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Aplicación de la ley 25.080, Plan Forestal Nacional

La implantación de bosques adquirió en los últimos tiempos un renovado impulso traducido en un aluvión de solicitudes para el régimen de promoción por casi 190.000 hectáreas en 1999. Argentina cuenta con excelentes condiciones de producción en materia de suelos, clima y costo por hectárea.

Luego de la Ley 25.080 de promoción forestal, los productores e industriales madereros esperan una reactivación interna y la mejora de los precios internacionales. Los cultivos de coníferas, eucaliptos y salicáceas -álamos y sauces- se han extendido en los últimos tiempos con la finalidad de abastecer la producción de madera aserrada, machimbres, laminados y terciados, postes y aglomerados, así como la elaboración de pasta y pulpa para la industria del papel.

En el cultivo de nuevos bosques se ve una clara tendencia ascendente. De un total de 821 solicitudes para una superficie de 23.400 hectáreas registradas en 1992, se pasó a 5.768 sobre 188.000 hectáreas en 1999. Si bien los porcentajes finales de ejecución rondan aproximadamente el 70% de los proyectos presentados, lo cierto es que durante esos ocho años se incorporaron más de 300.000 hectáreas de bosques implantados en el país.

Si se considera que el total de bosques cultivados asciende hoy a una cantidad cercana a las 750.000 hectáreas. En abril estará disponible el primer inventario forestal argentino. Un consorcio integrado por empresas canadienses y argentinas realiza el relevamiento, que permitirá conocer con exactitud la localización de los bosques, las estimaciones de volumen en pie por especies y su distribución en las provincias.

Ventajas

Se estima que la Argentina dispone de unos 20 millones de hectáreas de bosques en condiciones de ser aprovechados por la actividad forestal. De los 100 millones de hactáreas originarias quedan en la actualidad unos 35 millones, aunque empobrecidas. Aún así, las ventajas comparativas de la Argentina son enormes. El rojo anual en el sector maderero se ubica entre los U$S 1.200 y 1.300 millones, pese al incremento en las exportaciones en los últimos años.

En Argentina se exporta la tonelada a U$S 400 y se importa por U$S 1.200 millones. Entre los programas de asistencia y promoción del sector se cuentan también convenios con el Banco Mundial y la Unión Europea, destinados a la implantación y mejora de la calidad.

Se apunta a potenciar la producción de pinos (elliotis, tadea y las variedades sureñas), eucaliptus, álamos y sauces, así como de especies nativas y foráneas, pero también se busca incrementar el parque industrialde manera de poder procesar mayores volúmenes e incorporar valor agregado.

A partir de 1995, el Régimen de Promoción Forestal contó con recursos por $15 millones anuales, incluidos en el presupuesto nacional, y en el año 2000 las partidas para el sector aumentaron -aun en medio de los recortes- a $ 20 millones. En forma simultánea, el Programa de Desarrollo Forestal dispone de otros $26 millones, de los cuales $ 16 millones proceden del Banco Mundial y el resto lo aporta el Tesoro Nacional.

Incentivo

La sanción de la Ley 25.080 introdujo un marco de estabilidad y seguridad para los inversores. La Ley 25.080 apunta a incorporar unos 3 millones de nuevas hectáreas de bosques en los próximos 10 años. Esto supone que, en el futuro, los inversores privados no podrán ser afectados por cargas tributarias superiores a las vigentes en el momento de iniciarse el proyecto. También establece mecanismos de reintegro para el IVA y el Impuesto a las Ganancias. El apoyo económico no reintegrable alcanza hasta el 80% de los costos en las plantaciones de hasta 300 hectáreas, y del 20% cuando la extensión implantada se ubique entre las 300 y las 500 hectáreas.

Las excenciones tributarias alcanzan a los impuestos provinciales -todas las provincias forestales se han adherido al régimen- y también a los tributos zonales. La ley pretende convertirse en una herramienta de desarrollo de las economías regionales y motorizar la generación de empleo mediante la creación de más de 100 mil puestos de trabajo en los próximos años. También se propone contribuir con la disminución de las inundaciones, la preservación de los bosques nativos y la protección de los suelos contra la erosión. La afluencia de capitales extranjeros, atraídos por los bajos costos de la hectárea, el alto rendimiento de los suelos y la estabilidad del nuevo régimen de promoción, se concentró sobre todo en las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos, que reúnen un 70% del total maderero de Argentina.

Los capitales de origen chileno llevaron la delantera, con más de un 30% del total de inversiones en forestación. Casi la mitad de la producción nacional de pasta de papel se concentra en la Provincia de Misiones (49%) seguida por Buenos Aires, Tucumán y Santa Fe. Argentina exporta un 26% de su producción de pasta y está logrando avances en el mercado de Brasil. Las estimaciones de crecimiento de pinos en Misiones oscilan entre 25 y 30 metros cúbicos de madera por hectárea y por año, un ritmo muy superior -sobre todo en las variedades adaptadas- que el de países madereros como Canadá y Suecia -alrededor de 10 metros cúbicos/ha./año- y también por encima de Chile y Brasil. Estimaciones privadas indican que la tasa interna de retorno (T.I.R., que expresa la productividad del capital) oscila entre el 6 y el 12% en los pinos misioneros, entre el 8 y el 21% en los eucaliptos correntinos y entre el 17 y 13% en las salicáceas que se cultivan en el Delta bonaerense.

Pese a las bondades del suelo argentino, el sector sintió el impacto de la competencia brasileña, que cuenta con 7 millones de bosques implantados y una fuerte industria. Se advirtió sobre el impacto de productos brasileños a bajo costo que compiten en el mercado local -mediante la introducción del pino Paraná- y a nivel internacional en la producción de terciados y tableros contrachapados.

La Argentina debe profundizar su estrategia para el sector forestal. El horizonte argentino despunta sobre todo en el mediano plazo, porque las crecientes restricciones que imponen al sector forestal los reclamos ambientalistas en el hemisferio norte están inclinando la balanza en favor de países emergentes. E.E.U.U. es un claro ejemplo de esta tendencia. La prédica conservacionista de especies vegetales y animales ha incrementado la demanda de los pinos del sur norteamericano -elliotis y tadea- cuya producción explotó en los últimos tiempos en la Argentina. La demanda también comenzó a reanimarse en los mercados europeos y asiáticos, en tanto que algunos tradicionales productores -como Rusia- han bajado la producción. Sumado a los cálculos de crecimiento de la demanda internacional para la década que se inicia, se tiene la expectativa en el incremento de la ola inversora.

Una sociedad que promete

La forestoganadería apunta precisamente a integrar animales, pasturas y especies cultivadas en un sistema combinado sustentable que maximice la producción del suelo y mejore las condiciones de engorde del ganado. Se trata de un sistema con gran porvenir, que está mostrando notables resultados en Misiones, con eucaliptus, pinos y pasturas implantadas que exhiben un gran desarrollo. La forestoganadería se ha probado con muy buen resultado en países como Australia y Nueva Zelanda, aunque la Argentina, pese a sus inmejorables condiciones naturales, poco ha hecho hasta el momento.

Algunas especies del hemisferio norte como el roble europeo y el fresno, están siendo probadas de manera exitosa, junto con otras especies más desarrolladas en la pampa húmeda. El noroeste bonaerense se destacó por la posibilidad de practicar cultivos intercalares de especies como el roble, el álamo o el fresno con cereales (trigo o maíz), ganado e incluso entre distintas variedades forestales. No se trata sólo de colocar una cortina para el viento sino de generar sombra para el ganado y maximizar el aprovechamiento del suelo.

La implantación de macizos boscosos en forma combinada con pasturas mejora la conservación de los recursos suelo y agua, genera un mecanismo natural de prevención de incendios (uno de los grandes riesgos del sector forestal), agrega confort a las condiciones de engorde del ganado y disminuye los riesgos económicos de la explotación al generar dos productos de la explotación al generar dos productos diferenciados.

A su vez, el rubro forestal se potencia con la necesidad de un manejo más cuidadoso del bosque, con podas periódicas que optimicen la producción de forraje al tiempo que mejoran la calidad de la madera. Los turnos de corte varían entre las especies y su aprovechamiento, pero oscilan entre los 4 o 5 años para variedades de crecimiento rápido con destino a la producción de biomasa, hasta los 15-25 años para las maderas de aprovechamiento industrial. El éxito de la experiencia requiere una cuidadosa selección de especies y pasturas, según la zona. Además de las salicáceas (álamos y sauces), pinos, eucaliptos, la acacia blanca o el roble, también se puede intentar con especies exóticas como el kiri o la grevillea. Las pasturas de mejor comportamiento pueden buscarse entre las variedades de Pennisetum (pasto elefante) y Brachiaria brizantha (brizantha).

Por Carlos Bertrán – Sagpya (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación)
 

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