Los avances tecnológicos, el crecimiento de la población, el incremento
exponencial del consumo está sometiendo a nuestro Planeta, a una presión jamás experimentada.
El hombre fue insignificante ante la naturaleza hasta ahora. Pero al hacer un balance, descubrimos que el clima está cambiando como consecuencia del incremento de la temperatura media de la Tierra; que el agua potable empieza a escasear en muchas parte del mundo; los suelos están perdiendo productividad por la erosión, desertificación y contaminación; la destrucción de la capa de ozono ha
perturbado la filtración de rayos solares con sus consecuencias sobre los seres vivos; y la pérdida de biodiversidad tiene una magnitud desconocida y unas consecuencias imprevisibles.
Los negocios hasta ahora no se han ocupado de estos temas importantes, porque no tienen valor en el mercado. ¿Qué cambia en el valor de una tonelada de soja, si el suelo se ha degradado con su cultivo, ha perdido importantes nutrientes y la valiosa materia orgánica?.
Lo que no tiene precio, no se cuida. Los
reclamos sobre las cuestiones ecológicas y los recursos naturales han pasado a ser el objetivo de grupos ambientalistas; muchos seriamente preocupa-dos y otros que han hecho de estas razones causas políticas e ideológicas, que procuran obstruir el desarrollo moderno.
El sistema actual de producción ha generado problemas, pero también le ha permitido a la sociedad alcanzar niveles de vida nunca antes imaginados.
No se trata, entonces, de continuar con un desarrollo que impulse un
bienestar, a costa de recursos que se deben preservar para las próximas generaciones. Tampoco podemos dar lugar a reclamos que no midan las consecuencias in-mediatas sobre la economía actual, que conduzcan a la falta de alimentos, desocupación y pérdida de la calidad de vida.
La alternativa es el desarrollo sustentable, es decir aquél que permita el desarrollo actual preservando los recursos, para que las próximas generaciones puedan hacer lo propio. Esto es posible. Lo que ha ocurrido
hasta ahora es que el desarrollo sustentable ha quedado para los discursos, y tiene que transformarse en hechos para hacerse realidad.
Para hacer del desarrollo sustentable una realidad, "los servicios ecológicos" tienen que empezar a contabilizarse en la ecuación económica de los negocios. De este modo la economía de mercado daría una respuesta responsable a los reclamos justos de las personas preocupadas.
Los "servicios ecológicos" son definidos como los procesos y condiciones de los
ecosistemas naturales que soportan la actividad humana y sostienen la vida del hombre. Estos servicios incluyen el mantenimiento de la fertilidad del suelo, la regulación del clima y el control natural de las plagas, y proveen los flujos beneficiosos de los ecosistemas como alimentos, maderas y agua fresca (Nature, 11 mayo de 2000). Ecologistas y economistas están empezando a cuantificar estos impactos de los servicios ecológicos para darles un valor económico.
Es en este contexto que creo
aparece un nuevo paradigma económico, que no surge de un día para otro, se empieza a construir de a poco; y eso es lo que está pasando con el cambio climático y el Mercado de Carbono.
Efecto Invernadero
La temperatura dentro de un invernáculo es mayor que la del ambiente, porque el vidrio que lo cubre no permite que las radiaciones de onda larga que recibe se reflejen fuera del mismo. Algunos gases en la atmósfera poseen propiedades análogas al vidrio, y no permiten que
las radiaciones de onda larga se reflejen nuevamente en el espacio y por lo tanto vuelven a la Tierra.
Estos gases son de origen natural y sintético. Los gases naturales incluyen: vapor de agua, dióxido de carbono, monóxido de carbono, metano, óxidos de nitrógeno y ozono. Los gases sintéticos son los compuestos clorofluorcarbonados y clorofluorhidrocarbonados.
La capacidad de la atmósfera de atrapar el calor solar depende de la concentración de estos gases, naturales y sintéticos. Como
consecuencia, el efecto nocivo que estos gases sintéticos tienen sobre la capa de ozono ha llevado al compromiso adoptado en el Protocolo de Montreal 1987 y su concentración ha empezado a descender. Por lo tanto, nos referiremos sólo a las modificaciones de las concentraciones de los gases naturales en la atmósfera.
El Cambio Climático
Hace tiempo que los científicos advierten sobre los cambios que se observan en el clima y esta preocupación se institucionalizó en 1992,
en la Reunión Cumbre que se realizó en Río de Janeiro, durante la cual quedó constituida la Convención de Cambio Climático, a la cual se le confirió la misión de promover las investigaciones y acciones tendientes a controlar el cambio climático.
En primer lugar, se estableció la relación causa efecto que existe entre el in-cremento de la temperatura media de la Tierra y el cambio en el clima, y la correlación que existe entre este fenómeno y el incremento de emisiones de gases que tienen
"efecto invernadero".
Es decir, la formación de una capa en la atmósfera que impide la salida de radiaciones provenientes del sol y que son reflejadas en la Tierra, pero que al quedar atrapadas en la atmósfera del Planeta producen su recalentamiento.
Este fenómeno en principio es positivo; sin el mismo no sería posible la vida en la Tierra, ya que la temperatura de la misma sin efecto invernadero sería de - 18 ° C en lugar de los habitables 15° C, que tenemos como temperatura media
global.
A partir de la era industrial, se ha acelerado la generación de los "gases natura-les", como consecuencia del uso de combustibles y de la agriculturización intensiva. Este enriquecimiento de gases en la atmósfera ha generado un incremento de la temperatura media global de la tierra, que se ha denominado "efecto invernadero", por asimilación con lo que ocurre en un invernáculo. Algunos climatólogos creen que el incremento en la temperatura fue de 0.5° C en los últimos cien años, y
proyectan que, de continuar la tendencia actual, ese incremento estaría entre 1 y 5° C, en los próximos cien años. De ocurrir esto, se producirían grandes cambios en la vegetación y en las zonas ecológicas.
Para prever que el calentamiento alcance este nivel, la comunidad mundial ha propuesto objetivos de estabilización de la concentración de gases con efecto invernadero a largo plazo. El escenario que se proyecta, de no producir cambios, es 700 ppmv (partes por millón en volumen) de CO2
en la atmósfera para el año 2100.
Para que este nivel no sea alcanzado se necesita no sólo disminuir las emisiones, sino también aumentar el "secuestro de carbono" del CO2 de la atmósfera y fijarlo al suelo y a los ecosistemas terrestres y acuáticos. Efecto denominado de "mitigación".
Agricultura y cambios en el uso de la tierra, incluyendo la deforestación.
La actividad agropecuaria contribuye con el 20% al calentamiento de la atmósfera, La
deforestación, quema de biomasa y otros cambios en el uso de la tierra, contribuyen con otro 14 % de la fuerza de calentamiento de la atmósfera. Es decir que, entre la agricultura y los cambios en los usos del suelo incluyen-do la deforestación, es responsable de un 34 % del efecto invernadero.
El área total de bosques tropicales es de 1900 millones de hectáreas y la tasa de deforestación es de 0.9 % al año, es decir 17 millones de hectáreas al año, lo que indicaría que en poco más de 100
años no quedarían bosques tropicales. Las principales regiones de deforestación son la cuenca del Amazonas, América Central, la cuenca del Congo y Sumatra.
Las emisiones de gases con efecto invernadero se deben a la quema y des-composición de la biomasa, y mineralización del carbono contenido en la materia orgánica del suelo. Un fenómeno similar ocurre con la labranzas de los suelos; siendo ésta la principal fuente de emisión de CO2 de las tierras cultivadas.
Tenemos también como
fuentes de gases, los provenientes de la actividad ganadera, las emisiones de óxidos de nitrógeno y amoníaco, proveniente de los feedlots y de la actividad microbiana sobre suelos inundados y sobre la aplicación de fertilizantes y guanos.
El excesivo uso de fertilizantes químicos puede exacerbar las emisiones de óxido de nitrógeno. Además de producir acidificación de los suelos y eutroficación de las aguas, se produce una degradación de los suelos y ecosistemas. Como resultado de este
proceso se consigue una pérdida de productividad de los mismos y por lo tanto la reducción de su capacidad de secuestro de carbono.
Siembra directa y secuestro de Carbono
El suelo es finalmente el depósito del carbono, porque el CO2 tomado de la atmósfera vía fotosíntesis puede ser almacenado en el suelo o en los organismos vivos o sus residuos, como los rastrojos de los cultivos. El humus del suelo es resistente a la actividad biológica y resiste la
degradación por varias décadas o centurias.
Por este motivo, al eliminar las labranzas, la agricultura tiene un resultado in-verso sobre el carbono, lejos de perderse del suelo éste se enriquece. Se elimina el proceso de mineralización de la materia orgánica y se genera un pro-ceso de enriquecimiento. Los rastrojos se transforman en materia orgánica, y de este modo la agricultura contribuye al secuestro de carbono.
Sin dudas, es la siembra directa la estrategia adecuada para mejorar los
suelos, mediante el incremento de su materia orgánica; con lo cual atrapamos carbono al mismo tiempo que mejoramos la fertilidad, aumentando el potencial productivo de los suelos. Iniciamos así un circulo virtuoso: mejores suelos, mejores producciones, mayor generación de materia orgánica, secuestro de carbono, y el consecuente mejoramiento de los suelos…
Protocolo de Kyoto
En el año 1997, en la ciudad de Kyoto, Japón, la Convención de Cambio Climático llegó a un acuerdo
y se firmó un documento que lleva el nombre de Protocolo de Kyoto, por el cual los países se comprometen a reducir sus emisiones de gases con efecto invernadero, un 5% respecto del nivel del año 1990, para el período 2008-2012.
En este documento hay países, los más desarrollados, para los cuales el compromiso es obligatorio; en tanto que para otros, entre los que se encuentra nuestro país, es voluntario.
El cumplimiento del Protocolo de Kyoto, no es simple; porque reducir emisiones exige
cambios tecnológicos, que requieren grandes inversiones, y en muchos casos cambian sustancialmente los costos. Por este motivo, aún la mayor parte de los países obligados no han ratificado el Protocolo, cosa que deben hacer sus respectivos Congresos. EEUU no lo ha ratificado aún.
Comercio de Emisiones
Para poder alcanzar el cumplimiento de las metas, el Protocolo ha previsto fórmulas de compromiso, como es el Comercio de Emisiones; es decir que, si una empresa
no puede cumplir total o parcialmente sus compromisos de reducción de emisiones, pueda adquirir en el mercado, de aquellas actividades que secuestran carbono, estos créditos, de modo de cumplir sus metas y postergar los cambios tecnológicos, por razones económicas o de tiempo, etc..
De este modo, se lograría una reducción global de emisiones, donde los excesos de emisiones de unos se compensarían con el secuestro de gases de otras actividades.
La primera actividad que fue aceptada por el
IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) como secuestradora de carbono fue la forestación, dado que los árboles a través de la fotosíntesis producen fijación del anhídrido carbónico de la atmósfera para transformarlo en madera.
La otra actividad agropecuaria que está siendo reconocida como secuestradora de carbono es la siembra directa, dado que, contrariamente a lo que ocurre con la agricultura convencional, se produce un incremento de la materia orgánica del suelo. El carbono
de la atmósfera pasa a la planta por el proceso de fotosíntesis y al final del ciclo queda en los rastrojos, que finalmente se transforma en materia orgánica, la cual, si no es oxidada por labranzas, permanece retenida y formando parte del humus del suelo.
De modo que la siembra directa brinda un "servicio ecológico" y, a través de los créditos de carbono, puede constituir uno de los primeros ejemplos que permitan hacer del desarrollo sustentable un negocio, porque incorporaríamos a los
ingresos de la producción los provenientes del servicio ecológico, que la siembra directa brinda.
Quien pagaría este servicio es un cliente, que es aquella empresa que requiere adquirir créditos de carbono, para cumplir con determinadas metas.
Tenemos entonces los dos componentes de la economía de mercado: oferta y demanda. Estamos frente a la posibilidad de una transacción económica, un negocio no sólo de las partes, un negocio para la naturaleza, un negocio para la humanidad.
Conclusiones
El avance del conocimiento que caracteriza la era actual nos trae muchos beneficios, pero también nos trae preocupaciones. Conocer los costos de nuestros hábitos nos genera responsabilidades. Hoy sabemos que el alto consumo de combustibles fósiles y la forma de producir no es conveniente, no tiene futuro.
También el conocimiento nos trae alternativas y las tenemos que tomar.
Esto es fácil de decir, no tanto llevarlo a cabo, por las ataduras que tenemos con
las costumbres, los viejos paradigmas.
Pues bien, estamos frente a una oportunidad, debemos cambiar los paradigmas, pensar que se puede producir de otra manera, que existen nuevos negocios, que no son sólo nuestros, son los de la naturaleza, que es la que nos provee el aire que respiramos, el agua pura que bebemos y el ambiente confortable que podemos disfrutar. Hagamos de su cuidado nuestro negocio. También tengamos temor, porque como dice un amigo entrañable, Nono Pereira, Presidente de
la Federación Basileña de Plantío
Directo en la Paja:"La naturaleza no se cobra, se venga".
Autor: Víctor Hugo Trucco