La agricultura de precisión requiere los siguientes
elementos:
Sistema de localización GPS (Global Position Sistem) (1.000 a 20.000 dólares de acuerdo a la precisión que se quiera alcanzar).
Captor de rendimiento en la cosechadora (4.000-20.000 dólares).
Pulverizadoras para aplicación de herbicidas o fertilizantes a dosis variables (3.500 a 7.000 dólares).
Equipo informático para procesar los datos del satélite (600 a 10.000 dólares).
En la práctica, los equipos montados en la cosechadora dan un mapa de rendimiento del lote.
Con esa información, y los datos de nitratos del suelo, a través de un modelo, se puede calcular la dosis de Nitrógeno recomendada para cada sector del terreno.
En total suma una inversión de alrededor de 50.000 dólares que se amortizará en 5 años. Se justificaría sólo en establecimientos con suelos muy variados; en campos "tabla" la conveniencia es sumamente dudosa, aunque se prevé que el costo bajará en los próximos años.
Sólo el 5 por ciento de los "farmers" emplea esta técnica para detectar la heterogeneidad de sus potreros en Estados Unidos. El 95 por ciento se orienta con fotografía aérea.
Resultados
Se observa una variabilidad importante de un año al otro en los aspectos químicos de un potrero. Trabajos norteamericanos demostraron que se obtuvieron rindes similares - 12 toneladas por hectárea - en lotes de maíz fertilizados de manera uniforme comparados con los
tratados en forma variable.
La eficiencia de uso del fertilizante, en cambio, fue levemente superior en el segundo caso. Resultados semejantes se obtuvieron en Francia.
La explicación de este comportamiento no previsto se asocia al hecho de que los modelos no están diseñados para la escala que se maneja en el lote.
Esta realidad no indica que el sistema no sirva, sino que los conocimientos disponibles todavía no son suficientes para aprovecharlo completamente.
Ultimamente, los investigadores estadounidenses están desarrollando trabajos para que los sensores del sistema puedan estimar otras propiedades del suelo, además del contenido de materia orgánica, como la infiltración de agua por ejemplo, para mejorar las relaciones entre diagnóstico y resultados.
La posibilidad de estimar la concentración de Nitrógeno en los tejidos del propio cultivo a través de una barra de sensores y la dosificación del Nitrógeno en función de las lecturas, ya es una
realidad y fue desarrollada por Stone y Solie de la universidad de Oklahoma.
Así como los norteamericanos han elegido el eje variabilidad espacial en los cultivos, en Francia se priorizó el eje temporal. Esto incluye la estimación de la mineralización, tanto de la materia orgánica del suelo como de los residuos de cosecha, y su comparación con la evolución de las necesidades del cultivo. Esta metodología permite aplicar sólo el Nitrógeno necesario para el cultivo.
En Francia, además, son utilizadas dos vías complementarias para determinar la necesidad de la fertilización nitrogenada:
Resultados de mineralización de Nitrógeno por incubaciones en laboratorio, recalculados en función de las temperaturas a campo. (Recous y col 1996).
Evaluación de nitratos en planta (G. Montaner 1987, Justes 1992) para confrontar, a lo largo del ciclo, oferta y demanda de Nitrógeno. Originalmente desarrollado para trigo, este método hoy
se utiliza también en girasol, maíz y colza.
Con relación al uso de la agricultura satelital en la Argentina, no es el paso a dar en lo inmediato en la generalidad de los establecimientos, según la opinión de González Montaner. Sí puede ser útil en zonas de suelos con tosca, u otras limitantes donde el relevamiento de heterogeneidad es una necesidad prioritaria.