Pero, estos cambios también tienen un costo. El suelo trabajado bajo
invernadero sufre las continuas labores culturales, el excesivo aporte de fertilizantes, la ininterrumpida sucesión de cultivos, la presencia de enfermedades endémicas en su interior que llevan a utilizar constantemente desinfectantes agresivos para el ambiente. Como consecuencia de esto, sus cualidades originales se deterioran fuertemente en los primeros tres años de explotación continuas bajo invernadero, señaló el Ing. Agr. Luis Balcaza de la UEEA INTA Gran Buenos Aires.
El productor frente a la disminución de la calidad de su suelo puede tomar diversas actitudes.
Un de esas alternativas es salir del suelo. Construir su espacio productivo en un medio artificial. Esta posibilidad hoy es viable, pero debería tenerse en cuenta cuando se han agotado las posibilidades de recuperación de los suelos ya trabajados.
Cultivar sin suelo significa producir en un medio fabricado artificialmente. A este medio artificial se
le llama sustrato, al cual se le aportan todos los nutrientes que la planta necesita para completar su ciclo. A veces se aplica al cultivo sin suelo el término Hidroponia. En este caso las raíces se encuentran sumergidas en una solución nutritiva.
Una condición indispensable para desarrollar un cultivo fuera del suelo es que se establezcan en invernaderos de tal calidad que reduzcan al mínimo los riesgos climáticos.
En general un sistema de cultivo sin suelo se conforma con tres elementos básicos: el recipiente donde se sostiene la planta, el sustrato y el sistema de alimentación. Los recipientes pueden ser sacos, macetas o cualquier contenedor que sea capaz de mantener o almacenar el sustrato con la planta adentro.
Los sustratos más utilizados en cultivos comerciales son la perlita, la lana de roca, la fibra de coco,
y se han experimentado múltiples materiales con suerte diversa. También nuestro país se ha probado la mezcla de cáscara de arroz con turba rubia y la de virutas de Salicáceas con turba. En realidad no existe el sustrato ideal. El mejor sustrato es el que se puede manejar con facilidad, es abundante y de bajo costo.
Las soluciones nutritivas se construyen con los fertilizantes normalmente utilizados para fertirriego,
totalmente hidrosolubles y que aporten a la planta todos los nutrientes que necesita.
El equipo de riego se compone básicamente de dos a seis tanques donde se disuelven los fertilizantes, un sistema de inyección de los mismos y una red de distribución al cultivo.
El nivel de complejidad con que se encare la producción dependerá de las posibilidades económicas de cada productor.
Es preciso aclarar que la adopción de esta forma de cultivo significa un salto cualitativo en quien
toma la decisión de llevarlo adelante pero, esta decisión significa que debe considerar las dificultades con que se va a encontrar, tanto técnicas como económicas. En el plano técnico se debe considerar el manejo de los sustratos, la construcción de la solución nutritiva y la conducción del cultivo adaptado a este sistema.
En el aspecto económico, la producción sin suelo no es una solución barata. Necesita de inversiones
que, aunque con costos variables, siempre son superiores a los valores medios calculados para los cultivos producidos en el suelo.
La posibilidad de acercarse a la producción de hortalizas a través de los cultivos fuera del suelos constituye una alternativa que puede utilizarse en determinadas circunstancias y para acceder es preciso contar con ciertas condiciones, tanto técnicas como económicas. Forzar situaciones en la adopción de tecnología llevan casi siempre, y con rapidez, al fracaso.
Más información: UEEA INTA Gran Buenos Aires, telefax: 02229-491066 /
E-mail: agranbuc@inta.gov.ar
Fuente: INTA