Un mal muestreo trae aparejado dos tipos de problemas. Problemas técnicos para el buen manejo de la mercadería (mal almacenaje, exceso o falta de secado). Problemas comerciales para la correcta liquidación de la operación (mayores porcentajes de mermas, granos partidos, etc.).
Si consideramos 150 camiones de entrada diaria, con una carga promedio de 28 toneladas, por ejemplo de soja, 160 dólares por tonelada, tenemos un
ingreso en planta de 672.000 dólares por día. Con que exista un error promedio del 1 % en la toma de las muestras estaríamos en 6.720 dólares por día, únicamente por errores de la calada. En un periodo de cosecha de 45 a 60 días en soja, la cifra aumenta a 403.200 dólares por campaña.
La misma situación puede darse en maíz, trigo, girasol y sorgo. A estos costos deben agregares aquellos destinados a corregir la mala toma de muestras, duplicación de los análisis, inutilización
del grano por exceso de secado, ardido del grano, quebrado, combinaciones no adecuadas de envío de grano al puerto con los descuentos correspondientes en destino, etc.
La correcta representatividad de una muestra depende básicamente de dos factores:
- Cantidad de muestras obtenidas.
- Calidad de cada muestra.
La distribución de ciertas partículas que son parte de la mercadería, como ser los cuerpos extraños o
granos partidos, no es uniforme a lo largo, ancho y alto de la carga. A medida que se carga el camión y este transita por rutas en malas condiciones o caminos de tierra, la mercadería tiende a segregarse y estratificarse, determinando variaciones en las características físicas dentro de la carga. Además existen marcadas diferencias en la condición de la mercadería, inherentes a factores propios de la cosecha. Los granos cosechados temprano a la mañana, tendrán mayor porcentaje de humedad.
También las características del lote, como presencia de zonas bajas o anegadas, cosecha de las cabeceras, provoca variaciones en la mercadería cargada en el camión. Todo hace que el método de muestreo sea extremadamente importante para garantizar la correcta representatividad.
Para tener una buena muestra deberán realizarse la mayor cantidad posible de caladas.
En forma manual es casi imposible el calar a fondo todos los camiones que llegan en el día. Se
hace en los primeros camiones para luego pasar a calar al sesgo, o sea no en forma perpendicular, sino que en un ángulo, de esta manera se llena la sonda más fácilmente. Esta forma de trabajo es muy frecuente cuando se debe calar semilla compactada o con un alto porcentaje de humedad.
Esta realidad puede resultar dramática para la economía de un acopio, la muestra no solo no representa lo que realmente se esta recibiendo, sino que corresponde normalmente a una mejor
calidad, de la parte superior de la carga.
Un último factor a considerar y no por ello menos importante en la operativa de calado manual, es el riego de posibles accidentes personales. No es fácil treparse, caminar sobre el cereal, y luego bajar de un acoplado de hasta aproximadamente 4 metros de altura.
La solución es efectuar un correcto y exhaustivo muestreo en la recepción. La alternativa ya adoptada por las terminales, industrias y muchos acopios y cooperativas es el uso de caladores
automáticos. Los accionamientos son por medio de potentes equipos hidráulicos, la obtención de las muestras es por medio de una sonda caladora triple o simple, y el transporte del grano es por sistemas neumáticos. El uso de un calador automático garantiza el obtener muestras representativas, llegando siempre hasta el piso del camión o acoplado.
El calador automático permite también, calar los camiones a la salida, de manera de poder controlar
y corregir a tiempo, eventuales desvíos entre lo contratado y lo que se esta despachando, por ejemplo, representa una gran diferencia económica el enviar mercadería con 12.7 % de humedad, cuando lo contratado es de 13.5 %. Se controla la calidad y condición de la mercadería que se envía, utilizando la misma herramienta con que controlará quien la recibe.
Autor: Ing. Antón Jórgensen
Fuente: www.agromail.net