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Perspectivas por especies y zonas de la producción forestal

Con unos 20 millones de hectáreas de tierras de alta calidad, Argentina posee excelentes condiciones para la actividad forestal. El desarrollo de obras de infraestructura, especialmente en rutas y puertos, que se suman a la hidrovía sobre el Paraná mejoraron las perspectivas del sector.

En los últimos 10 años, la actividad forestal creció más que en el resto del siglo XX. Los bosques implantados en el país rondan las 750.000 hectáreas, con predominancia de las coníferas. La distribución por especies arroja los siguientes datos:

coníferas (50%)
eucaliptus (30%)
salicáceas (16%)
otras (4%)

En cuanto al mapa de cultivos forestales, la zona Mesopotámica lleva la delantera, seguida por la Pampa Húmeda y la Patagonia. Las principales provincias productoras son:

Misiones (36,4%)
Buenos Aires (19,4%)
Corrientes (19,3%)
Entre Ríos (16,4%)
Otras (8,5%)

La mayor provincia maderera del país registra lluvias anuales de entre 1.600 y 1.900 milímetros y excelentes suelos para forestación. En Misiones crecen vertiginosamente los pinos norteamericanos (taeda y elliotti), la araucaria y los eucaliptos (especialmente las variedades grandis y dunnii). El kiri y el paraíso también cuentan con bastante difusión.

Más al sur, Corrientes y Entre Ríos, con suelos arenosos y precipitaciones cercanas a los 1.200 milímetros, se destacan por su aptitud para eucaliptos y pinos.

En el Delta del Paraná están dando excelentes resultados las plantaciones de álamos (populus) y sauces (salix), que aprovechan los óptimos niveles de agua ofrecidos por sus innumerables islas.

Buenos Aires, que dispone de tierras envidiadas en todo el mundo, tiene un potencial forestal escasamente desarrollado a pesar de su proximidad con los mayores centros de consumo del país. Se destacan los eucaliptos globulus (subespecies maidenni y globulus), viminalis y dunnii. También los sauces, álamos, robles, fresnos y cipreses han demostrado buenas condiciones de adaptabilidad.

La enorme Patagonia, por su parte, dispone de otro millón de hectáreas de excelentes condiciones para la forestación. El pino ponderosa y la araucaria araucana, o pehuén, crecen con ímpetu al pie de la cordillera de los Andes, donde las precipitaciones oscilan entre los 600 y 1.200 mm anuales.

En Córdoba, ha comenzado a implantarse bosques de pinos, particularmente en la zona del Valle de Calamuchita, mientras que la región del NOA (Jujuy, Salta y Tucumán) ha mostrado su aptitud para las plantaciones de pinos mexicanos, algunos del sur de E.E.U.U. (tadea) y eucaliptus.

Entre las nuevas iniciativas forestales, Neuquén ha lanzado una línea de créditos para prefinanciamiento de plantaciones, en sintonía con los planes nacionales de promoción. Las autoridades estiman que la provincia dispone de 630.000 hectáreas aptas para la forestación comercial de coníferas de secano. Calculan además que a un ritmo de crecimiento anual en madera rolliza superior a los 10 metros cúbicos por hectárea, y con valores de mercado de U$S 40 el metro cúbico, el producto bruto de la actividad podría ascender a los U$S 25 millones anuales. A ello debería agregarse luego el valor agregado del procesamiento industrial.

Para alcanzar estas metas, Neuquén debería multiplicar por tres el ritmo promedio anual de plantaciones de los últimos años, que ronda las 3.000 hectáreas. Si logra el objetivo, la provincia patagónica podría convertir al sector en uno de los ejes de la economía regional y transformarse en un importante productor forestal.

Por Carlos Bertran – Sagpya (Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación)
 

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