| Marcadores moleculares:
técnica para detectar semilla ilegal El comercio ilegal de semillas perjudica futuras investigaciones agrícolas. La multiplicación, robo y comercio ilegal de semillas en nuestro país ha sido y sigue siendo un problema sin resolver
para las autoridades de contralor. Esta práctica que viene incrementándose año tras año, genera competencia desleal, evasión fiscal y un perjuicio económico que atenta el avance de la investigación y de la tecnología biológica en nuestro país.
De acuerdo a cifras aportadas por la Asociación Argentina para la Protección de las Obtenciones Vegetales (ARPOV) en 1999 el 40% de las semillas sembradas en la Argentina habían sido adquiridas en forma ilegal.
El valor de una semilla no está en lo material (una bolsa de semillas) sino en algo intangible, que es la información genética completa de la variedad. Dicha Información permite, a partir de esa semilla, obtener un cultivo de mayores rendimientos, excelente estabilidad, con variadas resistencias y demás atributos pudiendo el productor acceder a un beneficio superior seleccionando una buena semilla y ser competitivo en un mercado globalizado.
Obtener una variedad de un cultivo es exactamente igual que un invento industrial: su obtención requiere como éste, ideas originales, técnicas adecuadas, creatividad, sistemas de conservación y de producción comercial y una fuerte inversión en investigaciones que requieren entre 9 y 15 años de trabajo. El ADN es una herramienta que permite avances científicos para combatir el hambre en el mundo y ahora también sirve para demostrar en forma ágil y
contundente delitos como, el robo, la piratería y el comercio ilegal de semillas. Este tema es una preocupación permanente para las entidades agropecuarias y oficiales, y en los últimos años han propuesto y encarado diversas medidas sin obtener resultados óptimos. Actualmente –y gracias a los avances de la biología- la identificación de los "piratas de la semilla" ya no es un problema: la identificación varietal de las semillas por técnicas moleculares es una tarea
sencilla, rápida, no es costosa y realizable por cualquier laboratorio estatal o privado. Puede parecer un tanto extraña o difícil de entender, pero su uso es muy simple. Es precisamente la tecnología de marcadores moleculares la que se está utilizando exitosamente en los programas de mejoramiento genético, para obtener variedades de mejor calidad y más productivas. Organismos públicos con reconocimiento internacional como el Instituto Nacional
de Tecnología Agropecuaria (INTA), el ex Instituto Nacional de Semillas (INASE) y entidades privadas vinculadas al sector agropecuario cuentan con matrices de identificación de variedades argentinas para muchos cultivos, entre ellos la soja y el trigo. Esta técnica fue aplicada en diversos trabajos de investigación, obteniéndose una inequívoca y rápida identificación de las variedades de granos ya inscriptas y comercializadas en nuestro país y es además, la misma es
reconocida y puede ser utilizada como elemento probatorio ante la Justicia para juzgar y castigar el robo y el comercio ilegal de semillas que en Argentina es una práctica lamentablemente muy arraigada. Las técnicas se han simplificado tanto que hoy en día es casi tan simple identificar una variedad de un cultivo como leer el código de barras de un producto en un supermercado. Esta nueva herramienta permite analizar muestra sospechosas
(planta entera, semillas, trozos de hoja) provenientes de campos de presuntos infractores o de bolsas "blancas" que contienen semillas ilegales. Para su análisis las mismas son debidamente codificadas para preservar la objetividad del análisis y se acondicionan. En un plazo de una hora está extraído el ADN y listo para ser cuantificado y amplificado. Y en 24 horas se puede determinar en forma certera y precisa si la muestra analizada pertenece a un
productor que ha cultivado o ha producido granos adquiridos en forma ilegal. La aplicación de la normativa legal vigente y el conocimiento de esta nueva técnica de identificación varietal para realizar las pericias adecuadas contribuirán a identificar a los infractores y desarticular, o al menos, disminuir la piratería en las semillas. ¿Cómo es la técnica usada? Utilicemos una analogía para explicar esta técnica. En un supermercado, los
consumidores eligen los productos por lo que ven en las góndolas (marcas, pesos, precios, etc.) y pasa totalmente desapercibido el código de barras que está impreso en la etiqueta de cada producto. Cuando se abona la compra, una señorita identifica cada producto (y su precio) mediante un lector de esos códigos de barras. Esto es totalmente aceptado por todos, el comprador, la cajera y hasta el dueño del supermercado, aunque casi ninguno de ellos conoce a ciencia cierta
como funciona el código de barras ni el mágico aparatito que con una luz roja lee las barras en cuestión. Las plantas, cada una de las diferentes variedades de un cultivo, también tienen código de barras. Ese código de barras esta grabado en su información genética, en su ADN, nadie tiene que incorporarlo o diseñarlo, digamos que las plantas vienen con un código de barras incorporado desde su origen. Los marcadores moleculares , funcionan a la manera del lector de código de barras, es decir, permiten comprobar que esa secuencia de barras más gruesas o más finas designan, identifican, pertenecen, incontrovertiblemente a la variedad "A" de tal cultivo y a ninguna otra.Para desmistificar una técnica lo mejor es comprender su sustento técnico. Los
marcadores moleculares constituyen una inmensa caja de herramientas de la cual podemos sacar una y usarla según el problema que tengamos entre manos. Para la identificación tanto de humanos, como de animales y plantas la técnica más ampliamente utilizada es la denominada "Microsatélites" o "Repeticiones de Secuencias Simples" (SSRs). Todos los organismos vivos tienen en su
información genética, en su ADN, porciones o segmentos extremadamente variables en su longitud porque en ellos se repiten pares o tripletes de bases (las "letras" en el idioma del ADN) una y otra vez. El número diferente de repeticiones hace que el segmento de ADN en
cuestión tenga un tamaño distinto según el individuo considerado. Esa diferencia en tamaños (la cual parece sumamente sutil) Puede evaluarse mediante la amplificación del segmento de ADN en cuestión, entre 100 a 1000 millones de veces. Si hacemos uso de varias de estas regiones tan polimórficas (tan variables) repartidas a lo largo de todo el genoma (de toda la información genética) de una especie, obtendremos una matriz de identificación de todas las variedades de esa
especie, o sea, tendremos a nuestra disposición la huella digital o el código de barras propio de cada variedad inscripta en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares (RNPC). Ese código de barras, esas huellas dactilares del ADN, puede ser visualizado por cualquier laboratorio público o privado y los resultados serán idénticos debido a la altísima repetibilidad que presenta el método. Marcadores moleculares:
Si dos organismos son diferentes, sus ADNs también lo son ya que esta molécula lleva todos los determinantes (genes) responsables de tales diferencias. Si nuestro objetivo es diferenciar variedades de plantas para posteriormente poder identificarlas, lo mejor es empezar a buscar las diferencias entre ellas comparando sus ADNs. En este punto aparecen los marcadores moleculares, una herramienta que permite magnificar las diferencias existentes entre organismos a
escala molecular para hacerlas perceptibles por nuestros sentidos. Es posible explicar la técnica volviendo a la analogía del código de barras. El código de barras que está incorporado en cada variedad, tiene sus "barras" (porciones de la molécula de ADN), dispersas en distintas posiciones y mezcladas con otras que no son utilizadas o seleccionadas para armar el código de lectura, ya sea por que son comunes a otras variedades y no son útiles para diferenciarlas
o por que con las elegidas es suficiente. El primer paso, ya que las "barras" son fragmentos de una molécula, es magnificarlas. Para ello se hace uso de un método que se llama "reacción en cadena de la polimerasa" o "PCR", el cual permite obtener millones de copias de cada "barra" individual. El segundo paso requerido para la lectura del código de barras de una planta, consiste en lograr que las barras se dispongan espacialmente de
manera análoga al código de barras de los supermercados. Esto se obtiene haciendo circular los marcadores (porciones de ADN) a través de un gel (agarosa) impulsados por una corriente eléctrica. Durante el desplazamiento los marcadores se van separando porque sus diferencias físicas, especialmente de tamaño, hacen que circulen a distintas velocidades, con lo cual terminan todas las unidades presentes de cada marcador acumuladas en la misma posición. Dicha acumulación es la barra de cada
marcador, que tiene material suficiente para ser leída y se encuentra en el lugar que le corresponde en el código de su variedad vegetal. Cuando las barras están dispuestas, y para que las mismas sean visibles se tiñen con bromuro de etidio y se observan con luz ultravioleta para proceder a su lectura. Como las diferentes variedades de un cultivo se distinguen por la presencia/ausencia o por el tamaño de cada barra individual, luego de todo este proceso es posible detectar las
diferencias entre tales variedades aunque ellas presenten, a primera vista, un muy alto parecido morfológico entre sí. Con este avance tecnológico no se busca eliminar la identificación por los caracteres morfológicos sino a completar las señas de identificación con unas marcas que son independientes del estado de desarrollo de la planta y del ambiente en que ésta crece, lo que supone no sólo una enorme ganancia de tiempo sino una ayuda inapreciable en la identificación
Fuente: Asociación Argentina de Protección de las Obtenciones Vegetales (ARPOV) |