Es sabido por todos, no solo por los que estamos en el sector, sino por la población íntegra, las penurias que debimos
soportar, teniendo que circunscribirnos por decenas y decenas de años, casi cien, solamente a operar en el circuito Atlántico.
Ahora sí esa tragicómica película llamada aftosa, ha llegado a su fin. Trágica por las consecuencias económicas nefastas que nos trajo. Cómica porque la mejor carne del mundo hasta hace muy poco tenía espacios reducidos y jugaba en segunda división. Hoy no hay océanos ni espacios aéreos o terrestres que le impidan acceder.
Evidentemente el espectro ganadero
ha cambiado. Pero no por ello, al superar la cruel aftosa, tenemos que evitar caer en la más cruel, terrible y dura enfermedad que es la amnesia.
Por ello breve y someramente queremos recordar cómo llego la aftosa y los caminos que tuvimos que recorrer para vencerla.
En 1870 hace la aparición este terrible virus proveniente de Europa y este es el comienzo de nuestra desgracia.
Argentina participaba encabezando el ranking mundial exportando con creces más del 50% de la carne
vacuna, la realidad, vaya paradoja, nos hizo caer al 5% del total.
En el año 1930 Estados Unidos prohíbe la importación de la Argentina. Hoy, gracias a Dios, tiempo pasado; actualmente se está con una cuota de 20.000 toneladas de carnes frescas.
En 1968 Inglaterra impone la certificación previa a los embarques de los bovinos libres de la enfermedad.
Para superar todo esto hubo que poner mucho "esfuerzo", palabra clave en ganadería, pues acá se trabaja todos los días, aquellos que no
lo entienden no pueden entrar en éste negocio.
Volviendo al esfuerzo, en ésta ciclópea tarea participaron generaciones y generaciones de argentinos constituidos por profesionales, técnicos, empleados, los que junto a productores, con escepticismo para algunos, audacia y frustraciones para otros, pero con entrega, dedicación y coraje para todos, se llegó al éxito que hoy festejamos.
Por suerte ya pasará a ser anécdota para contarles a nuestros hijos y nietos los padecimientos sufridos.
¿Se acuerdan de nuestras pobres vacas con las llagas en la boca? Cuando les hacíamos tópicos con azul de metileno y sulfato de cobre, de sus pobres patas llagadas, con sus pezuñas dando lástima, y nosotros presurosos las llevábamos al pediluvio.
¿Se acuerdan de sus ubres cuando las teníamos que ordeñar?
De los novillos que teníamos gordos, listos para vender pero de golpe contraían la enfermedad y perdíamos kilos y kilos; y no los podíamos vender y quedaban maltrechos en el campo y
finalmente los vendíamos como conserva.
Para superar todo esto, como dijéramos anteriormente, hubo un sinnúmero de investigadores que aportaron lo suyo.
En 1946 el prestigioso veterinario e investigador, Dr. Francisco Conrado Rosembusch experimentó y aplicó el método de vacunación intradérmica, siguiéndolos otros como las vacunas de aplicación subcutánea elaboradas bajo distintas tecnologías pero de resultados insatisfactorios, hasta llegar al método creado por el investigador del INTA
Dr. Schloein Rivenson con la vacuna oleosa, arma definitoria para terminar con la enfermedad.
Como olvidarnos de la alianza para el progreso que en el 1960 crea C.A.N.E.F.A., el organismo autárquico que constituye la primer estructura del estado específica de contralor de la fiebre aftosa. Siguiendo por SELSA, hasta llegar al SENASA.
Todo sirvió, todo ayudó, por ello vaya el más sincero reconocimiento y agradecimiento a todos los actores protagónicos de esa tragicómica película que ha
finalizado, que no fueron otros que los productores en todos sus estamentos.
Esa película tuvo una dirección genial, comenzada por el Dr. Oscar Alejandro Bruni, con el plan Ayacucho allá por los años `80, y continuada con todo éxito y con políticas en mayúsculas por el Dr. Bernardo Gabriel Cané en los `90.
Dos personas de distinto tinte político pero con el mismo color de la producción que tuvieron la inteligencia de continuarlo y erradicar el virus, de ahí la mayúscula.
Usando el
mecanismo de las fundaciones para llevarlo a cabo y poniendo en práctica la prédica del actual diputado nacional Dr. Guillermo Alchourron, por entonces Presidente de la Sociedad Rural Argentina, que decía las vacas son de los productores, éstos se tienen que encargar de vacunarlas para terminar la aftosa.
Así se hizo y así se la venció.
El destino, sabio y justo, quiso que el Dr. Oscar Bruni, vuelva a conducir el SENASA, cuando esto llegó a su fin.
Por ello, junto a él, querríamos
que estén en París, celebrando el acontecimiento, Cané, Rosembusch, Rivenson y todos aquellos que sentimos y vivimos el paso y mugido de nuestras vacas.
El mundo nos espera, el tren pasa hoy, pongámonos al frente de esa locomotora y volvamos a ser el frigorífico del mundo.
Esto se podrá lograr si tenemos memoria; como hemos visto, mucho ha pasado, y solo haciendo las cosas como se debe en este presente distinto tendremos un futuro mejor.
Por:
Ing. Angel Girardi – Presidente de Aprocaboa
Dr. Cristian Fernando Bianchi - Vicepresidente de Aprocaboa