En oportunidad del
seminario sobre biotecnología organizado por Forrajes & Granos Journal y la fundación CRA, Juan Kiekebush directivo de ASA y gerente técnico de Novartis comentó que durante una visita a un criadero de pollos supuestamente de campo
en Francia, los responsables del establecimiento señalaban que eran estrictos en el no uso de maíz transgénico para la elaboración del balanceado, no así en el caso de la soja, "ya que a los consumidores no les interesa la soja, sólo el maíz". ¿Es que entonces existen productos transgénicos, pero no tan transgénicos para Europa, el mercado que más escollos pone para la comercialiación de productos GMO (Genetic Modified Organism)?
Esta es la pregunta que se hace y se contesta Rubén
Devoto, investigador del área de Estudios Económicos y Sociales de la EEA INTA Pergamino, en un extenso artículo aparecido en Panorama Agropecuario. Devoto parte de una serie de datos estadísticos del comercio internacional de granos y las distintas posiciones políticas de los países involucrados en él, para armar un rompecabezas, una de cuyas conclusiones es: Los Estados Unidos líder en innovación y desarrollo en biotecnología, al mismo tiempo que liberan comercialmente variedades
transgénicas, desarrollan una cadena comercial para la diferenciación de los granos. Esta estrategia tiende a satisfacer la demanda de un incipiente circuito no transgénico, a la manera del circuito no aftósico que privó a la Argentina durante dos décadas –y del que todavía queda algún resabio- de importantes mercados para su carne. Esta posibilidad es considerada ya en un informe de Grain & Oilseed de octubre del 97, donde se pronostica que las importaciones europeas de soja convencional
tendrán que pagar un sobreprecio de un 15 por ciento en los próximos años .
El investigador del INTA cita algunos ejemplos en que las empresas y los países están tomando resguardos sobre los eventuales riesgos que significaría aprobar cultivos GMO que después puedan ser rechazados por los consumidores. Estos son algunos e los citados por Devoto:
- En EEUU Pioneer Hi-Bred sólo venderá su híbrido de maíz con los genes Yield gard y liberty Link, en tanto y en cuanto el
productor se comprometa a mantenerlos fuera del circuito exportador.
- La National Corn Growers Association también advierte a los productores que mantengan fuera del circuito exportador granos provenientes de semillas no aprobadas para tal fin.
- Archer daniels Midland Co (ADM) no procesará maíces que no hayan sido aprobados por la UE.
- Desde la American Soybean Association también advierten a sus socios acerca de los riesgos que significa comprar semilla de variedades
transgénicas que podrían destinarse al mercado europeo.
- ADManunció contratos de identidad preservada para la comercialización de soja no transgénica.
Así las cosas, existen diferncias sustanciales entre lo que sucede en el mercado norteamericano y el argentino. En primer lugar, nuestros productores se encuentran mucho más expuestos a eventuales trabas comerciales en los embarques a Europa, en particular en el caso de la soja, ya que se estima que el 70 por
ciento de ella es transgénica. En los EE.UU. este porcentaje desciende al 30 por ciento.
Distinto es el caso del maíz, ya que casi el 40 por ciento del área maicera estadounidense se produjo con materiales OGM en la campaña 99/00, contra unas 100.000 hectáreas (3 por ciento del área total) que podrían sembrarse con maíz Bt en la próxima campaña en nuestro paíz.
El maíz, foco del debate
Sin embargo, a pesar de la escasa proporción de maíz trnasgénico que podría llegar a
producirse en la Argentina, es este cultivo el que resultaría más comprometido si se agravaran las restricciones a los OGM en la UE. Esto es, según el análisis de Devoto, el resultado de la mayor dependencia de la demanda europea sobre la soja respecto del maíz. Es que el 90 por ciento de la oleaginosa consumida en el Viejo Continente es de origen extranjerero, mientras que en el caso del maíz, más del 90 por ciento de lo que se consume se cultiva fronteras adentro. Por otra parte, la UE es a
la vez exportadora de de pellets de soja y participa en el comercio mundial con un 18 por ciento mientras que resulta prácticamente nula la participación en el comercio del poroto de soja. Se supone que tal industria no podría correr el riesgod e desabastecerse de un día para el otro por no aceptar sojas transgénicas.
Por el lado del maíz, en cambio, la UE ha ido ganando terreno como destino de las exportaciones argentinas, a expensas de la participación norteamericana.
Así,
mientras los envíos del cereal norteamericano pasaron de 3.36 millones de toneladas en la campaña 94/95 a 166.000 en la 97/98, la Argentina vio crecer sus ventas de 618.000 toneladas en 1996 a 1,45 millones en 1998. Es notable el caso de España, que en ese período casi multiplicó por siete sus compras, a la vez que las redujo desde los EE.UU, en una proporción mucho mayor: de 2,5 MT pasó a 140.000 toneladas entre el 94/95 y el 97/98. Devoto explica que este crecimiento fue consecuencia de los
problemas ocurridos en ese mercado en torno de los maices transgénicos . "Hacia comienzos de 1998 no era posible comercializar dentro de los límites de la UE 15 maices distintos del único aprobado hasta ese momento (el de Ciba-Geigy), y ni los Estados Unidos ni canadá podían garantizar que en ls bodegas de sus barcos ubiera otros maices transgénicos que fueran los de esa compaía (...) La información disponible confirma el interés de los importadores españoles por maíces
argentinos no transgénicos", y cita otra nota aparecida en Grain & Oilseed, esta vez en marzo de este año, que confirma esta tendencia por parte de los trades ibéricos.
Continúa el artículo citando las posturas de algunas empresas alimentarias europeas que han salido a promocionar el no uso de granos transgénicos en la elaboración de sus productos como un argumento de ventas.
- Burger King en Portugal aseguró que no aceptará ingredientes GM en cualquiera de sus comidas
o componentes que venden, incluyendo la salsa ketchup, acites y mayonesas.
- Iceland Group, empresa inglesa dedicada a la venta de alimentos congelados, fue la primera en garantizar que sus productos se encontraban libres de transgénicos. Sus ventas aumentaron el 12 por ciento en un año.
- También Sainbury's, la cadena minorista número dos de Inglaterra, así como ASDA Group Tesco, adoptaron posturas similares.
Un punto y aparte merece la posición del maíz
colorado argentino en Europa conocido como flint o maíz plata. Las exportaciones de este producto a la UE han sido de 400.000 toneladas en 1997 y 478.000 en 1998, esto quiere decir que del maíz nacional enviado a ese destino , el flint participa con el 33 por ciento. Es más, algunos países como el Reino Unido, Bélgica, Alemania y Holanda únicamente compran a la Argentina maíz flint.
"No deja de ser un punto interesante si el ámbito interno se decide fijar alguna política que relacione, por
ejemplo, los OGM con las denominaciones de origen: el protocolo del maíz plata argentino", por ejemplo, podría especificar claramente que este se cultiva en determinadas zonas de la Argentina y que no proviene de OGM".
Un futuro de sombras
Devoto concluye que ha comenzado a diferenciarse en los EE.UU. una estructura que permite comercializar los granos transgénicos que no cuentan con aprobación en Europa por un canal independiente, sin riesgo de mezclarse con
los no OGM o los aprobados. Al mismo tiempo, se libera comercialmente en ese país una gran cantidad de nuevos productos que permiten bajar costos, aumentar rendimientos o extender el área de siembra. "¿Es posible realizar esta segregación en nuestro país? Y si no lo fuera y si políticamente se decidiera copiar a los EE.UU en materia de aprobaciones de materiales GM, ¿qué política habría que diseñar para segregar la producción?, o ¿qué precauciones tomar en el caso de problemas
comerciales o evidencias científicas adversas?".
Otras preguntas quedan en el aire para esta analista del INTA, una tiene que ver con la posición de Brasil, ya que si bien se han aprobado materiales de sojas resistentes a glifosato, quedan estados que no lo hicieron, es decir que podrían implementar una eventual certificación de origen no transgénico para el mercado externo, la otra se relaciona con la posibilidad de que el mismo mercado interno, o al menos una parte de él, el
que comience a exigir el etiquetado de los alimentos. "Mas tarde o más temprano, es probable que en nuestro país deban seguirse los mismos pasos que ya se han dado en los países desarrollados ", tal vez con la actitud de empresas como Morgan (ver la nota citada) ya se haya comenzado a dar los pasos que reclama Devoto.
Fuente: Revista Forrajes & Granos Journal