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La difusión de la siembra directa (SD) Esta innovación tecnológica, que, básicamente, consiste en depositar la semilla en el suelo a la profundidad requerida con un mínimo de perturbación de la estructura edáfica, está siendo adoptada por los productores argentinos a una tasa muy elevada, a partir de la campaña 1990-91.Tal como se puede ver en la Fig.
17, se pasó de 300 mil hectáreas en 1990-91, a 5,5 millones de ha en la campaña agrícola 97-98, lo que representa aproximadamente el 25% del total del área cultivada promedio del trienio 1995-98. Fig. 17 Argentina – Evolución del área con Siembra Directa
En la Fig. 18 se presenta, para su comparación con el caso argentino, la evolución, en el período 1989-1996, de la adopción de la misma tecnología en los Estados Unidos, al cabo del cual se alcanza una superficie de 43 millones de acres, lo que equivale al 15% del total del área cultivada (288 millones de acres). Este dato viene a confirmar que la expansión de la práctica en Argentina
se ha estado produciendo a una tasa muy alta y ya ha superado a los Estados Unidos como proporción del área cultivadaFig. 18. Estados Unidos – Evolución del área con Siembra Directa
En el caso de esta tecnología, los determinantes de su adopción en el caso argentino son básicamente tres:1.Disponibilidad en el mercado de las sembradoras. 2.Efectos acumulados de la erosión de suelos que afectan el resultado operativo de las empresas agropecuarias. 3. Reducción de costos directos por hectárea por eliminación de labores. Esto significa que, la internalización de la externalidad negativa representada por el deterioro de
los suelos agrícolas fue inducida por señales de mercado, no por consideraciones intergeneracionales ni marcos regulatorios específicos. El daño ya estaba hecho y la decisión de adquirir las sembradoras directas es perfectamente compatible con la maximización de beneficios privados. Ello es así porque el costo "social" (pérdida de fertilidad) ya ha sido incurrido. Analizando comparativamente la situación de la difusión de la siembra directa en Argentina y
Estados Unidos, llama la atención otra diferencia, puesta en evidencia mediante la aproximación matemática a una función no linear, de los datos presentados en los gráficos anteriores. Ha sido claramente demostrado (Byerlee y Polanco, 1982), que las innovaciones tecnológicas son adoptadas en el tiempo siguiendo una distribución normal (o campana de Gauss), cuya representación, cuando los valores se registran de manera acumulativa, es una función sigmoidea
(o distribución logística), con forma de "S".
En la Fig. 21 se ha proyectado matemáticamente, con un horizonte de 7 años (partiendo de 1996), el proceso de difusión para los Estados Unidos y, en la Fig. 22, se ha hecho lo mismo para el caso
de Argentina, con un horizonte a 5 años a partir de 1997/98. Del análisis preliminar, surge claramente que Estados Unidos está entrando de la faz asintótica del proceso (representado por un amesetamiento de la curva de adopción), lo que significa que la práctica no se difundirá mucho más que los valores observados para 1996, llegando apenas a los 45 millones de acres en 2003; mientras que Argentina, por el contrario, parecería encontrarse aproximadamente en el punto
medio de la fase exponencial del proceso de adopción de la tecnología. La proyección para nuestro país para 2002/03 es de 11 millones de hectáreas con SD. Las implicancias de las magnitudes en juego deberían ser analizadas en mayor detalle desde más de una dimensión (impacto sobre el recurso suelo y capacidad potencial de captura de Carbono, por ejemplo). 
Implicancias de la siembra directa en la mitigación del efecto invernadero
Existe en este tema un aspecto novedoso, que puede constituir una externalidad positiva de la tecnología de siembra directa. Recientes investigaciones realizadas en Estados Unidos (Lal et al, 1998), sugieren que los métodos de labranza convencionales contribuyen en escasa proporción a la liberación de gases de invernadero, particularmente CO2. Estos estudios estiman que las áreas bajo cultivo en Estados Unidos han perdido a través de este mecanismo, desde el inicio de la
actividad agrícola, un total de 5.000 millones de toneladas métricas de equivalente carbono (MMTC) (55.000 millones en todo el mundo). Aún cuando la adopción de la siembra directa reduce considerablemente estas emisiones, el mayor impacto de esta tecnología tiene que ver más con la capacidad de secuestro de carbono (o mitigación del efecto invernadero como contrapartida de la emisión). Algunos datos experimentales estiman que la siembra directa, en reemplazo de los métodos
tradicionales de labranza, podría secuestrar hasta 17 MMTC por cada millón de hectáreas. Extrapolando estos datos en forma directa a la Argentina, los 11 millones de hectáreas proyectadas para ser manejadas como siembra directa en 2002/2003, estarían en condiciones de secuestrar hasta 187 MMTC. Este tema puede convertirse en un eventual activo para la posición negociadora argentina en el marco de las propuestas del Protocolo de Kioto, que incluyen la institucionalización
de un mercado internacional de compensación de emisiones de Carbono El presente artículo fue extraído del trabajo: "Comercio internacional y desarrollo sustentable. La expansión de las exportaciones argentinas en los años 1990 y sus consecuencias ambientales" Autores: D. Chudnovsky, E. Cap, E. Trigo y S. Rubin, Fuente: Centro de Investigaciones para la Transformación (CENIT) |