Los especialistas en entomología vienen diciendo desde algunos años "no todo es control químico", y
se refieren a que hoy en día, el control químico es sólo una parte del manejo de plagas. Es más, el control químico sólo debe utilizarse cuando otras alternativas no alcanzan y generalmente con productos que sean selectivos.
Sin embargo, para poder trabajar en el manejo integrado, hay que saber reconocer las plagas, cómo monitorearlas, cuándo es necesario tomar medidas y cómo hacerlo. En este sentido está orientada la capacitación que el Lic. en Ciencias Biológicas, Gonzalo
Segade, preparó.
Beneficios del Manejo Integrado de Plagas
Todos los beneficios que aporta el manejo integrado de plagas se desprenden de uno central: reducir al mínimo el impacto sobre el medio ambiente. A partir de acá, se disminuye la contaminación del ambiente en general y de los productos que posteriormente se van a consumir.
Además, al aplicar únicamente en los momentos en que es necesario, se reducen los costos por aplicaciones innecesarias.
Incluso, en los casos de que se aplica con exceso, se corre el riesgo de la resurgencia de plagas secundarias.
En la zona de influencia de la EEA San Pedro, hay productores que están más cerca que otros en la aplicación del manejo integrado. En un extremo están las personas que se basan en el calendario, en la única búsqueda de un producto sin daño. En cambio, hay ya productores que realizan observaciones y aplican el producto en relación a esto. Este cambio es gradual, y para eso hay que
conocer las técnicas.
Investigan incursión del taladrillo en el Alto y Medio Valle de Río Negro
El grupo de Entomología de la Estación Experimental Alto Valle del INTA comenzó a desarrollar un programa de trabajo para investigar el desenvolvimiento que está teniendo en la zona el Platypus sulcatus ("taladrillo de los forestales") y definir métodos de control. En Río Negro este insecto fue detectado por primera vez en la localidad de Villa Regina en noviembre de 1979.
Aunque en muy bajas poblaciones y con apariciones esporádicas (1980, 1984, 1991) comienzan a notarse daños económicos cuantificables a partir de 1997, extendiéndose el daño a barreras rompevientos que circundan los frutales y el arbolado público hacia fines de 1999, tanto en el Alto Valle como en el Valle Medio del río Negro.
Recientemente se ha detectado su presencia en plantaciones de perales y manzanos. Teniendo en cuenta su ciclo biológico, las oportunidades de control de la plaga en
cultivos a gran escala se circunscriben al período de dispersión, cuando los insectos adultos salen a la búsqueda de hospederos.
De ello se deduce la importancia de determinar en forma precisa los momentos de emergencia, para poder pronosticarlos mediante un sistema combinado de monitoreo del insecto y ocurrencia de eventos climáticos. De este modo se evitará realizar excesivas aplicaciones de insecticidas en momentos no oportunos para el control, redundando en un menor costo para el
productor y en una reducción en el impacto ambiental de esta práctica.
Fuente: INTA