Esta energía se invertirá en la formación de nuevos tejidos, el mantenimiento
de éstos y de las funciones vitales o en la actividad muscular en el momento del nacimiento o eclosión.
Aproximadamente el 30-35% de la energía contenida en el huevo se utiliza para el desarrollo embrionario, la mayor parte para el mantenimiento (70-80%). Al eclosionar, la energía química se encuentra bajo la forma de tejidos del pollito, membranas extraembrionarias y saco vitelino.
El agua del huevo se pierde en parte en forma de vapor ya que la cáscara es permeable a los gases, y existe
un gradiente de presión de vapor de agua entre el interior del huevo y la atmósfera de la incubadora. Esta situación condicionará las pérdidas de agua. Tanto el exceso como el defecto de la misma dependerá, por tanto, del ambiente de la incubadora, y se traducirá en un menor número de nacimientos (incubabilidad).
Para el correcto desarrollo embrionario es importante que el anhídrido carbónico sea eliminado a la atmósfera a cambio de oxígeno y sin perder excesiva humedad, de ahí la necesidad
de proporcionar una adecuada renovación del aire en la incubadora.
Cuando se pone el huevo, el blastodermo se localiza en la superficie de la yema, en el centro del huevo, fijado y protejido por el albumen o clara. Durante el almacenamiento de los huevos antes de incubar, la actividad catalítica que convierte la albúmina densa en fluída es necesario para permitir a la yema rotar y colocarse el blastodermo debajo de la cámara de aire.
El espesor de la cáscara y su porosidad son óptimas
durante el pico de puesta, al igual que ocurre con el albúmen.
La albúmina disminuye su calidad en 1-2 unidades Haugh al mes en ponedoras comerciales.
Durante el almacenamiento, cuanto menor sea el grosor de la cáscara y menor la humedad, mayor es la pérdida de agua, por lo que es recomendable separar los huevos de aves muy jóvenes o muy viejas para proporcionarles así diferentes humedades según sus necesidades.
El calor y el frío aumentan la gluconeogénesis, por lo que hay más demandas
de vitamina C, por lo que si no se suplementa, se puede afectar a la calidad de la cáscara, la albúmina, la fertilidad y la incubabilidad.
Fuente: Edivet – Comunicaciones veterinarias en la Web