La vitamina E mejoró significativamente la estabilidad de aquellos tejidos, que mostraban una concentración relativamente elevada en ácidos grasos saturados. Sin embargo este efecto fue limitado cuando el contenido en grasa corporal no saturada aumentó (Bartov y Bornstein, 1977). En épocas más recientes Rethwill y col. (1981) llevaron a cabo ensayos similares en pavos. En El examen de la calidad de la grasa
de sacrificio se demostró que los grupos con un elevado suplemento adicional de vitamina E mostraron una protección clara en presencia del inicio de una rancidez oxidativa.El sabor de la carne de ave recibe mayor importancia, ya que ésta se comercializa en forma congelada. Múltiples reportes informan que dosificaciones de vitamina E, que se encontraban más elevadas que aquellas que son necesarias para la prevención de síntomas deficitarios, impidieron la presentación del sabor a pescado en
pollos y pavos, los cuales habían sido alimentados con aceites o harinas de pescado. Marusich y col. (1975) encontraron que 40 UI de vitamina E/Kg. De alimento durante 8 semanas, o 160 UI/Kg. De alimento en los últimos 5 días antes de la comercialización condujeron a una reducción óptima de la rancidez de la carne de pollo. De acuerdo a los mismos ensayos los pavos requirieron dosificaciones mayores, es decir 200 UI/Kg. De alimento durante 4 semanas o 400 UI/Kg. Durante las últimas tres
semanas.
Huevo de gallina
El contenido de la vitamina E en la yema de huevo se ve influenciado claramente por el contenido de tocoferol del alimento.
El contenido de vitamina E de los huevos oscila enormemente entre cada raza y estirpe de las gallinas y depende además de su edad y del período del año, en el cual se ponen los huevos.
En tomas orales diarias de 10 mg de a-to-coferol por gallina se determinó por Sasago y col. Una capacidad de transferencia
del 15 al 21% para el a-tocoferol.
Cuadro 2 - Relación entre el contenido de a-tocoferol en el alimento y en la yema del huevo