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Tomate: Ciclos cortos vs ciclos largos

La necesidad de rentabilidad de los cultivos exige a los productores la aplicación de prácticas culturales que ayuden a optimizar el uso de sus recursos.

La necesidad de aumentar la rentabilidad de los cultivos exige al productor poner a punto aquellas prácticas que ayudan a optimizar el uso de sus recursos. En este sentido, la obtención de cultivos prolongados de tomate, puede ser una alternativa válida para aumentar los rendimientos reduciendo el capital inicial invertido y aprovechar los picos de altos precios que se produzcan a lo largo de la cosecha.

Con el objetivo de evaluar los parámetros productivos de dos cultivares de tomate sometidos a dos ciclos de cultivo (corto versus prolongado) se realizó la siguiente experiencia en la Estación Experimental del INTA de San Pedro.

Se compararon dos alternativas de manejo:

- Ciclo corto: consistió en dos ciclos cortos sucesivos, uno temprano (agosto) y otro tardío (febrero).
- Ciclo prolongado: consistió en un ciclo de implantación temprana (agosto) continuado hasta julio del año siguiente.

Los plantines se produjeron en un invernadero metálico (10 x 25 metros) automatizado con mallas anti-insectos en las aberturas.

Los envases utilizados fueron bandejas de termoformado de 60 cm3, sobre un sustrato compuesto de 1 parte de turba, 3 de tierra más 1 kilogramo de superfosfato triple de calcio por cada metro cúbico de mezcla, esterilizado mediante vapor de agua. La malla anti-insectos usada fue un tejido con monofilamento de polietileno de 15 x 15 hilos/cm2.

Se plantearon dos ciclos de cultivo, uno corto a alta densidad y otro prolongado, con mayor distanciamiento entre plantas. Ambos se implantaron en agosto . Se utilizaron dos materiales genéticos, Bonanza (Takii), indeterminado de fruto redondo y pulpa consistente y Graziella (Zeraim Gedera), indeterminado.

En el segundo ciclo el cv. Graziela fue reemplazado por Maresma (Fitó) indeterminado de fruto globoso y firmeza estructural.

El ensayo se condujo en un invernadero metálico tipo túnel (8 x 50 metros, 21% ventilación lateral), con cobertura de polietileno triple capa. El marco de plantación fue de surcos dobles a 50 centímetros entre surcos, 1 metro de calle entre ellos y una distancia entre plantas de 0,5 metros, para el ciclo prolongado y de 0,35 metros para el ciclo corto.

Aplicaciones

La preparación del suelo se realizó en base de cincel y rastras de disco. Se agregó cama de pollo, como enmienda orgánica, el 28/05/98 a razón de 3 kg/m2, que fue incorporado con sucesivas pasadas de rotocultivador. En el momento del transplante se adicionó 10 gramos de superfosfato triple de calcio, por metro lineal de surco. A partir de los 59 días del transplante se suministró semanalmente fertilizantes solubles a través del riego por goteo, a base de nitrato de calcio, nitrato de potasio, triple 15 y sulfato de magnesio.

Una vez transplantadas, las plantas fueron sometidas a las prácticas comunes de manejo para el cultivo de tomate bajo cubierta; esto es conducción a un tallo, desbrotes semanales, tutorado con hilo de polipropileno a los 35 días del transplante, poda de hojas por debajo de los racimos cosechados y acostado una vez superada por las plantas la altura del alambre de donde cuelgan.

En el momento de 50 % de antesis, fueron asperjados los dos primeros racimos con ácido naftiglicólico a razón de 500 cm3/100 litros. También se realizaron aporques sucesivos y se cubrió el entresurco con una cubierta de plástico negro, de modo de prevenir la proliferación de malezas.

Desde el momento del transplante hasta el 1 de septiembre se taparon los surcos por la noche con un túnel de polietileno cristal de 50 micrones. La cosecha comenzó a 99 días del transplante y se realizó 2 veces por semana. Se evaluaron las causas de descarte y calibres de frutos comerciales en el 50 % de la producción. También se hicieron tratamientos fitosanitarios a lo largo del cultivo para el control, básicamente, de la polilla del tomate y Cladosporium fulvum.

En los dos cultivares sometidos al ensayo, el ciclo prolongado difirió estadísticamente del ciclo corto para el rendimiento total, aventajándolo en un 48%.

Esta diferencia se mantuvo a lo largo de todos los meses de cosecha, salvo en enero y en julio, lo que significó un mayor rendimiento comercial en todo el período.

Respecto de las causas de descarte, en el material Graziella (larga vida), se deben a problemas de escaso calibre a medida que se avanzó en el ciclo mientras que, en Bonanza híbrido de fruto de firmeza estructural, la causa principal fue el rasgado de frutos.

Según estos resultados, el cultivo prolongado permitiría optimizar el uso de los recursos al permitir la obtención de mayores rendimientos en una sola implantación, utilizando una menor cantidad de plantines y cantidades similares o menores de fertilizantes y agroquímicos que si se hicieran dos ciclos en ese tiempo. Además permitiría aprovechar la ventaja de implantar cultivos en momentos donde existe bajo riesgo de contraer enfermedades, como el virus de la "peste negra del tomate", de mayor incidencia en implantes tardíos de primavera y de verano.

Desventaja: el productor debe continuar con el desbrote del cultivo durante todo el ciclo, lo que le demandará más mano de obra, y también cuidar con mayor atención la sanidad del cultivo durante la cosecha. No deberá desatender los tiempos de carencia de fungicidas e insecticidas. En este sentido, la entrada en el mercado de productos con menores días de carencia entre aplicación y cosecha facilitará estos objetivos.

La altura del invernadero será importante en el momento de tomar decisiones ya que cuánto menor sea ésta más tiempo demandará el deshojado y el bajado de plantas.

Autor: Ing. Agr. Mariel Mitidieri
EEA San Pedro - INTA
Fuente: Suplemento Rural de La Gaceta – Tucumán
 

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