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Agricultura de Conservación: su viabilidad agronómica, práctica y económica

El progreso mal entendido de la humanidad en general está comprometiendo seriamente la capacidad de la tierra y del suelo para que pueda seguir dándonos sus frutos.

La llamada era industrial, ha sido la principal culpable del deterioro medio ambiental y ha contagiado al sector agrario sus formas irracionales de producir. La introducción de criteriosecologistas en las formas de producción industrial implican casi siempre, el aumento de costos y esto se comprende ya que se trata de conseguir un producto natural partiendo de un proceso artificial; en la agricultura tradicional se encarecen los costos, pero por lo contrario, se interfiere demasiado en el proceso de producción natural de nuestro suelo con el exceso de productos y labores artificiales; durante décadas las tierras destinadas a la agricultura han sido esquilmadas y compensadas sus pérdidas con aportaciones exageradas de abonos químicos, con ello hemos prolongado su fertilidad artificialmente pero hemos limitado también la capacidad natural que tienen nuestros suelos de autorregenerarse.

Según los técnicos especialistas, mi propia experiencia y la lógica, el laboreo incorrecto e irracional constituye un riesgo para la agricultura y contribuye dramáticamente a aumentar la erosión, y con ello la pérdida de fertilidad y de capacidad productiva de los suelos, al mismo tiempo que encarece los costos al mantener sistemas agrícolas inapropiados. Esto se agrava con la quema de rastrojos, que representa además la emisión masiva y muy rápida de C02 a la atmósfera, por lo que contribuye al comprobado aumento en dióxido de carbono, que parece ser una de las causas del efecto invernadero del que tantos daños empiezan a notarse en nuestros campos.

La forma de labranza tradicional destruye gran parte de la fauna viva de nuestros suelos, que resulta ser muy positiva para nuestros cultivos; siendo especialmente destructivas estas labores para una de las principales aliadas de los agricultores, que son las lombrices.

Como dato ilustrativo, desde épocas remotas, hace más de dos mil años, en Egipto los faraones, por medio de edictos, protegían las lombrices impidiendo extraerlas del medio natural. El naturista Charles Darwin, en el siglo pasado estudió estos enélidos, afirmando que mucho antes de ser labrada la tierra por el hombre, ya lo hacían las lombrices de forma natural, concluyendo que eran individuos muy útiles para la fertilidad de los suelos y que mejoraban sus características físicas.

En un conteo que yo mismo he realizado en un metro cuadrado de tierra labrada de forma convencional, he podido encontrar, en la primera capa de tierra, entre cinco y diez centímetros, dos lombrices; en este mismo conteo, hecho en parcela de siembra directa en su sexto año, el resultado ha sido de cuarenta y dos.

Por otra parte, el laboreo de conservación nos permite dejar sobre el suelolos residuos del cultivo anterior, lo cual resuelve, en gran parte, el problema de la erosión, se conserva mejor la humedad del suelo, permitiendo a la vez mayor permeabilidad y aumentando la materia orgánica y, en definitiva, la vida en nuestras parcelas.

Intento demostrar que la agricultura de conservación es una opción capaz de generar mejores márgenes económicos, preservando el recurso más importante para nosotros y las generaciones venideras que es el suelo.

El llamado aquí laboreo de conservación es sinónimo de Agricultura Sustentable; este concepto es el que manejan nuestros compañeros argentinos, brasileños y chilenos.

Yo he tenido la suerte también de visitar estos países y conocer su agricultura. Sobre todo me llamó muchísimo la atención el grado de sensibilidad que se apreciaba respecto al suelo y su conservación; llega a ser una obsesión por parte de algunos de los productores, que calificaban de agresión cualquier forma de cultivo que conllevara el más mínimo cambio en la estructura natural de la tierra.

Tengo que reseñar que en Sudamérica tienen niveles de materia orgánica en sus suelos diez veces superiores a los nuestros, y que por tanto se podrían permitir perder algo de esta fertilidad. En nuestro país, sin embargo, a poco más que perdamos, tendremos un auténtico desierto.

Hace tres años, en Kenia, tuvo lugar una convención internacional sobre desertificación, organizado por la O.N.U.; los datos que se han publicado sobre España hablan de que más del 40% de nuestra superficie está afectada; una de las causas de este proceso de desertificación se dice que son las malas técnicas agrícolas..

La agricultura será, lo es ya, la principal afectada por estos males, y los agricultores hemos de ser los primeros en intentar poner freno a este deterioro de nuestro medio de vida y sustento.

SIEMBRA DIRECTA (LABRANZA CERO)

Cualquier teoría ha de explicarse amplia y detalladamente, y para eso sirven los congresos, en ellos se aportan ideas y datos valiosísimos, pero de su desarrollo y su aplicación en la práctica dependerá su utilidad o no; este es el caso de la Siembra Directa, cuyo beneficio está avalado por cientos de miles de agricultores en el mundo, que practican esta técnica, uno de esos agricultores soy yo, y desde esta perspectiva personal trataré de explicar como me inicié, porqué la practico y cuales son los resultados.

En la época que yo empecé a cambiar las formas de siembra, la agricultura sufría un gran retraso técnico y profesional con respecto a otros sectores; Había muchas cosas por hacer para mejorarla, y precisamente leyendo mucha agronomía, y asistiendo a conferencias, adquirí la base técnica suficiente como para iniciar la experimentación de nuevos cultivos, nuevas variedades de semillas y otras técnicas más rápidas, más baratas y menos agresivas.

Mi primera experiencia con siembra directa lo fue hace quince años, cuando Monsanto me prestó una máquina de discos fabricada en Irlanda (Moore), sembré con ella parcialmente mi explotación durante dos años; daba muchos problemas, sobre todo trabajando con humedad y con piedras; creyendo en la técnica y con perseverancia insistí durante dos años más, finalmente tuve que desistir por sus resultados. Todo aquello me sirvió para adquirir experiencia y saber como no hay que hacer la siembra directa. En este caso la idea era más avanzada que la máquina. En 1986 asistí al Primer Simposium Internacional sobre Mínimo Laboreo y Siembra Directa en Cultivos Herbáceos que se celebró en Madrid, que vino a reforzar mucho más mis teorías.

Sucedieron unos años de transición haciendo mínimo laboreo, esperando que alguien diseñara una máquina mejor, más adaptada a las condiciones de suelo de mi explotación; esta no llegaba y comencé, en 1988, a hacer siembra semidirecta con mi máquina convencional, incluyendo en la misma pasada un pequeño kongskilder. En estas condiciones el resultado económico final me reportaba beneficios, a pesar de no ser, ni mucho menos, la forma más apropiada para realizar una buena siembra. Adquirí en el año 1992 una de las dos primeras máquinas especificas de fabricación nacional que se comercializaron en nuestro país; desde ese año, y con la experiencia adquirida anteriormente fui mejorando la técnica, consiguiendo muy buenos resultados, tanto en producciones como en beneficios económicos.

En la actualidad cultivo quinientas cinco hectáreas de secano y catorce de regadío. Para realizar estas labores todo mi parque de maquinaria consiste en un chisel, un buen equipo de tratamiento con marcadores de espuma, una máquina de siembra directa, una abonadora, una pala cargadora, un remolque y un tractor de ciento treinta caballos de potencia, quiere decir esto que mi índice de caballos por hectárea es de 0'25, por lo tanto 5 veces por debajo, no ya de la media española, sino también de la europea.

Procuro si se trata de una parcela que trabajo por primera vez hacer una labor vertical profunda de chisel, con pocos brazos y reja cavadora ( un semisubsolado); el fin que persigo es romper suela de labor generada por las labores horizontales de los anteriores agricultores a lo largo de los años. A partir de aquí y en lo sucesivo, realizo siempre la siembra directa, o en su caso, siembra sobre cubierta vegetal establecida. Mi experiencia máxima, dentro de la misma parcela y en siembra consecutiva es de nueve años, observando mejores resultados cada año; puede deducirse que en la medida en que se va mejorando la estructura natural del suelo las cosechas son mejores.

La alternativa de cultivos me la planteo a seis años, y consiste en poner girasol el primer año, para seguir rompiendo suela; el segundo año siembro trigo, el tercero leguminosas (veza, yeros, garbanzos), cuarto trigo, quinto colza y sexto trigo.

En estos últimos años he incorporado también el lino oleaginoso, y en las parcelas de mejor calidad, el lino textil y el cáñamo; en todos los casos, los nuevos cultivos y variedades que incorporo de forma extensiva a mi explotación les tengo previamente probados y contrastados en microparcelas de ensayos, para ello tengo destinadas a este fin cinco hectáreas de mi explotación. Una parte de la siembra directa la realizo sobre cubierta vegetal, a la que yo califico "agricultura de recuperación", que consiste en establecer una cubierta forrajera, y sobre ella realizar la siembra definitiva del cultivo. Decir también, que la gran parte de mis producciones son multiplicaciones de semillas en colaboración con distintas casas productoras, lo cual demuestra que cumplen las exigencias en cuanto a calidad y limpieza que pide el Instituto Nacional de Semillas y Plantas de Viveros.

Desde mi punto de vista, esta técnica tiene ventajas y, por supuesto, limitaciones; para conseguir aprovecharnos al máximo de estos beneficios y de aminorar los inconvenientes hemos Je contemplarla, siempre, dentro de un plan integral de mejora de nuestra explotación; y para obtener los resultados apetecidos tenemos que complementarla con una serie de prácticas que son:

1. Pensar que parcelas destinaremos para siembra directa antes de cosechar, como norma general tendremos que dejar el rastrojo lo más alto posible cuando se trate de siembra con máquina de discos, y segarlo más bajo cuando la siembra la vayamos a realizar con máquina de reja; no pisar la parcela innecesariamente ni con los remolques ni con la máquina, y es imprescindible empacar, o mejor, trillar la paja.

2. elegir el tipo de máquina que mejor se adapte a nuestro campo, valorando sus prestaciones y costo de adquisición; siendo importante su elección, no es, desde mi punto de vista, el factor más decisorio de cara a conseguir una buena cosecha.

3. Los tratamientos con herbicidas : este apartado es absolutamente determinante para el éxito de esta siembra, y dependerá de como manejemos estos productos.

Ejemplos: momento de aplicación y posibles mezclas, dependiendo del tipo de hierbas, estado vegetativo, humedad en el suelo, temperatura ambiente, horas de luz, residuos vegetales en superficie, características del equipo, calidad del agua, capacitación del tractorista.

4. fertilización; hay que partir del correspondiente análisis de nuestra tierra, y en función de este resultado la aportación del abonado ha de ser la más apropiada para el cultivo que vamos a sembrar; esto es válido también para la siembra convencional; quizá en siembra directa, en los primeros años, tengamos que emplear un quince o un veinte por ciento más en unidades de nitrógeno, para ayudar a la descomposición de los residuos vegetales.

5. Forma de siembra: procuraremos sembrar perpendicularmente a las líneas de la cosechadora; al principio, hasta que tengamos cubierta vegetal abundante, utilizaremos un diez por ciento más de semilla; la profundidad de siembra dependerá del tipo de máquina y de como queden de compactadas las líneas, de la humedad y de la época en que se realice esta labor, y por supuesto, de las características de la semilla; en general, podría aconsejar, que la semilla ha de localizarse más superficial que en una siembra convencional, en el caso de la siembra de otoño, y más profunda en la siembra primaveral.

6. Seguimiento del cultivo: para obtener buenos resultados de cosecha, todo buen agricultor está obligado a vigilar permanentemente la evolución de sus cultivos, desde que se siembra hasta que se recoge; en la siembra directa esto se hace mucho más necesario y es preciso visitar nuestras parcelas frecuentemente para ver carencias del cultivo , infestación y evolución de las malas hierbas, etc. La técnica empleada en Agricultura de Conservación viene a ser todo lo contrario de lo que en algunas ocasiones se dice, que está pensada para agricultores cómodos y especuladores; cuando la siembra directa se hace con esta idea, nunca dará resultado positivo.

ROTACIÓN DE CULTIVOS

Una adecuada alternativa de cultivos equivale a diversificar riesgos, y es, desde el punto de vista agronómico, una práctica aconsejable para cualquier explotación. En el caso de la siembra directa adquiere especial relevancia y tiene grandes ventajas añadidas tan importantes, que podrían determinar el éxito o el fracaso de la técnica, por varias razones.

Esta práctica nos facilita el control de algunas hierbas bianuales y de gramíneas como el bromus, al poder tratarlas con herbicidas selectivos.

La siembra consecutiva de un mismo cultivo, se sospecha que pudiera acentuar el riesgo de plagas y enfermedades criptogámicas endémicas, sobre todo en terrenos con abundante cubierta vegetal. Alternando los cultivos atenuamos el peligro porque las plagas y enfermedades suelen ser distintas para cada uno de ellos, y siempre nos resultará más fácil su control.

Al mismo tiempo, en el caso de cultivos con raíz pivotante, como colza o girasol y en menor medida el lino, nos rompen suela de labor y nos trasladan más abajo los abonos de superficie y el agua, ejerciendo una labor de arada natural mejorando muchísimo la estructura física de nuestra tierra.

Los residuos vegetales aportados por las diferentes especies nos dejan en superficie una cubierta vegetal mucho más heterogénea y beneficiosa para nuestro campo por las distintas restituciones que nos aportan; estos cambios de rastrojeras nos facilitan también las labores de siembra.

Como ya sabemos, los márgenes comerciales que obtenemos por hectárea son muy reducidos, por lo que estamos obligados a sembrar mucha superficie para lograr beneficios suficientes. Alternar cultivos con distinto ciclo vegetativo nos permite ampliar la campaña de siembra, adaptando cada cultivo a su época adecuada; disponiendo de un tiempo real de siembra que va de Septiembre a Mayo; en todo estos meses podemos sembrar, que no arar, muchas hectáreas. Una de las preguntas que con insistencia se me hacen es que cada cuantos años seria conveniente alternar siembra directa- siembra convencional, la respuesta es nunca, y los cultivos todos los años.

Hasta que no llegó la moda subvencionada del girasol, gran parte de las explotaciones de secano se dedicaban a producir, casi en exclusiva, cereales; está muy bien aprovecharnos de esas coyunturas de las ayudas; en cualquier caso, esto siempre debe de ser el complemento y no la base de nuestro proyecto de siembra. Yo se sobradamente que los planteamientos que hacemos no siempre se pueden cumplir por imperativos del clima, sin embargo es imprescindible que tengamos diseñado este plan de cultivos desde mucho antes de la campaña.

En definitiva, yo no concibo la agricultura viable, a medio plazo, que se base en el monocultivo y sin considerar una adecuada rotación; esta alternancia en cultivos será distinta en cada zona y en cada explotación, pero en todo caso aconsejable, ello a pesar de las dificultades que pueda tener, tanto de comercialización como de adaptación a determinados climas, de todo ello yo soy consciente.

Autor: Alejandro Tapia Peñalba (Agricultor y Presidente de ABULAC)
Fuente: Asociación Burgalesa de Laboreo de Conservación (ABULAC)
Provincia de Burgos - España

 

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