Lejos de las portadas de los diarios y casi en el anonimato, el ingeniero Enrique Lasgoity sigue apostando a un proyecto que junto a un grupo de seguidores viene desarrollando desde hace años: el biodiesel.
En San Lorenzo, ciudad distante a poco más de 20 Kilómetros de Rosario, provincia de Santa Fe, Lasgoity y su equipo testearon, hace varios meses atrás, el biodiesel a base de aceite de soja que elaboraron en una pequeña planta ubicada
en esa localidad. Desde el año pasado, y ante el éxito del proyecto, comenzaron la producción en una planta más grande ubicada en la ciudad de Esperanza (al norte de Santa Fe).
"El combustible sirve", asegura contundente el especialista y agrega que no solamente en maquinaria agropecuaria, sino que también en autos y camionetas que fueron sometidos a la prueba.
Según el ingeniero, "no se producen daños en los motores", y además, a diferencia del gasoil verde que propicia la Secretaría
de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación "no es contaminante porque no contiene azufre". Se trata de un combustible ecológico hecho a base de soja, que en la zona de la pampa húmeda es casi como decir a base de "agua".
Si las condiciones climáticas lo permiten, durante la campaña 2001, Argentina registrará un nuevo récord en la producción de soja. Según las estimaciones: 24,4 millones de toneladas. Sin embargo, como consecuencia de la sobreoferta internacional (Brasil también tendrá
record de cosecha este año) los precios de colocación de los granos seguirán bajando. En este marco, la elaboración de un nuevo combustible con este grano se convertiría en una alternativa más que interesante para los agricultores.
El biodiesel que desde hace ya un tiempo el grupo de Lasgoity produce con éxito y que ya ha superado la etapa experimental, posee grandes ventajas para el productor agropecuario, en particular, en lo que a costos se refiere. Su precio rondaría los 30 centavos
contra los 59 centavos que hoy debe pagar el hombre de campo por el gasoil.
El dato no es menor, la actividad agropecuaria consume más de 4.500 millones de litros de este combustible, cuyo costo elevado constituye un elemento decisivo a la hora de hablar de la "crisis de rentabilidad en el campo".
Si bien la producción del combustible se hace en base a aceite de soja, este no es el único producto que puede ser usado para tal fin. "En Europa se utiliza mucho la colza y otras oleaginosas,
también los aceites de cocina usados y las grasa animales". Lasgoity comentó que podría ser interesante el diseño de una red de recolectores de aceite usado en restaurants, cocinas de hoteles, etc (cuyo desecho constituye un problema para los sistemas de desagüe de las grandes ciudades) a fin de elaborar biodiesel con ello. En otros lugares del globo ya se puso en práctica la producción de este combustible que tiene una simpática característica: "cuando se enciende el motor sale un terrible
olor a papas fritas".
La propuesta fue elevada a las autoridades de la ciudad de Rosario pero todavía no hay una respuesta oficial sobre el tema porque "se sigue estudiando".
Sabido es que los tiempos de los organismos públicos no son los mismos que los de los empresarios privados. Con su proyecto bajo el brazo Lasgoity ya recorrió reparticiones provinciales y nacionales. En todas ellas se le exigió una importante cantidad de pruebas que su producto ha superado con éxito pero nadie habla
de un "subsidio" o un "aporte" que contribuya a desarrollar la producción a gran escala.
Tras la reciente decisión del Gobierno de no aplicar al biodiesel el impuesto a la transferencia de combustible (ITC), Lasgoity tiene una gran preocupación menos. No obstante, el apoyo del Estado en emprendimientos de esta índole sería más que provechoso para quienes apuestan a ideas creativas e innovadoras.
El objetivo del grupo es constituir pequeñas cooperativas que recepcionen los granos de su
zona. Los productores destinarían una parte de su producción a la elaboración del combustible en las plantas, las que les entregarían el biodiesel para su uso particular sin mayores costos
Valor agregado para la soja
Desde el área portuaria rosarina, en la que está incluida San Lorenzo, se exportan gran parte de los volúmenes de oleaginosas que se colocan en el exterior. A la vera del Paraná una importante cantidad de aceiteras se erigen a la espera de los camiones que
en fechas pico colman las rutas de acceso a la zona para depositar sus cargas. "Qué es mejor para el país", pregunta Lasgoity a modo de acertijo "diez barcos chinos anclados en el puerto o diez aceiteras". Sin respirar se responde a sí mismo "las aceiteras, dan valor agregado y puestos de trabajo. El barco mañana puede no estar porque consigue mejor precio en otro lado, pero la aceitera sigue allí", sostiene.
Para Lasgoity, la producción de biodiesel a partir de la soja será sumamente
beneficiosa, entre otras razones, porque permitirá regular el precio de la oleaginosa en el mercado local y contribuiría a beneficiar a los productores. Al no depender exclusivamente de la plaza internacional para colocar el producto, los precios podrán ser un poco más estables y los productores tendrán una alternativa rentable para sus cosechas.
Desde este punto de vista las declaraciones efectuadas días atrás ante los medios por la de la secretaria de Energía Débora Giorgi pueden sonar
alentadoras. La funcionaria sostuvo que el biodiesel "favorece el precio del mercado doméstico de las oleaginosas, al absorber un volumen adicional a la demanda interna, que se deduce del saldo exportable".
Una ecuación perfecta
A la hora de enumerar los beneficios, el entusiasmo de quienes escuchan la idea crece. Menor costo para el productor, menor contaminación, nuevas alternativas para la colocación de la producción granaria, y creación de nuevas fuentes de trabajo
son algunos de los factores ventajosos que presentaría el biodiesel.
Sin embargo, no es difícil imaginar que la industria petrolera no se quedará de brazos cruzados. El campo consume alrededor del 50% del total del gasoil que se emplea en Argentina, y no se debe perder de vista que nuestro país tiene, en relación a otras naciones, altos volúmenes de utilización de este combustible.
Además, si se imitara la actitud de varios gobiernos de ciudades europeas -que ya determinaron que sus
transportes públicos deben usar combustibles ecológicos no contaminantes-, serían varios los motivos que podrían llegar a preocupar a los ejecutivos de las petroleras.
Ante una realidad que a veces puede resultar adversa todavía hay quienes apuestan por novedosas alternativas, agudizan el ingenio y apuestan por un futuro mejor.
E-campo.com