En estas ventas predominan con prácticamente un 55 % los tractores de doble tracción y las cosechadoras de granos de mediana capacidad; las de algodón se han minimizado. La potencia promedio vendida se ha ubicado en el rango 110-120 HP lo que confirma la preferencia del mercado en forma coherente con un incremento de la siembra directa. El
mercado ha sido abastecido para estos equipos por la producción nacional y mayoritariamente a través de importaciones que en un 80 % se originaron en el Mercosur.
Los resultados de demanda reflejan una fuerte disminución de escala de mercado proceso este que se inicia en 1998 y que acentuadamente se continúa hasta el presente; no obstante haberse mantenido importantes programas de inversión de fábricas de maquinaria y
componentes. La importancia de esta reducción se puede referenciar con niveles de demanda considerados normales no inferiores a los 7000 tractores/año y las 1500 cosechadoras/año para el mercado total de máquinas de origen nacional e importadas, teniendo en cuenta en la determinación de estos parámetros la mayor eficiencia de los equipos, el cambio de métodos de producción agrícola y la distinta estructura empresaria de explotación integrada por un menor número de productores.
Entre 1996 y el 2000 se vendieron estimativamente 20.900 tractores y 4867 cosechadoras de granos lo que indica en promedio un ingreso de 4180 tractores/año y 973 cosechadoras/anuales lo que informa para el quinquenio sobre el déficit de incorporaciones respecto a los valores mínimos de mercado antes comentados.
El Convenio Automotriz suscripto con el Brasil agregó al panorama sectorial un nuevo elemento
distorsivo en tanto se incluyó en forma inconsulta a los tractores, las cosechadoras y la maquinaria vial. Los aranceles compensatorios del orden del 9.8 % que resultarían de un intercambio desbalanceado se trasladarían a los precios de los equipos importados desde el Brasil y al mercado en general. Este convenio además, modifica las reglas establecidas para la producción y el comercio de los equipos dentro del Mercosur pactadas en Ouro Preto constituyendo un dudoso antecedente
de futuro sobre la estabilidad de los acuerdos.
El crédito financiero ha estado disponible tanto a través de bancos públicos y privados como también fue ofrecido por empresas. La línea del Banco de la Nación Argentina con un interés del 7 % anual es sin duda la mejor facilidad ofrecida sin embargo se ciñe a financiar equipos de fabricación nacional creando de hecho una discriminación según el origen nacional o importado del
bien incluido el Mercosur y una limitación a la decisión de compra del productor agropecuario. En la contratación de crédito para la compra de maquinaria autopropulsada la calificación bancaria del cliente ha sido un factor condicionante principalmente por el gravoso efecto del endeudamiento previo de un amplio sector de productores agropecuarios a lo que se agrega los altos niveles de morosidad del sector con el sistema bancario que aumenta las exigencias del prestamista.
Las operaciones financiadas a través del "leasing" que habían comenzado a ser significativas en 1997 y 1998 se redujeron a una menor expresión en los siguientes años no obstante las ventajas que se le atribuyen.
Evaluada la situación se desprende que los instrumentos de crédito y aún reintegros como el Decreto 257 han resultado insuficientes para estimular la necesaria inversión del sector agrícola en
maquinaria autopropulsada que es en general la de mayor precio relativo y como se ha demostrado en los últimos años. En este ámbito AFAT ha recomendado complementando las facilidades financieras utilizar ventajas impositivas otorgadas directamente al productor agropecuario para reestablecer mediante estos estímulos los adecuados niveles de inversión en estos bienes de capital de uso agrícola.
El nivel de bajas ventas significa una notoria reducción en la incorporación de maquinaria al agro,
afectándose los niveles de ampliación del parque y de reemplazo, y consecuentemente la eficiencia del parque existente que particularmente en tractores muestra una antigüedad creciente que supera a nivel nacional el promedio de los 17 años. Este indicador es menor en cosechadoras donde sin embargo se detecta una importante necesidad de reposición que algunos especialistas cuantifican en 1500 unidades/año. Estos datos deben interpretarse como un proceso de rezago tecnológico que
tiene influencia negativa en los niveles de productividad y consecuentemente en los costos de producción para flujos de exportación que deben lograr participación y competitividad en el mercado internacional en función de volumen, calidad y precio.
La crisis de rentabilidad prácticamente generalizada de la actividad agropecuaria en Argentina sumada a factores también desestimulantes de la economía global pueden ser tomadas como
causales de la fuerte retracción de demanda antes comentada. Esta crisis es sin duda real y grave sin embargo las críticas argumentaciones sobre la misma han contribuido indirectamente a incrementar el desánimo sectorial. La acción de respuesta de los entes públicos ha sido poco efectiva en estas materias y la crítica pesimista ha dominado la opinión sectorial agropecuaria.
El panorama para el 2001 presenta aún la incertidumbre generalizada que le es común a toda la
economía nacional fuertemente influenciada por el desfavorable desempeño ocurrido en el actual año. Paradójicamente el juicio de operadores e instituciones del exterior es optimista respecto al desempeño del sector por las ventajas comparativas del país y excelentes condiciones de sus productores en tanto en tanto se remuevan obstáculos de difícil justificación. Sin embargo se espera que los cambios y las nuevas medidas económicas que se implementen como el blindaje financiero
puedan restituir en el corto plazo el clima de confianza en el sector, y en la producción agropecuaria; a la situación se agregarían algunas mejorías esperadas de precios y de acceso al mercado internacional para nuestros productos; consecuentemente se podría modificar favorablemente la actual coyuntura y gradualmente la demanda de maquinaria agrícola en general.
Fuente: Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores (AFAT)