La estrategia para evitar esta situación es acomodar el paquete tecnológico,
no para obtener mayor rinde, sino para lograr rindes promedios de 35 quintales por hectárea. El cultivo de cebada se realiza bajo contrato entre las malterias y los productores. El grano para ser aceptado debe cumplir con los exigentes estándares de la industria, los cuales se fijan en le contrato previo a la siembra. En los mismos se establecen la superficie a sembrar, el precio de compra, las condiciones de entrega, el flete, y los gastos de comercialización.
Normalmente estas condiciones benefician al productor, los cuales sembrando cebada obtiene mayor rentabilidad que sembrando trigo. Uno de los factores que juega en contra es la facilidad de brotado que presenta el grano de cebada. En el periodo de madurez fisiológica, el brotado del grano se induce fácilmente bajo ciertas condiciones de temperatura y humedad. Este brotado provoca que la cebada pierda sus cualidades industriales, debiendo destinarse el grano como forraje, comercializandose a
muy bajo precio.
Se estima que el brotado es inducido por la acumulación de mas de 350 días con temperaturas superiores a los 4.5 grados centígrados, situación que produce una ventana térmica, que a partir de espigazón, permite la aparición del fenómeno. Una vez acumuladas esta temperatura, altas temperaturas posteriores, deprimen la síntesis de ácido absicico, inhibidor de la germinación.
La cebada a comparación del trigo, es extremadamente eficiente en la utilización del nitrógeno,
necesitandose el agregado de 2.7 kg de nitrógeno por cada quintal de grano que se espera cosechar. El principal limitante del rendimiento en cebada esta dado por la acumulación de agua en el perfil. En muchos casos debido a la aparición de mancha de red, es conveniente descartar la rotación de cebada sobre cebada.
Fuente: Agromail (www.agromail.net)