Las vacunas se usan según el orden en que se reciben, y nunca se aplican con las fechas vencidas o aquellas mal conservadas. Las vacunas vivas tienen el agente infeccioso vivo adentro, atenuado en su virulencia para no causar un brote de la enfermedad contra la cual se desea proteger las aves.
La administración de vacunas
vivas por agua es el método más común, fácil, económico y que requiere menor mano de obra. Los otros métodos existentes son el rociado o spray, la punción alar y la intraocular o la intranasal.
El 99 por ciento de las fallas en vacunación se deben a errores de manejo. La vacunación por si misma no protege a las aves contra las enfermedades. Esta debe estar acompañada por un manejo adecuado, la higiene correcta y la alimentación requerida.