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Primer insecticida biológico del país para el control de plagas

Investigadoras del IMYZA (Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola) del Centro Nacional de investigaciones del INTA Castelar, presentaron en el marco de la ExpoChacra, el desarrollo del primer insecticida biológico generado en Argentina.

Leticia Alvarado y Graciela Quintana -directora y responsable técnica del proyecto, respectivamente- explicaron que el nuevo producto está basado en un virus altamente específico para el control de la Cydia Pomonella, insecto conocido por los productores como "gusano de la pera y la manzana". Luego de haber cumplido con los requisitos de una etapa como producto experimental, este insecticida cuenta ya con la aprobación y registro definitivo ante el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Ambiental (Senasa).

Las investigadoras indicaron que la plaga azota las explotaciones frutales de manzana, pero y nogal ya hay hoy sólo podía ser controlada por medio de plaguicidas químicos, que si no son bien utilizados pueden provocar problemas por la presencia de residuos en la fruta.

Esta novedosa herramienta de control de plagas permite sustituir las últimas aplicaciones de insecticidas químicos para evitar los inconvenientes de residuos indeseables en postcosecha. Por otro lado, su uso está permitido en sistemas e producción de fruta orgánica, con lo cual, ahora es posible controlar la plaga clave que afecta la producción disminuyendo los rendimientos y la calidad de la fruta.

Asimismo informaron que la disponibilidad comercial de este insumo en el corto plazo, para lo cual ya existen gestiones adelantadas con empresas privadas, mejora altamente la posibilidad de una producción de mercaderías de alta calidad tanto para consumo interno como para mercados externos.

"Nuestro objetivo es mejorar la tecnología disponible para la protección de cultivos y sus rendimientos a través de mejores fertilizantes, en particular de fertilizantes biológicos y en el desarrollo de enemigos naturales que se pueden utilizar para el control de plagas", apuntó  Alvarado. 

Asimismo, indicó que los estudios sobre el control biológico llevan mucho tiempo y "cuando se logra un producto, otra etapa difícil es la de conseguir la transferencia al sector industrial para que llegue a manos del productor".

Fruto de laboratorio

A la hora de hablar de los motivos que incentivaron las investigaciones, Graciela Quintana comentó que el insecticida surgió en respuesta a una importante demanda de los cultivadores. Nuestro país es uno de los más importantes productores de frutales de pera y manzana, esta actividad que alcanza el rango de actividad principal en la zona del Alto Valle de Río Negro, Mendoza, Neuquén en donde se genera el 35 por ciento del total de los frutos que se producen y exportan en el país.

"Esta zona tiene una plaga denominada Carpocapsa que ejerce una presión sobre los cultivos desde el punto de vista sanitario muy importante. Los productores tienen que hacer uso de reiteradas aplicaciones de productos químicos los que impactan severamente en el medio, eliminando los enemigos naturales y al mismo tiempo causando residuos tóxicos tanto en fruto como en el ambiente lo cual, por supuesto afecta ala hombre", indicó Quintana.

En este sentido la responsable técnica del proyecto apuntó que los mercados de consumidores están cada vez más exigentes en cuanto al nivel de tolerancia de residuos tóxicos en frutos, "por lo que tenemos un serio problema en el país". Como alternativa se plantea la utilización de herramientas que puedan complementarse con la utilización de plaguicidas o bien solas.

El INTA empezó el desarrollo y la investigación de una formulación sobre la base del virus hace 10 años, "en una primera etapa se ajustaron metodologías que tuvieron que ver con la producción sobre larvas de este virus y se buscaron protectores para poder obtener una formulación experimental, que una vez testeada en el laboratorio durante sucesivas campañas pasó a la etapa secundaria que fue su utilización en campo", describió Quintana, y añadió: "Complementamos los estudios que junto con los datos de toxicología y ecotoxicología que nos permitieron corroborar que teníamos un producto que es altamente seguro, inocuo para el hombre, los vertebrados y para el medio, y obtuvimos así un producto que tiene el registro definitivo del Senasa y que ya está listo para ser transferido a los productores", dijo, resumiendo en cuatro frases una década de trabajo.

Modo de empleo

La estrategia de control está dirigida a mantener la población de carpocapsa por debajo del nivel económico de daño (2por ciento de frutos dañados a cosecha). Se debe monitorear con trampas cebadas con feromonas el desarrollo de la población de la plaga en el cultivo y ajustar con precisión la fecha de los tratamientos. El Carpovirus se aplica sobre el follaje y los frutos de árboles utilizando maquinarias convencionales.

Dosis: 1013  Gl/Ha/tratamiento (GL: gránulos infectivos estimados por titulación biológica).

Equipos, volúmenes y técnicas: Usar equipo de turbina o manguera. Volumen recomendado: 1500 l/ha (1300-1800) Presión: entre 200 y 300 PSI.

Por su modo de acción el volumen deberá ser ajustado de acuerdo con las características del monte a tratar  (altura de los árboles, distancia entre filas, etc.) En montes de conducción libre (>5m) se deberá calibrar la pulverizadora de modo de asegurar una correcta cobertura con el virus.

Momento de aplicación: El momento oportuno deberá ajustarse según la información de los servicios de alarma locales del INTA y el registro de la caída de mariposas en las trampas.

Los tratamientos deben coincidir con la eclosión de las larvas para obtener mayor mortalidad. El uso de Carpovirus es compatible con niveles de infestación medio a normales. En montes con daño a cosecha en la campaña anterior superior al 10 por ciento, se recomienda combinar con productos químicos para el control de la plaga de primera generación. Cuando las poblaciones son muy elevadas se deberá observar atentamente su evolución y efectuar consultas técnicas.

Intervalo entre tratamientos : 7 días como mínimo y 12 como máximo. Repetir en caso de precipitaciones.

Conservación: a 4º C la formulación se conserva por 2 días.
 

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