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Algarrobos como especies para forestación: una estrategia de mejoramiento

Se hace necesario dirigir los esfuerzos hacia el desarrollo y domesticación de especies leñosas que en consociación con herbáceas aumenten la sustentabilidad de los sistemas productivos y permitan recuperar las áreas degradadas.

Los recursos vegetales

La problemática del desarrollo de las zonas áridas tiene múltiples enfoques. Puede ser abordada desde numerosos puntos de vista; social, económico, productivo, político, tecnológico, etc. Por ser justamente un problema complejo las acciones unilaterales que se emprendan desde cada ámbito se verán limitadas invariablemente por el resto. Por lo tanto no existe posibilidad cierta de desarrollo de no abordarse todos los aspectos del problema en su conjunto a través de acciones concretas sobre la realidad. Sin embargo para poder hacerlo es necesario contar con las herramientas básicas.

El desarrollo productivo en la actividad primaria

El desarrollo de la producción primaria de las áreas templadas y húmedas se ha basado, entre otros factores, en el desarrollo de recursos biológicos adaptados no sólo a las condiciones ambientales específicas, sino también a las necesidades tecnológicas. El recurso vegetal original fue reemplazado por sistemas productivos basados en unas pocas especies, adaptadas a paquetes tecnológicos de manejo.

En las zonas áridas en cambio las especiales condiciones ecológicas hacen imposible el reemplazo de la vegetación original sin provocar degradación del recurso. El sistema es mucho más inestable que en las zonas húmedas y por lo tanto cambios profundos en la estructura de la vegetación, como la eliminación del estrato arbóreo, desencadenan a mediano y largo plazo procesos de desertificación, aumentando la condición árida y la inestabilidad. La acción del hombre sobre estos sistemas áridos ha agregado entonces al problema original del desarrollo, la problemática de las áreas degradadas con el consiguiente descenso de la capacidad productiva del recurso natural; como así también, en casos mas graves, la problemática de las áreas con procesos de desertificación donde el problema ya no reside en el descenso productivo sino directamente en la desaparición de los recursos.

El desarrollo del recurso vegetal

Estos tres problemas particulares para el desarrollo de las zonas áridas: desarrollo productivo, recuperación de áreas degradadas y combate de procesos de desertificación como decíamos, deben ser abordados realizando acciones desde todos los aspectos simultáneamente, pero es indispensable contar con los recursos vegetales necesarios en los que se basarán los sistemas productivos o de recuperación.

Necesitamos contar con un paquete de especies, procedencias y variedades vegetales que conformen nuestro recurso biológico para, en base a ellas, desarrollar sistemas productivos sustentables. Los esfuerzos en este sentido han sido numerosos, pero principalmente dirigidos a las especies herbáceas, en el ánimo de transformar el bosque xerofítico en praderas productivas, tratando de trasladar la tecnología de las zonas húmedas.

Finalmente ha quedado demostrado, desgraciadamente con altísimo costo, que la eliminación de los arbustos y de los árboles de nuestros montes no hacen sino debilitar el sistema productivo. Se hace necesario dirigir los esfuerzos hacia el desarrollo y domesticación de especies leñosas que en consociación con herbáceas aumenten la sustentabilidad de los sistemas productivos y permitan recuperar las áreas degradadas.

El rol de los recursos vegetales nativos

Los sistemas productivos de las zonas templadas húmedas se han basado en especies anuales de alta productividad. La estabilidad de los suelos, como el clima y la incorporación de tecnología de alto costo así lo permiten. Si bien estos cultivos están sujetos a las condiciones ambientales, éstas pueden, en buena parte, ser manejadas mediante costosa tecnología optimizando así la productividad. Esto ha permitido, por un lado prácticamente universalizar los cultivos, ya que el grado de artificialización logrado permite, dentro de ciertos rangos, escapar a muchas de las limitantes ambientales y por el otro dirigir el mejoramiento no hacia la adaptación de las especies y variedades al ambiente sino a la tecnología de producción (uniformidad, mayor respuesta al aumento de la fertilidad del suelo, resistencia a herbicidas, etc.).

En las zonas áridas, tanto las particulares características ambientales, como el bajo nivel de desarrollo tecnológico y económico impiden un manejo semejante del ambiente. Las especies se deben adaptar ineludiblemente a las especiales condiciones del medio, siendo imposible lo contrario.

Esto es particularmente necesario en el caso de las especies leñosas. Su longevidad implica una necesidad de adaptación potencial mayor, ya que los individuos se verán expuestos a importantes variaciones climáticas a través de los años. Las características cíclicas del ambiente árido, que alterna períodos de mayor y menor humedad; las grandes variaciones térmicas y la exposición frecuente a situaciones de extrema sequía y temperaturas hacen indispensable un gran poder de adaptación de las especies que deberán sobrevivir durante muchos años bajo estas condiciones.

Obviamente las únicas especies leñosas que pueden presentar semejantes caracteres adaptativos son las que han evolucionado bajo las condiciones de zonas áridas y, atendiendo a las importantes variaciones geográficas del ambiente árido, precisamente aquellas que se han desarrollado en el sitio en cuestión.

Estas especiales condiciones de las zonas áridas, en muchos aspectos extremas, restringen entonces severamente la introducción de especies exóticas, o más específicamente, de poblaciones alejadas, que han evolucionado bajo otras condiciones del ambiente. Esto obliga a que la creación de esa herramienta básica para el desarrollo, la conformación de un paquete de especies, procedencias y variedades vegetales, base de los sistemas productivos sustentables, debe producirse, preponderantemente, a partir del desarrollo de los recursos vegetales existentes en cada región.

Como vemos ya no se trata estrictamente del desarrollo de variedades mejoradas de especies adaptadas a las zonas áridas, emulando la metodología que se aplica en cultivos de zonas húmedas. Las características especiales del ambiente árido obligan al manejo de la vegetación que se ha desarrollado en el sitio. La mejora o domesticación no se refiere entonces a la creación de determinados tipos que mediante su multiplicación sirvan de sustento a los sistemas productivos, sino que se refiere a la mejora o domesticación de las poblaciones naturales existentes. Se puede notar que en este caso los términos de domesticación y mejora cambian de significado respecto del que se le da en áreas húmedas, o del que se le ha dado tradicionalmente.

La "mejora" de los recursos vegetales en el contexto de las zonas áridas. Son dos los elementos principales que hacen necesaria la "mejora" de los recursos vegetales de las zonas áridas:

a) Como resultado de la actividad humana se ha visto degradado, con muy diversa intensidad, tanto el recurso vegetal como el ambiente. El efecto de la degradación sobre estos dos componentes principales del ecosistema ha provocado que la adaptación de las poblaciones naturales de las especies dominantes, adquirida en el transcurso de la evolución, se haya visto disminuida; en algunos casos hasta el punto de generar un retroceso general de algunas especies en vastas regiones. La degradación del ambiente, ha generado en un corto tiempo condiciones nuevas, exigiendo mayor poder de adaptación a las poblaciones naturales. A esto se agrega la erosión genética de las poblaciones provocada entre otros factores por la explotación irracional, el desmonte, los incendios y la eliminación de la regeneración natural por sobrepastoreo. Ha disminuido la base genética necesaria para el desarrollo del potencial adaptativo de las especies, por lo que se hace necesario asistir a estas poblaciones para revertir estos procesos restituyendo su potencial adaptativo bajo las nuevas condiciones. Esa "asistencia" es uno de los aspectos de la aquí denominada "mejora" de los recursos vegetales de la zona árida.

b) Los procesos evolutivos de las especies han generado adaptación para la supervivencia. Este es el aspecto aprovechable del recurso existente, ya que se ha orientado a garantizar permanencia bajo condiciones ambientales difíciles. Sin embargo la evolución no se ha dirigido hacia los aspectos productivos del ecosistema, de vital interés para el aprovechamiento. La producción de forraje o de madera, trascendentes para el desarrollo de un sistema productivo, no ha sido objeto de selección natural, sino sólo en cuanto estas representan ventajas adaptativas. El otro aspecto de la "mejora" de los recursos vegetales es entonces encarar la optimización, en las poblaciones naturales, de aquellos caracteres de interés productivo.

Si la "mejora" fuera sólo dirigida a aumentar la capacidad adaptativa de las poblaciones naturales como se indica en a) entonces estaríamos ante un problema de conservación de recursos vegetales in situ. Por otro lado si sólo fuera optimizar los caracteres productivos como se indica en b), bastaría con crear variedades mejoradas y multiplicarlas, aplicando las técnicas tradicionales del mejoramiento genético, como en las especies agrícolas. Lo que hace distinto y novedoso este problema es la necesidad de combinar ambas tareas. Esta combinación no es simétrica, ya que ambos aspectos tienen distinta prioridad. Es evidente que la primera meta será lograr poblaciones adaptadas a las condiciones ambientales, capaces de perpetuarse en el sitio y recién entonces quedará la posibilidad de la mejora respecto de los caracteres de interés productivo, quedando estos supeditados siempre a la capacidad adaptativa de la población. El problema queda entonces así planteado: ¿Cómo podemos mejorar el potencial adaptativo y optimizar los caracteres productivos de las especies potencialmente útiles existentes en las zonas áridas?

Los estudios de genética de poblaciones

Evidentemente la unidad de trabajo para el mejoramiento no es aquí el individuo sino la población. Y no cualquier población sino la preexistente en el sitio. En el mejoramiento tradicional se hace hincapié en la selección de individuos dentro de poblaciones o en un conjunto de individuos producto de un cruzamiento determinado. En nuestro caso el mejoramiento puede tener lugar únicamente cuando a partir del conocimiento de la dinámica de la población y de su relación con otras poblaciones de la misma especie, podemos orientarnos para influir en el desarrollo de las mismas, a fin de acercarnos a los objetivos mencionados de aumento del potencial adaptativo y de su capacidad productiva.

Para poder influir en el desarrollo de las poblaciones es obviamente indispensable conocer sus características y funcionamiento. Hasta hace relativamente poco tiempo la genética de poblaciones era una ciencia esencialmente teórica, debido a que era muy engorroso obtener información experimental sobre la constitución genética de los individuos. Esta situación se ha revertido con el desarrollo de métodos bioquímicos, por lo que esta rama de la genética se ha transformado en una de las ciencias más dinámicas de la actualidad. La información experimental permite ahora el desarrollo de nuevas teorías sobre el funcionamiento y la evolución de las poblaciones, y se hace posible prever su comportamiento ante la aplicación de normas de manejo.

A partir de estudios genéticos pueden estimarse parámetros que nos dan indicios sobre el funcionamiento del sistema de apareamiento que garantiza la continuidad de la población a través de las generaciones, sobre su capacidad de adaptación potencial y actual, sobre su variabilidad genética. También del análisis comparativo entre estructuras genéticas de poblaciones de una misma especie puede estimarse el grado de diferenciación alcanzado por las poblaciones entre sí, descubrir adaptaciones locales, valorar las poblaciones para conservación y mejoramiento, delimitar unidades homogéneas y detectar gradientes genéticos entre poblaciones.

Estudios taxonómicos, ecofisiológicos y silvícolas

Los estudios genéticos sobre las poblaciones deben ser complementados mediante estudios taxonómicos, ecofisiológicos y silvícolas a fin de darle a las diferenciaciones y características genéticas halladas el significado real que tienen tanto desde el punto de vista adaptativo como productivo.

Mediante las técnicas de los estudios genéticos tenemos acceso a información descriptiva sobre las características y dinámica genéticas de las unidades investigadas. Por medio de estudios morfológico - taxonómicos, ecofisiológicos y silvícolas logramos una caracterización de la expresión genética de la unidad en cuestión. La combinación de ambos aspectos nos permite una comprensión completa, tanto de la estructura de las unidades estudiadas como de su dinámica y expresión. Estas unidades pueden representar tanto poblaciones dentro de una especie, como especies o inclusive grupos de individuos formados en función de algún carácter, ya sea morfológico, ecofisiológico, genético, geográfico, o de otro tipo.

Prosopis chilensis y p. flexuosa en el chaco árido

Es conocida la importancia actual y potencial de las especies de algarrobo como proveedoras de madera de alta calidad; como componentes estructurales de sistemas productivos sustentables en amplias áreas marginales del país y como proveedores de estabilidad a ecosistemas áridos y semiáridos, impidiendo o revirtiendo procesos de desertificación. La importancia de los algarrobos reside en sus notables características:

- Plantas pioneras con un alto potencial biológico para la diseminación y colonización.

- Adaptación a climas áridos y semiáridos, a suelos salinos y degradados. Algunas especies son psamófilas.

- Como leguminosas tienen la capacidad de fijar nitrógeno del aire en simbiosis con bacterias.

- Desarrollan raíces profundas que le permiten tener cierta independencia de las precipitaciones, evitan la competencia por agua con especies herbáceas, mejoran el balance hídrico del sistema y aportan nutrientes importados de las capas sub-superficiales.

- Producen leña y carbón de buena calidad, madera de extraordinarias características físicas y mecánicas, frutos de alto contenido proteico y energético, que permiten su utilización como forraje e inclusive como alimento humano, y otros productos secundarios como postes, varillas, néctar, gomas, etc.

Tanto Prosopis chilensis como P. flexuosa son dos especies estratégicas que cumplen con los requisitos para estructurar la base biológica de sistemas productivos sustentables y en la lucha contra la desertificación.

El estudio de poblaciones permite establecer estrategias en el mejoramiento. Las áreas de dispersión de ambas especies, si bien mayores, se superponen en el Chaco árido. En esta región también penetran desde el norte otros dos algarrobos: P. alba y P. nigra, a través de los corredores que se forman entre las sierras de Córdoba y las Salinas Grandes y mas al norte, entre estas salinas y las Sierras de Ancasti en Catamarca,. También, por el Valle del río Conlara entre las Sierras de Córdoba y de San Luis, en el extremo sur del Chaco árido, se introduce P. caldenia. De esta forma, esta región delimitada nítidamente por accidentes geográficos (sierras y salinas), constituye uno de los centros de mayor diversidad (si no el mas importante) de los algarrobos de Argentina.

A esta diversidad contribuye el hecho de que entre estas especies no exista un aislamiento genético total, dando lugar a la posibilidad de hibridaciones. Esta característica del grupo "algarrobo" ha sido observada desde hace tiempo por los taxónomos, dando lugar a múltiples controversias por la dificultad de ordenar dentro del sistema de clasificación la multiplicidad de formas que presenta.

A través de estudios genéticos realizados sobre poblaciones de ambas especies (Prosopis chilensis y P. flexuosa) en el área sur del Chaco árido se pudo corroborar fehacientemente que existen híbridos naturales, los que se han identificado mediante estudios genético y de taxonomía numérica. A tal punto incide este intercambio genético entre ambas especies que las estructuras genéticas de las poblaciones no varían en función del ambiente sino que están en directa relación con el grado de contacto entre las especies. Por ejemplo: a pesar de existir un importante gradiente de precipitaciones de Este a Oeste y diversidad de condiciones de suelo que podrían implicar diferenciaciones genéticas importantes como producto de procesos adaptativos, no se pueden encontrar diferencias genéticas entre poblaciones correlacionadas con estos factores. Las fuertes variaciones halladas dependen de la distancia existente entre las poblaciones con las áreas de contacto.

Sin embargo ambas especies se diferencian netamente en cuanto a los nichos que ocupan. P. flexuosa se encuentra en el llano (zonal), mientras que P. chilensis crece a los pies de las sierras, principalmente a orillas de los cursos de agua secos (conos de deyección) donde existen aportes extra de agua subsuperficiales y esporádicamente por escorrentía. De esta forma P. flexuosa forma grandes masas, mientras que P. chilensis se agrupa en pequeñas poblaciones, en muchos casos de estructura lineal (en galería), por lo que ambas especies entran en contacto a la salida de las quebradas y en la base de los conos de deyección. Estas áreas coinciden, normalmente, con zonas sistematizadas para riego (oasis de Villa Dolores, Chancaní, Ulapes, Quines - Candelaria, etc.).

Allí donde se ha hecho agricultura y luego por problemas de degradación de suelos o simplemente por inviabilidad económica se ha abandonado la actividad, el bosque se regenera con un alto porcentaje de híbridos. Es allí donde se producen los denominados "enjambres híbridos", apareciendo una multitud de formas intermedias entre ambas especies. Se ha podido comprobar que en estas situaciones el intercambio genético entre ambas especies es muy elevado, a tal punto que debido a la mayor fertilidad del polen de P. flexuosa sobre P. chilensis se puede hablar de un proceso de introgresión que puede tener como consecuencia, a largo plazo, la desaparición de P. chilensis como especie diferenciada de P. flexuosa en esta región.

De estudios comparativos en quebradas donde no se ha realizado agricultura se pudo comprobar que existen niveles mucho mas bajos de intercambio, apareciendo muy pocos híbridos, restringidos a una estrecha franja de contacto entre ambas especies. Este hecho hace pensar que existe una relación entre la "hibridación del ambiente" como producto de la actividad humana y la proliferación de los híbridos interespecíficos. Es decir que donde no existen perturbaciones, el grado de intercambio entre ambas especies se encuentra restringido, a pesar de existir cruzamientos interespecíficos, por el hecho de que los híbridos no encuentran un nicho favorable (aislamiento postzigótico), ya que ambos nichos para cada una de las especies se hallan netamente diferenciados. En cambio en las áreas bajo riego, donde existe degradación de los suelos y una perturbación generalizada, los híbridos se propagan e inclusive muestran mayor vigor que ambas especies puras.

De acuerdo a las prácticas tradicionales de mejoramiento forestal, lo indicado hubiera sido comenzar con la instalación de ensayos de procedencias. Los criterios para la identificación de las procedencias hubieran sido seguramente las características climáticas y ambientales (gradiente de precipitaciones, condiciones edáficas, etc.). Sin embargo se pudo comprobar que los patrones principales de variación genética de ambas especies no responden a estos factores. Es el proceso de introgresión el factor determinante del grado de variabilidad de las poblaciones en ambas especies. Y a su vez es justamente la actividad humana la que incide directamente sobre este proceso de introgresión.

Estos estudios previos han provisto las herramientas necesarias para diseñar una estrategia de mejoramiento en los términos presentados mas arriba. Se ha llegado a conocer cual es la dinámica entre ambas especies y principalmente cuáles son los factores que producen variabilidad en sus poblaciones. Esto implica que el objeto de estudio, o en otras palabras; la "materia prima" para el mejoramiento, en este caso específico, no son las procedencias diferenciadas con criterios geográficos o ambientales sino que se trata de grupos de individuos relacionados por su origen genético. La relación que existe entre ambas especies genera grupos independientes que podrían perpetuarse manteniendo sus características. El flujo genético imperante impide procesos de diferenciación de las poblaciones situadas bajo condiciones distintas del ambiente (en sentido general).Estas poblaciones están integradas en su mayoría por grupos de individuos que siguen caminos evolutivos lo suficientemente independientes como para poder considerarlos heterogéneos en su composición.

El Proyecto de Investigación Aplicada

Teniendo en claro que en este caso en particular y en esta región, el camino inicial para la obtención de material mejorado no era a partir de ensayos de procedencias, se inició un proyecto de investigación con el objeto de comparar lo que hemos denominado "orígenes genéticos" tanto en cuanto a su morfología como a su comportamiento. Para ello se conformó un equipo de trabajo junto con los Ingenieros Carlos Carranza y Marcela Ledesma de la Estación Forestal Villa Dolores de INTA y con la Ing. Jacqueline Joseau de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Córdoba. De esta manera se inició una línea de investigación sobre estas "unidades" identificadas a partir del estudio de las poblaciones en el Chaco árido cuyos primeros resultados se expondrán en un segundo artículo.

La investigación realizada forma parte del Programa de Investigaciones Aplicadas del Proyecto Forestal de Desarrollo (SAGPyA/BIRF) -35/96 - "Selección de material reproductivo de Prosopis spp. en el Chaco Arido Argentino de calidad superior y adaptado para el enriquecimiento de áreas degradadas".

Autor: Dr. Aníbal Verga - INTA Junín Mendoza

Fuente: Sagpya Forestal

 

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