los animales. Mediante la transferencia a la planta del gen que dirige la síntesis de la toxina en la bacteria, el cultivo comienza a producir el tóxico, por lo que se transforma en letal para su predador.
Esta endotoxina se usó durante años como insecticida convencional, pero su baja
persistencia restringió su uso en el campo. En cambio, su introducción dentro del tejido vegetal, permite que su acción sea permanente.
Y por casa, como andamos?
La Argentina fue uno de los países pioneros en la incorporación de estas biotecnologías. Hoy es el tercer productor mundial de vegetales transgénicos, después de Estados Unidos y China. Los permisos para el cultivo de vegetales
transgénicos los otorga la Secretaría de Agricultura, a la que asesora la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria (Conabia).
La Conabia es una Comisión ad hoc, cuya misión es autorizar y fiscalizar ensayos en invernadero y a campo con OGMs (organismos genéticamente modificados). Eventualmente, si los ensayos permiten establecer la inexistencia de peligros para el medio ambiente, la Conabia autoriza su liberación comercial.
La Comisión está integrada por representantes del Instituto Argentino de Sanidad y Calidad Vegetal, del Servicio de Salud Animal, del Instituto Nacional de Semillas, de la Secretaria de Salud Pública, de la Secretaría de Recursos Humanos y Ambiente Humano, del INTA, del Conicet, de las Universidades Nacionales, de la Asociación de Semilleros Argentinos, del Foro Argentino de Biotecnología, de la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios y de la Sociedad Argentina de Ecología.
La Conabia supervisa todos los ensayos que se realizan en el país mediante inspecciones in situ que se repiten 3 a 4 veces durante cada ensayo para comprobar que se cumplen los requisitos de bioseguridad establecidos, entre otros, la eliminación de materiales al finalizar cada prueba. El control se extiende luego por 2 ó 3 años, de acuerdo con la especie de que se trate, para establecer que no haya habido"escapes".
Los ensayos se realizan a distintas escalas: de invernadero, de pequeña y gran escala, y de propagación pre-comercial. Las liberaciones comerciales se aprueban luego de este proceso, y no antes de, por lo menos, cinco años de evaluaciones. La Conabia funciona desde 1991 y hasta el presente ha aprobado tres liberaciones comerciales: soja y maíz resistentes a herbicidas y maíz resistente a insectos. La soja transgénica se encuentra en producción desde hace tres años; el
maíz transgénico desde hace uno.
Una visita al ingebi
Quienes conocen del tema, saben que el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI) es, sin duda, un lugar de excelencia. Este Instituto del Conicet está situado en el barrio de Belgrano, y allí entrevistamos al Dr. en Química Alejandro Mentaberry, quien es además Profesor asociado de la carrera de Ciencias Biológicas de la UBA.
Mentaberry dirige allí a un equipo de investigadores especializados en virología vegetal, que procuran diseñar estrategias para proteger a las plantas de infecciones virales.
-"Los virus pueden ser devastadores para las cosechas, disminuyendo su rendimiento hasta en un 80 por ciento", dijo. Una de las formas de obtener resistencia a estas enfermedades, es incorporar a la planta genes del propio patógeno (en este caso, del virus), pero también es posible proteger a la papa
introduciéndole genes de especies vegetales que son naturalmente resistentes. Actualmente se encuentran en fase experimental algunas estrategias que utilizan genes provenientes de otros reinos (particularmente del reino animal), del que se han tomado algunos factores de resistencia antiviral que están presentes, por ejemplo, en mamíferos.
-"Se trata de introducir anticuerpos antivirales en plantas, creando en el vegetal
una especie de sistema inmune artificial", sintetizó Mentaberry. Pero nos aclaró que los mayores éxitos fueron obtenidos utilizando la línea de experimentación que incorpora a la planta genes del propio virus productor de la enfermedad.
-"Esto ya se hacía en forma empírica en agricultura, cuando se observó que infectando a un cultivo con cepas de virus poco agresivos, quedaba protegido de infecciones causadas por cepas más virulentas". Para los investigadores aún no
está bien claro por qué motivo el hecho de que una planta sintetice proteínas del propio virus, la transforma en resistente a él. Las investigaciones del equipo que dirige Mentaberry culminaron con la obtención de una variedad de papa transgénica inmune a enfermedades virales, pero aún debe pasar por las etapas de ensayo previa a su liberación comercial.
Transgénicos made in Argentina: ¿Para qué?
Con respecto a cuáles son las ventajas de introducir vegetales transgénicos en la agricultura, nos contestó que las ventajas se limitan por ahora a la resistencia a herbicidas o a determinados patógenos y pestes.Sin embargo, dijo, "el avance del conocimiento sobre las plantas se acelera constantemente. Dentro de un par de años se tendrá la información genética completa de la primera especie vegetal (Arabidopsis thaliana) y ello brindará un impulso notable a muchas aplicaciones
biotecnológicas hoy incipientes: se podrá operar sobre las plantas para modificar su bioquímica y producir metabolitos de interés; potenciar sus respuestas defensivas ante patógenos y depredadores; modificar su morfología y sus procesos de desarrollo; hacerlas más resistentes al stress ambiental (como las sequías o la temperatura); manipularías como biorreactores para producir compuestos farmacológicos o de uso industrial, y acelerar notablemente su
mejoramiento por cruzamiento tradicional".
Agregó que la Argentina intenta renovar su agricultura mediante innovaciones tecnológicas que permitan potenciar sus ventajas naturales, respondiendo así a la tendencia de un mercado cada vez más globalizado.
Apuntó que asistimos a una reconversión dirigida a crear las bases de una agricultura intensiva estrechamente entrelazada con el sector agro-industrial, y que debemos optar entre tecnologías de los años 50, muchas de las cuáles
conllevan un efecto claramente destructivo del medio ambiente y altos costos energéticos, o tecnologías más "blandas", las que involucran fundamentalmente a las nuevas biotecnologías.
En su opinión, si actuamos con inteligencia e invertimos lo necesario, la agricultura argentina podrá ingresar tempranamente a la revolución genética y aumentar enormemente su valor agregado. Aclaró que es importante recalcar que este
proceso no consiste en una ruptura tecnológica abrupta, sino que debe integrarse en el marco de las tecnologías ya disponibles, en coherencia con nuestra historia productiva, y en forma armónica y específica a nuestra realidad. Dijo que la utilización de plantas transgénicas es un aspecto importante de ello, pero no el único.
Las dudas de los ecologistas
Le preguntamos al Dr Mentaberry si la introducción de cultivos transgénicos genera
riesgos para el medioambiente, ya que quienes se oponen a la comercialización de estos cultivos opinan que puede haber transferencia de genes a malezas, insectos y animales que entren en contacto con esas plantas, pudiendo generar en éstos resistencias a antibióticos, insecticidas o herbicidas.
Nos contestó que los riesgos hacia el medio ambiente se refieren fundamentalmente a la posibilidad del flujo génico hacia especies vegetales
relacionadas. -"Por ejemplo, un gen de resistencia a un herbicida podría transferirse de una planta transgénica a otra especie vegetal sexualmente compatible".
Si bien ello es posible, para que este gen se mantenga en forma estable, debe conferir a la planta recipiente alguna ventaja adaptativa., -"Si una maleza adquiriese un gen de resistencia a un herbicida no se transformaría por ello en una supermaleza, sino que sólo obligaría a usar otro herbicida para combatirla, y
eventualmente eliminarla". Lo que perjudica al ambiente es la utilización de herbicidas de cualquier tipo que sean y esto, opinó, por ahora, no podemos evitarlo.
Agregó que en el caso de los genes insecticidas, el principal problema es que su uso generalizado origine resistencia en los insectos, a semejanza de lo ocurrido con los insecticidas químicos (como, por ejemplo el DDT).
Este es un problema de manejo agronómico, subrayó, y no guarda relación alguna
con las características intrínsecas de los insecticidas biotecnológicos. Respecto al pasaje de información genética entre reinos (de plantas a bacterias, de bacterias a humanos, etc.), dijo que son eventos de muy baja probabilidad y que sólo se conocen unos pocos ejemplos de que ello ocurra por mecanismos naturales.
-"Particularmente, no se conocen ejemplos de transferencia genética de plantas a bacterias. Obviamente, tampoco se conoce un sólo ser humano que haya
adquirido un gen vegetal, aunque consuminos vegetales desde nuestro origen como especie", agregó. Aún así, concluyó, si existieran datos para pensar que esta cuestión es relevante, debería ser considerado.
Los científicos no somos frankenstein...
Todavía molesto por la tergiversación de sus dichos por parte de un medio gráfico, Mentaberry quiso aclarar que es un firme sostenedor de que los científicos
deben dar explicaciones y realizar un balance social de sus actividades.
Y agregó: -"Los científicos no somos Frankenstein, no somos locos sueltos, no nos dedicamos a hacer disparates sin pensar en lo que viene después", para remarcar que la introducción de estas biotecnologías empezó por autolimitaciones de la comunidad científica que aún hoy siguen existiendo, y que nada se ha introducido sin pasar por rigurosos chequeos y comprobaciones.
Todo nuevo logro de la ciencia conlleva siempre algún grado de incertidumbre que nadie puede responder.
Así, el conocimiento de la estructura del átomo y de la naturaleza de las radiaciones nucleares, posibilitó tratar el cáncer pero también fabricar bombas atómicas. Precisamente, lo que hace que un descubrimiento científico traiga grandes beneficios o enormes perjuicios para la humanidad, es la forma en que se lo aplica o utiliza.
De allí, la importancia de la divulgación del conocimiento como instrumento generador de opinión, que evite el uso inadecuado de los logros de la ciencia. La información, en cualquier área, es uno de nuestros derechos. Debemos conocer para poder elegir, y elegir, es lo que nos permite ser libres.
Autor: María Cristina Stella
Fuente: El Experimento- Periodismo científico