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Se afianza la labranza conservacionista

Las prácticas que ayudan a conservar los suelos posibilitan que la explotación de la tierra se haga de manera racional. El sistema se utiliza en un 80% de la región.

La siembra conservacionista o directa es una herramienta que el productor posee para explotar la tierra de manera racional y sustentable con la producción de granos.

Sebastián Robles Terán, asesor agrícola de productores sojeros de Tucumán, opina que la siembra directa "es una labranza que se quedará permanentemente en la zona y seguirá siendo usada por los productores, ya que no existen indicios técnicos y económicos de una nueva técnica que pueda reemplazarla".

Remarcó que esta es una técnica que se adaptó perfectamente a las condiciones agroecológicas de la región NOA y que es usada por la totalidad de los productores de granos. "Podemos decir que se la usa en el 80% de la superficie que se siembra en la región", apuntó.

Según Robles Terán, se observa que los lotes que más años de siembra directa tienen son aquellos que presentan mayores posibilidades de obtener mejores rendimientos por los efectos positivos que ejerce el sistema sobre los suelos.

"La implementación de la siembra directa, en lo que respecta a la zona del NOA, fue muy beneficiosa y la tendencia es a que se siga usándola", dijo el consultor.

Recalcó que en los campos que se encuentren en condiciones de aplicar el esquema "seguramente el productor lo hará en un 100%".

Dejó en claro que aquellos lotes que no se adapten al sistema serán trabajados especialmente para ponerlos en condiciones de realizar la siembra directa, como sucede en los lotes descepados de caña de azúcar y los desmontes que se encuentren desnivelados. También se da el caso en lotes donde se quemó el rastrojo y también se aprovecha para su nivelación.

Robles Terán sostiene que en los lotes que llegan en condiciones de realizar la labranza conservacionista, y que presentan la cobertura vegetal como rastrojo, no tiene ningún sentido hacer una labranza tradicional. "Además -recalcó- hay que sumarle que el productor se encuentra con su parque de maquinarias adaptado a la labranza cero, por lo que el uso de la tradicional trae aparejado el cambiar la maquinaria que necesita". Existen argumentos técnicos, desde el punto de vista del cultivo, para usar la labranza cero. Al tener una cobertura adecuada, clave del éxito, el uso de ésta tecnología genera una menor evapotranspiración, un menor escurrimiento y una mayor retención de humedad por parte del suelo.

También provee de otro sustento económico, ya que con la estructura que se posee para la labranza cero se puede realizar la siembra de un mayor número de hectáreas, por lo que también pasa por una cuestión de realizar las siembras a un menor costo.

Buen impacto

Robles Terán asegura que el uso de la labranza conservasionista en la región impactó de una manera muy positiva y que el uso es generalizado, con muy buenos resultados. "Al ser una zona donde tenemos una limitante hídrica, sin lluvias estables a lo largo del ciclo del cultivo, es necesario tomar recaudos de suministrar y conservar el agua en el suelo para que el cultivo prospere como corresponde, por lo que debemos eficientizar el uso del agua y esto se logra con una labranza cero bien entendida", apuntó.

Por otro lado en esta zona el tipo de empresas que realizan la producción de granos en el NOA, son adecuadas para utilizar este tipo de tecnología.

Robles Terán sostiene que no es lo mismo un chacarero del sur del país que siembra 200 hectáreas y tiene un régimen de lluvias estables, a un productor del NOA donde su siembra es mayor, tiene lluvias irregulares y debe sembrar oportunamente, por lo que debe realizar la siembra con el mayor número de hectáreas posibles por día, lo cual se logra con la siembra directa.

"Es más fácil y económico utilizar variedades resistentes a enfermedades, usar RR o realizar aplicación de fungicidas e insecticidas en la siembra directa aquí en el norte, que realizar el cultivo del maíz y soja con siembra tradicional, salvo excepciones", finalizó Robles Terán.

La rotación de los cultivos

Sebastián Robles Terán considera que un aspecto que se debe tener en cuenta es la rotación del cultivo en la siembra directa. "Si la realizamos intercalando la siembra de maíz podemos tener un rastrojo adecuado para la futura siembra de soja", resaltó. "Además, se logran los beneficios que da la rotación del cultivo, como la disminución de la presión de plagas y enfermedades que da un monocultivo", concluyó.

La labranza cero es aceptada por todos

En el mundo se impone el sistema de siembra conservacionista. Los expertos afirman que el esquema ayuda a evitar daños irreversibles en la tierra

La labranza cero está siendo aceptada universalmente como un sistema permanente en la producción de granos y rejuvenecimiento de praderas, manifestó Carlos Crovetto, en la última reunión de Aapresid, en Mar del Plata.

La labranza cero fue establecida en Latinoamérica en 1972 por el agricultor Herber Bartz, de Rolandia, Paraná, Brasil. Desde entonces, el sistema ha ganado terreno, especialmente en la década pasada, porque los productores han encontrado innumerables ventajas comparativas, lo que está masificando su uso.

Crovetto señaló que las ventajas son cuantiosas. Se evita que la erosión de los suelos tanto la hídrica como la eólica provoquen efectos negativos irreversibles en los campos. También sirve para evitar el planchado de los suelos y brinda una mayor disponibilidad de agua en el perfil. Posibilita el aprovechamiento del agua. Por otra parte, mejora la capacidad tampón del suelo, aumenta la capacidad de intercambio catiónico y el fósforo está más disponible.

La labranza cero ayuda a realizar siembras más oportunas y menos problemáticas, los costos de producción se reducen y se pueden aprovechar eficientemente los fenómenos naturales para enriquecer los suelos.

"Estoy convencido de que los productores que han aceptado la cero labranza como un sistema permanente de producción vegetal están hoy en mejores condiciones competitivas, lo que puede asegurar su permanencia aún bajo críticas condiciones de mercado", continuó Crovetto.

Paralelamente con mejorar la productividad del campo, la labranza cero ofrece al productor otras ventajas, como menores costos de producción, especialmente en la economía de nutrientes para las plantas. Los nutrientes surgen espontáneamente después de algunos años sin arar y manejar eficientemente los rastrojos de las cosechas.

Otro de los factores más importantes es que esta práctica conservacionista estimula la acumulación de carbono orgánico en el suelo, el que lentamente es transformado en compuestos húmicos debido a la presencia activa de microorganismos y mesofauna degradadores de los rastrojos de cosechas.

El carbono orgánico es el principal alimento de organismos y microorganismos del suelo y cuando éste abunda su población aumenta. En estas circunstancias, la activa presencia de la biología del suelo inicia una serie de beneficios adicionales cuando los rastrojos se mantienen en la superficie. "El productor que siembra sin arar, cosecha doble: el grano y la paja. El grano es para el hombre lo que el rastrojo para el suelo. Este es el valor que los agricultores debemos pagar por utilizar el suelo", finalizó Crovetto.

La importancia de producir alimentos conservando la vida útil de los suelos

La agricultura sustentable representa una verdadera revolución por los beneficios que produce. El futuro

La Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) es una red de técnicos innovadores que buscan nuevos desafíos en los sistemas productivos, bajo la consigna que se debe producir sin destruir.

"Si bien es cierto que el mundo económico suele utilizar otros paradigmas, nosotros aceptamos el desafío de producir alimentos de manera conservacionista", sostuvo Víctor Trucco, presidente de Aapresid. Sustentabilidad significa usar los recursos naturales y dejarlos en condiciones para que las próximas generaciones también puedan seguir utilizándolos. "Sabemos que con siembra directa, además de prevenir la erosión, retenemos carbono en el suelo y con eso mitigamos el efecto invernadero", continuó Trucco.

La siembra directa constituye la base de una agricultura sustentable de alta producción (ASAP), lo cual es una verdadera revolución. Por eso los productores argentinos deben seguir apostando a este sistema de producción conservacionista que es el mejor amigo del medio ambiente.

La biotecnología

Por otra parte, producir bajo la siembra directa va de la mano de producir con biotecnología, es decir, con organismos genéticamente modificados (OGM). En todo el mundo hay miles de científicos que luego de haber llevado adelante estudios serios durante más de 15 años, con rigurosos ensayos, confirman que no hay razón para dudar de la seguridad de los OGM que están disponibles en el mercado. Es más, ellos poseen muchos beneficios ambientales.

Los subsidios

El presidente de Aapresid se mostró totalmente contrario a los subsidios agrícolas, ya que consideró que contribuyen a la degradación de los suelos y la contaminación de las aguas y de la atmósfera. "Por eso, es impensable aceptar la política de la Unión Europea. No se puede argumentar que se está cuidando el ambiente con suelos degradados y con menos del 1% en materia orgánica, aguas contaminadas con agroquímicos, acuíferos al borde del agotamiento y una agricultura de labranza que se incrementa", finalizó Trucco.

El sistema debe profundizarse aún

Un tercio del área sembrada del país es directa.

A principios de 1999, la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) realizó una encuesta entre los productores líderes y técnicos vinculados para conocer la superficie del país dedicada a siembra directa. De ese estudio resultó que el 22% de la superficie con trigo, el 55% de la de soja, el 33% en maíz, el 29% en sorgo, el 11% en girasol y el 19% en verdeo se destinaban a producir en forma conservacionista. Esto dio un resultado a nivel país que el 32% de la superficie bajo cultivo se efectúa bajo el sistema de siembra directa, afirmó en Aapresid el especialista Rogelio Fogante. Este valor representa la tercera parte de la superficie. Actualmente, Santa Fe marcha primero seguida por Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Santiago del Estero y el resto del NOA.

"Esta tendencia -continuó el especialista-, se fundamenta por un problema del déficit hídrico, que hace que inmediatamente se tengan respuestas en siembra directa en aquellos ambientes donde los suelos presentan menor capacidad de retención de agua". En consecuencia, las zonas que más rápidamente adoptaron el sistema de siembra directa son aquellas donde el hecho de preservar la humedad se torna muy importante. En cambio, en buena parte de Buenos Aires los suelos permiten acumular mayor cantidad de agua y el régimen hídrico es favorable, haciendo que el impacto de la directa no sea tan evidente como en el grueso de Córdoba o Santa Fe. Aapresid considera que desde que se comenzó con la directa en Argentina, en la campaña 76/77, se creció rápidamente y el salto cuantitativo fue importante, pero no fue lo suficiente Tucumán se adaptó a la siembra directa

Las prácticas que ayudan a conservar los suelos posibilitan que la explotación de la tierra se haga de manera racional. El sistema se utiliza en un 80% de la región.

La siembra conservasionista o directa es una herramienta que el productor posee para explotar la tierra de manera racional y sustentable con la producción de granos.

Sebastián Robles Terán, asesor agrícola de productores sojeros de Tucumán, opina que la siembra directa "es una labranza que se quedará permanentemente en la zona y seguirá siendo usada por los productores, ya que no existen indicios técnicos y económicos de una nueva técnica que pueda reemplazarla".

Remarcó que esta es una técnica que se adaptó perfectamente a las condiciones agroecológicas de la región NOA y que es usada por la totalidad de los productores de granos . "Podemos decir que se la usa en el 80% de la superficie que se siembra en la región", apuntó.

Según Robles Terán, se observa que los lotes que más años de siembra directa tienen son aquellos que presentan mayores posibilidades de obtener mejores rendimientos por los efectos positivos que ejerce el sistema sobre los suelos.

"La implementación de la siembra directa, en lo que respecta a la zona del NOA, fue muy beneficiosa y la tendencia es a que se siga usándola", dijo el consultor. Recalcó que en los campos que se encuentren en condiciones de aplicar el esquema "seguramente el productor lo hará en un 100%".

Dejó en claro que aquellos lotes que no se adapten al sistema serán trabajados especialmente para ponerlos en condiciones de realizar la siembra directa, como sucede en los lotes descepados de caña de azúcar y los desmontes que se encuentren desnivelados. También se da el caso en lotes donde se quemó el rastrojo y también se aprovecha para su nivelación. Robles Terán sostiene que en los lotes que llegan en condiciones de realizar la labranza conservacionista, y que presentan la cobertura vegetal como rastrojo, no tiene ningún sentido hacer una labranza tradicional.

"Además -recalcó- hay que sumarle que el productor se encuentra con su parque de maquinarias adaptado a la labranza cero, por lo que el uso de la tradicional trae aparejado el cambiar la maquinaria que necesita". Existen argumentos técnicos, desde el punto de vista del cultivo, para usar la labranza cero. Al tener una cobertura adecuada, clave del éxito, el uso de ésta tecnología genera una menor evapotranspiración, un menor escurrimiento y una mayor retención de humedad por parte del suelo.

También provee de otro sustento económico, ya que con la estructura que se posee para la labranza cero se puede realizar la siembra de un mayor número de hectáreas, por lo que también pasa por una cuestión de realizar las siembras a un menor costo.

Buen impacto

Robles Terán asegura que el uso de la labranza conservasionista en la región impactó de una manera muy positiva y que el uso es generalizado, con muy buenos resultados.

"Al ser una zona donde tenemos una limitante hídrica, sin lluvias estables a lo largo del ciclo del cultivo, es necesario tomar recaudos de suministrar y conservar el agua en el suelo para que el cultivo prospere como corresponde, por lo que debemos eficientizar el uso del agua y esto se logra con una labranza cero bien entendida", apuntó.

Por otro lado en esta zona el tipo de empresas que realizan la producción de granos en el NOA, son adecuadas para utilizar este tipo de tecnología.

Robles Terán sostiene que no es lo mismo un chacarero del sur del país que siembra 200 hectáreas y tiene un régimen de lluvias estables, a un productor del NOA donde su siembra es mayor, tiene lluvias irregulares y debe sembrar oportunamente, por lo que debe realizar la siembra con el mayor número de hectáreas posibles por día, lo cual se logra con la siembra directa. "Es más fácil y económico utilizar variedades resistentes a enfermedades, usar RR o realizar aplicación de fungicidas e insecticidas en la siembra directa aquí en el norte, que realizar el cultivo del maíz y soja con siembra tradicional, salvo excepciones", finalizó Robles Terán.

La rotación de los cultivos

Sebastián Robles Terán considera que un aspecto que se debe tener en cuenta es la rotación del cultivo en la siembra directa. "Si la realizamos intercalando la siembra de maíz podemos tener un rastrojo adecuado para la futura siembra de soja", resaltó. "Además, se logran los beneficios que da la rotación del cultivo, como la disminución de la presión de plagas y enfermedades que da un monocultivo", concluyó.

La labranza cero es aceptada por todos

En el mundo se impone el sistema de siembra conservacionista. Los expertos afirman que el esquema ayuda a evitar daños irreversibles en la tierra.

La labranza cero está siendo aceptada universalmente como un sistema permanente en la producción de granos y rejuvenecimiento de praderas, manifestó Carlos Crovetto, en la última reunión de Aapresid, en Mar del Plata.

La labranza cero fue establecida en Latinoamérica en 1972 por el agricultor Herber Bartz, de Rolandia, Paraná, Brasil. Desde entonces, el sistema ha ganado terreno, especialmente en la década pasada, porque los productores han encontrado innumerables ventajas comparativas, lo que está masificando su uso. Crovetto señaló que las ventajas son cuantiosas. Se evita que la erosión de los suelos tanto la hídrica como la eólica provoquen efectos negativos irreversibles en los campos. También sirve para evitar el planchado de los suelos y brinda una mayor disponibilidad de agua en el perfil. Posibilita el aprovechamiento del agua. Por otra parte, mejora la capacidad tampón del suelo, aumenta la capacidad de intercambio catiónico y el fósforo está más disponible.

La labranza cero ayuda a realizar siembras más oportunas y menos problemáticas, los costos de producción se reducen y se pueden aprovechar eficientemente los fenómenos naturales para enriquecer los suelos. "Estoy convencido de que los productores que han aceptado la cero labranza como un sistema permanente de producción vegetal están hoy en mejores condiciones competitivas, lo que puede asegurar su permanencia aún bajo críticas condiciones de mercado", continuó Crovetto.

Paralelamente con mejorar la productividad del campo, la labranza cero ofrece al productor otras ventajas, como menores costos de producción, especialmente en la economía de nutrientes para las plantas. Los nutrientes surgen espontáneamente después de algunos años sin arar y manejar eficientemente los rastrojos de las cosechas.

Otro de los factores más importantes es que esta práctica conservacionista estimula la acumulación de carbono orgánico en el suelo, el que lentamente es transformado en compuestos húmicos debido a la presencia activa de microorganismos y mesofauna degradadores de los rastrojos de cosechas.

El carbono orgánico es el principal alimento de organismos y microorganismos del suelo y cuando éste abunda su población aumenta. En estas circunstancias, la activa presencia de la biología del suelo inicia una serie de beneficios adicionales cuando los rastrojos se mantienen en la superficie. "El productor que siembra sin arar, cosecha doble: el grano y la paja. El grano es para el hombre lo que el rastrojo para el suelo. Este es el valor que los agricultores debemos pagar por utilizar el suelo", finalizó Crovetto.

La importancia de producir alimentos conservando la vida últil de los suelos

La agricultura sustentable representa una verdadera revolución por los beneficios que produce. El futuro

La Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) es una red de técnicos innovadores que buscan nuevos desafíos en los sistemas productivos, bajo la consigna que se debe producir sin destruir. "Si bien es cierto que el mundo económico suele utilizar otros paradigmas, nosotros aceptamos el desafío de producir alimentos de manera conservacionista", sostuvo Víctor Trucco, presidente de Aapresid.
Sustentabilidad significa usar los recursos naturales y dejarlos en condiciones para que las próximas generaciones también puedan seguir utilizándolos. "Sabemos que con siembra directa, además de prevenir la erosión, retenemos carbono en el suelo y con eso mitigamos el efecto invernadero", continuó Trucco. La siembra directa constituye la base de una agricultura sustentable de alta producción (ASAP), lo cual es una verdadera revolución. Por eso los productores argentinos deben seguir apostando a este sistema de producción conservacionista que es el mejor amigo del medio ambiente.

La biotecnología

Por otra parte, producir bajo la siembra directa va de la mano de producir con biotecnología, es decir, con organismos genéticamente modificados (OGM). En todo el mundo hay miles de científicos que luego de haber llevado adelante estudios serios durante más de 15 años, con rigurosos ensayos, confirman que no hay razón para dudar de la seguridad de los OGM que están disponibles en el mercado. Es más, ellos poseen muchos beneficios ambientales.

Los subsidios

El presidente de Aapresid se mostró totalmente contrario a los subsidios agrícolas, ya que consideró que contribuyen a la degradación de los suelos y la contaminación de las aguas y de la atmósfera. "Por eso, es impensable aceptar la política de la Unión Europea. No se puede argumentar que se está cuidando el ambiente con suelos degradados y con menos del 1% en materia orgánica, aguas contaminadas con agroquímicos, acuíferos al borde del agotamiento y una agricultura de labranza que se incrementa", finalizó Trucco.

El sistema debe profundizarse aún

Un tercio del área sembrada del país es directa

A principios de 1999, la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) realizó una encuesta entre los productores líderes y técnicos vinculados para conocer la superficie del país dedicada a siembra directa. De ese estudio resultó que el 22% de la superficie con trigo, el 55% de la de soja, el 33% en maíz, el 29% en sorgo, el 11% en girasol y el 19% en verdeo se destinaban a producir en forma conservacionista. Esto dio un resultado a nivel país que el 32% de la superficie bajo cultivo se efectúa bajo el sistema de siembra directa, afirmó en Aapresid el especialista Rogelio Fogante.

Este valor representa la tercera parte de la superficie. Actualmente, Santa Fe marcha primero seguida por Córdoba, Buenos Aires, Entre Ríos, La Pampa, Santiago del Estero y el resto del NOA. "Esta tendencia -continuó el especialista-, se fundamenta por un problema del déficit hídrico, que hace que inmediatamente se tengan respuestas en siembra directa en aquellos ambientes donde los suelos presentan menor capacidad de retención de agua". En consecuencia, las zonas que más rápidamente adoptaron el sistema de siembra directa son aquellas donde el hecho de preservar la humedad se torna muy importante. En cambio, en buena parte de Buenos Aires los suelos permiten acumular mayor cantidad de agua y el régimen hídrico es favorable, haciendo que el impacto de la directa no sea tan evidente como en el grueso de Córdoba o Santa Fe. Aapresid considera que desde que se comenzó con la directa en Argentina, en la campaña 76/77, se creció rápidamente y el salto cuantitativo fue importante, pero no fue lo suficiente

Fuente: Suplemento Rural, La Gaceta - Tucumán (09/12/00)
 

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