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La rentabilidad en empresas ganaderas del Chubut o "Añorando aquellos viejos buenos tiempos"

El mercado de la lana es sumamente variable, volátil, con grandes ciclos de baja y alza, lo que sume al ingreso en una gran inestabilidad. Y añadido a esto, el precio interno de la lana se ha ido deteriorando año tras año, incrementando la necesidad de aumentar la escala de venta para mantener el ingreso.

Puede parecer el título de una inolvidable obra de JAZZ pero hablar de rentabilidad es menos romántico. Rentabilidad significa cuanto le queda en el bolsillo al productor después de haber descontado todos los gastos que le origina la producción. Es un buen indicador que permite visualizar rápidamente la salud de una empresa. Analizando los casos de productores ganaderos del Sur de Chubut, vinculados a los proyectos de desarrollo del Programa Cambio Rural, se percibe claramente que las gestiones de 1997/98 difieren sustancialmente con las de 1999/2000. Desde el 97 a la fecha los ingresos estuvieron  comprometidos con la tendencia declinante del  precio de las lanas y la abrupta, y en cierta forma imprevista, de la carne.

En tres establecimientos tipo de la Cuenca del Senguer los ingresos se vieron disminuidos en todos los casos analizados, pasando de una renta ya baja del 4% a un nivel muy cercano a 0%. Esto se repitió en dos campos de José de San Martín, a pesar de haber incrementado la producción de carne en un 60 %, entre ovina y bovina.

Analicemos lo que sucedió en los mercados de los productos:

El mercado de la lana es sumamente variable, volátil, con grandes ciclos de baja y alza, lo que sume al ingreso en una gran inestabilidad. Y añadido a esto, el precio interno de la lana se ha ido deteriorando año a año, incrementando la necesidad de aumentar la escala de venta para mantener el ingreso.

Una relación usada comunmente en el sector se refiere a los kilos de lana necesarios para adquirir una pick up. En éste sentido la relación se ha visto deteriorada en más de un 60%. Mientras en 1983 eran necesarios 4.000 kilos de lana de 20 micrones y 50% de. rinde, para adquirir una F-100, hoy son necesarios 12.000.

Por las razones mencionadas, desde hace unos años los ganaderos se vieron impulsados a dirigir los esfuerzos productivos a la carne, como complemento de la actividad sustantiva o aún  en desmedro de la producción de lana. Pareció una alternativa válida para la reconversión de las empresas incrementar el porcentaje de madres en las majadas, incorporar cruzamientos con razas carniceras, y hasta, en los campos aptos para vacunos, impulsar esta actividad.

Pero el levantamiento de la barrera zoo-sanitaria del paralelo 42 en el año 97, sumada al decaimiento general de la economía y el consumo, alteraron dramáticamente las condiciones del mercado interno de Chubut, destino excluyente de toda la carne que se produce. Es necesario destacar que la carne vacuna "con hueso" producida en la zona libre de aftosa recibía un sobre precio respecto a la que entraba "deshuesada" del norte.

Los gráficos muestran con demasiada elocuencia Algunos datos sobre el comportamiento del precio de la lana en los últimos años: la carne vacuna disminuyó un 30%  comparando los precios de 1995 a los actuales (1999 y 2000); en carne ovina el derrumbe fue más notorio, arrastrada por el abaratamiento de su similar vacuna y la merma del consumo, disminuyendo un 40% comparando también 1995 con 1999 y 2000. Estas cifras surgen de seguimientos metódicos de precios, encuestas semanales mediante, realizadas por INTA en 1995, y CORFO (Corporación de Fomento del Chubut) en la actualidad.

Ante esta situación es necesario que las empresas se reestructuren y se inserten más convenientemente en el mercado, alcanzando costos competitivos. Se debe reconocer que durante años existió un mercado cerrado, estructurándose los costos en función del nivel de precios al que se accedía. Repentinamente, el cambio de escenario obliga a  competir con la Pampa Húmeda, con costos de producción de escalas inexistentes en Chubut, rendimientos por hectárea de 350 a 400 kilos de carne, con una logística de abastecimiento que ha crecido a la sombra de la exportación, por lo que cuentan con inteligencia de mercado, cadenas de frío y faena estandarizada. Por caso los productores de carne vacuna tienen en Chubut costos por kilo de carne que rondan a un peso. Ser competitivos significa tener costos menores. Esto obliga a eficientizara las empresas, producir más y vender mejor para poder seguir en el negocio.

Un camino

La estrategia debe diferenciarse enfáticamente por producto: en carnes vacunas, los chubutenses deben competir en precio,  esto significa eficientizar estructuras, aumentar escalas, incrementar productividad. En este sentido los Grupos de Cambio Rural del Senguer han comprometido esfuerzos, comprendiendo que la producción de carne vacuna debe pasar por disminuir su costo. Reservas de mallines, intersiembras, apotreramiento con eléctricos, son algunas de las prácticas que están dispuestos a adoptar los productores para producir más kilos a menor costo.

En cambio, en ovinos cuentan con importantes ventajas que permitirían posicionarse como productores de especialities: el fuerte del Chubut no está en el volumen, limitado por las condiciones naturales adversas, sino en la calidad, enmarcada y puesta en relieve por esas mismas condiciones.

Si se acepta la visión que, anclada en la  esperanza,  reafirma que el futuro es un tema a resolverse, se puede dar crédito al camino iniciado por los grupos que apuestan a "diferenciar" su producto como camino a mejorar su rentabilidad.

El Proyecto de Desarrollo Ganadero de la Cuenca del Senguer apunta sus baterías a la certificación de calidad y la denominación de origen de sus corderos, que pronto podrán ser adquiridos en Buenos Aires.

El Proyecto de Desarrollo Ganadero de Camarones sigue un camino semejante para posicionar sus lanas a través de un Programa de Mejoramiento Genético común y un Protocolo de Trabajo de sus Lanas que garantice el mantenimiento de las mejores cualidades del producto (Prolana Elite).

Esto es mucho más que un cambio tecnológico, implica un Cambio Cultural. Trabajar bajo estrictos controles de calidad siempre para conquistar y mantener mercados exigentes y dispuestos a pagar por lo mejor.

Autora: Lic. Fabiana Menedín - Programa Cambio Rural - EEA Chubut
Fuente: INTA
 

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