La Argentina, con producción y exportaciones récord en la última cosecha, se situó a partir de 1997 como primer
exportador mundial de miel. Según el Ing. Héctor Raúl Tricco de la EEA del INTA Pergamino, nuestros apicultores tienen que llevar a cabo acciones complementarias para mantener la rentabilidad, reduciendo costos, diversificando la actividad o produciendo mieles diferenciadas con valor agregado.
La actividad apícola argentina en los últimos años tuvo un notable crecimiento. Durante esta última década las exportaciones de miel se incrementaron un 75% alcanzando en 1998 un récord de 69.000
toneladas por un valor superior a los 88 millones de dólares.
La Argentina pasó a ser productor mundial después de China y los EE.UU y desde 1997 el primer exportador, liderazgo que hasta ese momento lo mantenía China.
Debido al aumento de la producción, en los últimos tres años, los principales países consumidores han satisfecho sus demandas y estabilizado sus stocks. Esto trajo aparejado la depresión de los precios internacionales que bajaron de 1600 U$s/t FOB a 1000U$s/tFOB.
Dentro
de este marco, la Argentina exporta el 85-90 % de su producción y con una cosecha récord en 1999 que alcanzaría las 85.000 toneladas se ve afectada por esta situación.
En el primer semestre de 1999, las exportaciones argentinas de miel alcanzaron un volumen de 49.000 ton y un valor de 56,7millones de U$s. El precio promedio FOB de venta fue de 1,16 U$s/Kg, siendo los principales destinos de los embarques EEUU con 44% y Alemania con 36%.
En la presente década se mostró un futuro
auspicioso para el país, en cuanto al aumento de apicultores y cantidad de colmenas, que actualmente estarían alcanzando las 2.500.000 unidades. Por otra parte, ante el contexto internacional, los apicultores deberán reconvertirse, dado que la relación costo-beneficio es estrecha y atenta contra el negocio apícola. Además deberán mejorar el manejo de los apiarios, intensificando el control de sanidad, reduciendo costos para aumentar la productividad.
Es decir, además de cosechar la miel
deberían analizar la posibilidad de obtener algunos de los subproductos de la actividad (polen, propóleo, apitoxina, jalea real, cera, etc.
Asimismo, resulta esencial el desarrollo de acciones para incrementar la comercialización de la miel fraccionada en origen con el valor agregado, tratando de promover el aumento del consumo interno y en el Mercosur, además del mercado internacional de este producto
La estrategia de las denominaciones de origen se presenta para un segmento del sector
apícola. El destino de las mieles con esta clase de valor agregado, está orientado a satisfacer un mercado cada vez más competitivo. El prestigio de la miel argentina, prácticamente natural, se potenciaría con el agregado de la propiedad intelectual por identidad de origen.
Esta conciencia ecológica, se verifica con una fuerte demanda mundial de alimentos no contaminados. Esto nos posesiona en un marco ideal para utilizar las ventajas comparativas que se dan en algunas regiones de nuestro
territorio.
Desde hace algunos años se elaboraron una serie de normas y reglamentos que rigen el Sistema Nacional de Control de Productos Orgánicos, reconocido por los países de la UE, de esta forma la Argentina pasó de tener 1000 Ha de producción orgánica en 1992 a más de 150.000 en la actualidad.
Finalmente, se puede decir que la participación de los apicultores en forma asociativa, constituye otra herramienta eficaz para afrontar el proceso de reconversión. Además de, la adquisición
de bienes y la provisión de insumos, con el fin de mejorar las condiciones en la comercialización y la incorporación de tecnología en forma eficiente, factores primordiales para agregar calidad y valor a la producción.