Comprende grupos de productos tan dispares como los triglicéridos o grasas neutras (3 ácidos grasos más glicerol), los lípidos estructurales (licitinas y otros donde un
ácido graso está sustituido por un grupo fosfórico), los ácidos grasos libres (subproductos tipo oleínas o grasas aciduladas provenientes de la industria de los aceites y grasas,) y otros. Su valor nutricional va a depender de su calidad intrínseca y de su composición química.
En el mercado mundial se comercializan numerosos tipos de grasa. Su utilización en piensos varía en los distintos países en función de su disponibilidad y precio relativo con respecto a otras fuentes energéticas. Es
de destacar que cada país tiende a valora más lo que más conoce, huyendo de subproductos lípidos desconocidos.
Así las grasas de freiduría son de uso común en los estados Unidos, los aceites y oleínas de pescado en Chile y Perú, el aceite y oleínas de palma en México y Centroamérica y las oleínas de oliva y algodón en España. Una oferta de oleínas de algodón en Chile sufriría tanto rechazo por parte de los fabricantes de piensos como una oferta de oleínas de pescado o de grasa de freiduría
en España. Sin embargo, todas ellas tienen un espacio en formulación de piensos.
Según su origen las grasa se clasifican en animales, vegetales y mezclas. Dentro de las primeras tenemos grasas pollnsaturadas (origen marino), insaturadas (grasa de aves), moderadamente insaturadas (manteca porcina), saturadas (sebo vacuno) y mezcla de todas las anteriores.
Entre las grasas de origen vegetal, los aceites de girasol, maíz o soja son más insarturados que los de palma o los e oliva.
Un
tercer grupo de creciente interés y amplio desarrollado es el denominado "grasas técnicas" donde se incluyen todo tipo de subproductos lipídicos, mezclados de acuerdo a criterios nutricionales mediante tecnologías adecuadas. Estas grasas técnicas cumplen con ciertas especificaciones generales que aseguran su calidad química (humedad, impurezas, insaponificables, acidez, peróxidos, porcentaje de material no diluíble, etc.) pero además satisfacen ciertas especificaciones nutricionales
demandadas en función de la especie objetivo.
Por ejemplo, si la grasa técnica va a ir destinada a pollitos en primera fase, se solicitará un mínimo de grasa en forma de triglicéridos, de linoleico y de insaturación. Por contra se exigirá un máximo de ácidos grasos saturados o de cadena muy larga, ya que es sabido que estos tres factores (ácidos grasos libres, saturación y longitud de la cadena) influyen negativamente sobre la digestibilidad de la grasa, especialmente en animales
jóvenes.
Sin embargo, en el pollo adulto, se pueden modificar estas especificaciones, admitiendo mayores niveles de saturación y de ácidos grasos libres reduciendo normalmente el costo. Además en el período de retirada se podría limitar el máximo de ciertos ácidos grasos poliinsaturados ya que influyen negativamente sobre la consistencia de la grasa del canal y el aspecto general de la misma.
Las grasas presentan una serie de ventajas no estrictamente nutricionales difíciles de valorar.
Por ejemplo, la adición de lípidos reduce la formación de polvo, mejora la textura y la palatabilidad el pienso e incrementa el consumo energético del ave, lo que es de particular importancia en pollitas en inicio de la puesta en épocas de calor.
Además, la grasa mejora el rendimiento de la maquinaria de fábrica, lubricando las partes mecánicas y facilitando su funcionamiento. La contribución energética real de una grasa en dietas para avicultura es pues, difícilmente evaluable ya que
hay una serie de factores que modifican en proporciones variables en función del animal, tipo de dieta, manejo y medio ambiente.
Así por ejemplo, las grasas mejoran más la productividad en raciones en harina muy pulverulentas que en piensos granulados . la adición de grasa mejora el consumo, al reducir la formación de polvo y mejora la textura del pienso y los índices de conversión en forma indirecta al disminuir las mermas.
Asimismo, las grasas son más efectivas en
verano que en invierno ya que el incremento de calor por la utilización de nutrientes es inferior para los lípidos que para las proteínas o los hidratos de carbono. De aquí que a igualdad energética , raciones ricas en grasas aumentan el consumo y mejoran la productividad durante el verano, con respecto a raciones basadas en cereales.
Influencia de la suplementación lipídica sobre el tamaño del huevo
Otro tema de interés es la influencia de la suplementación
lipídica sobre el tamaño del huevo. Hasta muy recientemente se consideraba se consideraba que la mejora del tamaño del huevo por la inclusión de grasa se debía al aporte extra de ácido linoleico. De hecho la mayoría de los nutricionistas solicitaban un mínimo de un 1,35 a 1,40 % de linoleico para mejorar el tamaño del huevo en el inicio de la puesta. Ensayos recientes realizados en nuestro centro experimental, demuestran que la grasa mejora el peso de los huevos mediante dos
mecanismos diferentes:
1)Aportando ácido linoleico cuando este ácido graso esencial es limitante
2)Por efecto de la grasa per se el nivel de linoleico óptimo según nuestros ensayos es inferior al normalmente recomendado y en torno al 1,1 %.A partir de este porcentaje la adición de grasa aumenta el tamaño del huevo pero el efecto no es debido al mayor nivel de ácido linoleico sino al aporte extra de grasa.
El efecto beneficioso de la grasa parece deberse sobre todo a un
incremento en el peso de la clara , especialmente en gallinas que ya han pasado el pico de puesta. Por tanto, parece ser que la adición de grasa mejora el tamaño del huevo mediante un mecanismo diferente al que ocurre con la edad.
En aves viejas el aumento natural del tamaño del huevo con respecto a las aves jóvenes se debe fundamentalmente a un aumento de la yema , sin que la clara se vea afectada en forma desproporcionada.
Trabajos recientes han
demostrado la posibilidad de enriquecer el huevo en ácido grasos esenciales, especialmente en ácido linoleico, linolénico y ácido decosahexanoico (DHA). En particular el aumento de DHA de la yema del huevo podría resultar beneficioso para la salud humana por su efecto positivo sobre la incidencia de la enfermedad cardiovasculares, isquemias, arterioesclorosis, enfermedades inflamatorias e tipo crónico. Esta posibilidad ofrece una interesante línea de mejora del valor añadido del
huevo.
Por G.G. Mateos, M. García y S. Salado Font
Departamento de Producción Animal - Universidad Politécnica de Madrid
Fuente: revista Agroindustria