Durante el semestre otoño invernal el clima del Cono Sur osciló entre
extremos de gran intensidad y signo opuesto, con períodos cálidos que se alternaron con intensas irrupciones de aire polar, y prolongados lapsos de tiempo tormentoso con períodos secos igualmente prolongados.
La causa de esta inestabilidad climática reside en el proceso de reacomodamiento que sufrió el sistema climático global luego de la disipación del fenómeno de La Niña. Por su capacidad de controlar la circulación atmosférica global, La Niña hizo que, durante 20 meses, desde
julio de 1998 hasta febrero de 2000, el clima siguiera un patrón de comportamiento, que si bien presentaba aspectos adversos considerables, resultaba claramente reconocible, y por lo tanto, muy predecible.
El proceso que siguió a continuación representó un retorno a la normalidad, pero, como suele suceder en estos casos, resultó paradójicamente traumático, dando lugar a una serie de oscilaciones atmosféricas que se tradujeron en fenómenos intensos y contrapuestos.
Las precisiones anteriores corresponden a Eduardo Sierra y Silvia Pérez, especialistas en Agroclimatología de la facultad de Agronomía de la UBA y están incluidos en un trabajo preparado para el Movimiento CREA.
Los técnicos agregan que "la campaña agrícola 2000/2001 comenzó con un período de fuertes tormentas acompañadas por heladas, que se extendieron desde mediados de junio hasta mediados del julio. Luego, sin solución de continuidad, sobrevino un prolongado lapso seco y,
aunque continuaron registrándose heladas, la temperatura media se elevó. Esto hizo desaparecer gran parte de las áreas con excesos hídricos que entorpecían las siembras, pero al mismo tiempo provocó una disminución de las reservas de agua del suelo".
Transición inverno primaveral
La actual situación requiere que se produzcan precipitaciones en forma regular, a fin de que se
repongan las reservas de agua de los suelos. Sin embargo, las lluvias no deberían llegar a valores elevados, ya que un retorno de las tormentas intensas volvería a anegar las áreas deprimidas, debido a que las napas se encuentran muy cercanas a la superficie.
Desafortunadamente, el establecimiento de condiciones moderadas y estables es el escenario menos probable. Es muy posible que el sistema climático recién logre estabilizarse dentro del
rango normal hacia mediados de primavera. Esta evolución ha determinado que el Servicio Meteorológico Nacional emitiera un comunicado advirtiendo sobre la posibilidad de ocurrencia de situaciones de riesgo.
El comienzo de las lluvias primaverales en el Noreste y en la Región Pampeana argentinos y en Uruguay, fenómeno que normalmente tiene lugar hacia fines de septiembre, podría atrasarse
debido a las extensas anomalías frías que todavía se observan en las superficies oceánicas que rodean al Cono Sur.
La Región Pampeana argentina y el Uruguay podrían ser afectados por la fuerte circulación proveniente del Pacífico Sur, pudiendo registrarse heladas tardías, de elevada peligrosidad, dado que su ocurrencia podría afectar a los cultivos en su etapa reproductiva, cuando su susceptibilidad a los descensos térmicos es máxima.
En el sur de la Región Pampeana y en el Norte de la Patagonia argentinos el riesgo de heladas tardías resulta considerable, pudiendo sumarse la ocurrencia de granizadas.
El área de valles cordilleranos del Norte de la Patagonia y la Región Cuyana argentinas, por los que corren ríos de régimen nival, se encuentra sujeta a desbordes durante el deshielo primaveral, debido a la gran acumulación de nieve ocurrida durante la presente temporada invernal.
Por todo lo expuesto, debe considerarse que, aunque en sus valores medios el panorama general a mediano plazo resulta favorable, la elevada inestabilidad climática presente genera la posibilidad de ocurrencia de fenómenos extemporáneos que implican peligros potenciales dignos de ser tenidos en cuenta.
Perspectivas de mediano y largo plazo
La inestabilidad climática observada durante el semestre otoño invernal ha hecho disminuir la
confianza en los pronósticos de la Agencia Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA) de los EE.UU., según los cuales durante el verano 2001 se produciría un Niño moderado, con posibilidad de lluvias por encima de lo normal.
Consecuentemente, se ha incrementado la credibilidad de las previsiones efectuadas por el Centro Europeo de Pronóstico Climático (ECMWF), que indican una moderada tendencia negativa en las precipitaciones estivales.
No obstante, la mayor polémica gira alrededor de la información difundida por la Agencia Nacional de la Aeronáutica y el Espacio de los EE.UU. (NASA), señalando la posibilidad de que la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO), fenómeno al que los medios de difusión han apodado La Madre, estaría entrando en una fase negativa, capaz de causar un período seco del orden de los 30 años sobre el Sudeste de Sudamérica.
Las imágenes satelitales muestran claramente la herradura de aguas oceánicas cálidas en la margen asiática del océano Pacífico occidental, que caracteriza el comienzo de una fase negativa de la PDO. Durante la misma, seguirían ocurriendo eventos Niño y Niña, pero la PDO haría que los primeros sean menos húmedos y más escasos, y los segundos, más secos y frecuentes, produciendo así una disminución en los promedios de precipitación.
Sin embargo, ninguna de las previsiones descriptas indica la posibilidad de anomalías hídricas extremas durante la segunda mitad de la primavera y el próximo verano. Las previsiones de la NASA, en caso de cumplirse, tardarían más de una década en llegar al clímax del período seco que anticipan.. Las previsiones de la NOAA y el ECMFW difieren entre sí, pero dentro de un rango relativamente estrecho, ya que oscilan entre moderados excesos y moderados déficits.
Los mayores riesgos se centran en el período de transición inverno primaveral, que podría observar un atraso en la llegada de las lluvias, así como heladas tardías y granizadas. En este aspecto, las previsiones del Centro Europeo de Pronóstico Climático (ECMWF) son las más pesimistas.
En lo que coinciden todas las perspectivas, es en la continuación de la inestabilidad climática, que seguirá produciendo fenómenos atmosféricos intensos y extemporáneos, como la alternancia entre
períodos secos y lluviosos, tormentas locales con granizo y vientos, heladas tardías, etc. Todo ello determina la necesidad de llevar a cabo una elaborada planificación y un cuidadoso manejo de los recursos productivos a fin de poder hacer frente a los riesgos que presenta el futuro.
Fuente: Aacrea